Hoy te salvaste

Género
Crónica

Por Sara Arango

1
Sus ojos, como perdidos, miran por última vez a través de la ventana antes de cerrar sus cortinas y la puerta, pone el seguro y aparta la mirada. Revisa la hora en su celular: once de la noche, ocho de marzo de 2020, suspira, se recuesta sobre el suelo y deja caer las manos a sus costados. Sus dedos golpean el suelo al ritmo de la canción que sale de su celular, tiene una hora más para escuchar, así que se deja llevar por la voz de Vivir Quintana mientras interpreta Canción sin miedo.

“(…) Que tiemblen los jueces y los judiciales, hoy a las mujeres nos quitan la calma, nos sembraron miedo, nos crecieron alas (…)”

2
Tocan la puerta de su casa, se acerca a la ventana pero no alcanza a ver quién es, va por una silla para subirse en ella y tener una mejor vista. Se sube y ve a un hombre adulto, aparenta unos cuarenta años. Se esconde detrás de la cortina y recuerda las palabras de su madre: “Sara, no abras la puerta a los extraños”, baja un pie de la silla y antes de cerrar la cortina el hombre la ve y se acerca al cristal, da dos toques y espera a que ella lo mire y abra la cortina de nuevo para hablar.

-Hola, ¿te acuerdas de mí?

Ella lo mira más de cerca, ve sus ojos hundidos, rodeados de círculos negros y algunas arrugas; lo ve aún más de cerca y nota los labios secos y la sonrisa torcida, los dientes amarillos y el lunar de su barbilla. Ella lo observa más de cerca y le tiemblan las manos, no sabe por qué, quiere cerrar la cortina, no sabe por qué, quiere que él se vaya, no sabe por qué.

-Sí te ha dicho tu mami que es de mala educación no contestar, ¿verdad?
-Sí, pero es que a usted no lo conozco.
-Pero si yo conozco a tu mamá y a tu abuelita.
-¿Conoce a mi abue Vicky? -Abre la ventana para poder escucharlo mejor-.
-Claro que sí, ¿está tu mami?.
-No, está en el trabajo y mi abue está en el tianguis.
-Ah sí, yo vengo de allá, acabo de ver a tu abuelita y me dijo que la esperara aquí, ¿me dejas pasar para esperarla?

3
Revisa su celular una vez más: ocho de marzo de 2020, han pasado sólo dos minutos desde la última vez que vio la hora, tiene algunos mensajes sin responder, piensa si debería contestarlos o no. Las fotos de sus amigas en Facebook poco a poco se pintan de blanco y negro, poco a poco se desconectan y desaparece el punto verde al lado de sus nombres en Messenger; decide ignorar los mensajes, suspira y sigue escuchando la canción.

“(…)A cada minuto de cada semana nos roban amigas, nos matan hermanas, destrozan sus cuerpos, los desaparecen, no olvide sus nombres por favor, señor Presidente (…)”

4
-Es que yo no lo conozco -Le tiemblan más las manos y quiere cerrar la ventana-.
-Pero si yo te conozco desde que estabas bien chiquita, ¿cómo era tu nombre? Era…
-Sara, me llamo Sara.
-¡Sarita! ¡Sí es cierto! ¿Ya cuántos años tienes?
-Tengo siete años, ya casi cumplo ocho.
-Ya estás bien grande, cada vez más bonita.

El hombre insiste, ella se niega, él insiste, ella le teme, ella quiere cerrar la ventana, él se apoya en el marco de la ventana, él insiste y Sara teme. La voz de él es amigable, pero sus ojos parecen cada vez más desorbitados, él sonríe y ella nota que le falta un diente, se distrae un momento y él toma el marco de la ventana con su mano y acerca más su cabeza hacia ella.

-Entonces, ¿me dejas pasar? Nada más voy a esperar a tu abuelita en el patio.
-Es que me van a regañar.
-Le voy a decir a tu abuelita cuando llegue que no me dejaste entrar.
Piensa en que su mamá se va a molestar con ella por abrirle la puerta a un extraño, pero también piensa que se va a enojar por ser irrespetuosa con un mayor, así que cuando él insiste de nuevo ella cede.

5
La habitación blanca se queda a oscuras cuando la luminaria de la casa de enfrente se apaga, piensa en encender su propia lámpara, pero recuerda que el foco se fundió el día anterior, así que abandona la idea. Se levanta del suelo y se sienta con la espalda recargada contra el muro de su habitación, escucha a través del muro las bocinas de los autos que transitan por la calle, escucha la plática de un par de vecinos sentados en la banqueta, escucha el aullido de los perros de la casa de enfrente, escucha la música de su celular y escucha su respiración.

Esta vez no revisa su celular, sabe que sigue siendo ocho de marzo de 2020, no quiere ver la hora, la canción sigue sonando.

“(…) Soy Claudia, soy Esther y soy Teresa, soy Ingrid, soy Fabiola y soy Valeria. Soy la niña que subiste por la fuerza, soy la madre que ahora llora por sus muertas (…)”

6
El hombre sonríe y le agradece, Sara baja de la silla, la pone en su lugar, tiembla y apretando las mangas de su suéter contra sus manos se acerca a él y le dice que la espere en la entrada, que va a abrir la puerta.

Ella reconoce el sonido metálico del carro que usa su abuela para hacer compras en el tianguis, sonríe y suelta la tela de su suéter que hasta ahora había apretado entre sus manos. Se acerca a la ventana, asoma un poco la cabeza y confirma que su abuela ha terminado con las compras y se aproxima a su casa.

-¡Mire! Ya viene mi abue, mejor ahorita que ella le abra la puerta.

La mirada del hombre va de la mujer con el carrito a la niña varias veces, deja de sonreír y se acerca rápidamente a la ventana.

-Hoy te salvaste, Sarita.

El hombre corre lejos de la casa antes de que la mujer mayor se percate de su presencia y ella respira profundo y se relaja, no sabe por qué. Su abuela entra a la casa, Sara le pregunta por el hombre al que vio en el tianguis, pero la mujer mayor no sabe de qué está hablando, entonces ella siente miedo otra vez, no sabe por qué.

7
Faltan algunos minutos para que el reloj marque las doce de la noche y el calendario cambie a nueve de marzo de 2020. Sara revisa su celular otra vez, recibe algunos mensajes, pero los ignora, cierra sesión en sus redes sociales, desactiva la señal de internet de sus aparatos y se dispone a desaparecer el día entero. Agradece que aquel día en el que tenía siete años, casi ocho, ella se salvó, mientras el reloj marca las doce, la canción sigue sonando.

“(…) Cantamos sin miedo, pedimos justicia, gritamos por cada desaparecida, que resuene fuerte ¡Nos queremos vivas! Que caiga con fuerza el feminicida”.

Sara Arango

Estudiante de Ciencias de la Comunicación en la UNAM. Aficionada de los rompecabezas, el pan dulce y el color negro. Sus intereses de investigación son comunicación y educación, cultura audiovisual con enfoque de género y medios de comunicación públicos. Entre sus pasatiempos están fotografiar a sus mascotas y ver dibujos animados.

2 comentarios en “Hoy te salvaste

  1. Excelente relato que narra todos los sentimientos que se experimentan cuando se vive una situación así.
    Pensar que diario hay miles de niños están expuestos a estos peligros cuando sus papás salen a trabajar y ellos se quedan solos.

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