Machismo, ¿en cuarentena?

Género
Reflexión

Por Elisa Suárez

Ya me cansé de ver las paredes. Ya me cansé del techo, blanco e interminable. Cada día parece que las paredes se acercan más entre ellas y que la distancia entre el suelo y el techo se ha hecho más corta. Creo que ya no quieren que siga aquí, porque hora tras hora siento que me miran, me hablan, me arrinconan. Tal vez odio tanto el techo porque no me protege de los ruidos de arriba.

¿Por qué me tocaron vecinos tan ruidosos? En las noches escucho sus pasos, sus voces, su música. ¿Qué ya nadie duerme? ¿Hemos perdido ya el sentido del tiempo como lo conocíamos? Tal vez. Solo sé que un día me despierto y riego mi pequeño rosal; al otro ya no. Y se repite. Para mí ahora todos los días parecen lunes.

Antes el departamento de arriba estaba vacío, pero aún si era una noche silenciosa, escuchaba cómo caía lo que yo pienso que era una canica o una moneda. Rebotaba tres veces y rodaba por todo el suelo. Al inicio me daba miedo, después me acostumbre al ruido. Hasta guardaba silencio para oírlo.

Ahora los sonidos del departamento de arriba son distintos. Tengo nuevos vecinos. Llegaron hace unos meses. La madre es muy joven, tiene dos hijos. No tiene esposo, pero tiene un novio que a veces veo por aquí.

Mientras escribo, el ruido que ellos hacen me mantiene en la realidad. Está bien, el techo no me protege del ruido, pero sé que si algo se les cae a los de arriba, no caerá sobre mí. A fin de cuentas, lo que pasa arriba, se queda arriba, ¿no es así? Como esa vez que escuché a mi vecina hablar entre sollozos. Era un llanto muy triste, muy profundo. Muy alarmante… Al llanto le siguieron los golpes. Esos sí que me dieron miedo.

¿Subiré? No, es peligroso. ¿Hablo a la policía? Sí, mejor. Marqué al 911, pero no tuve respuesta. Qué jodido. Tal vez si espero un poco la tormenta pase. Eso es lo que dicen, ¿no? Llamémosle suerte, pero después de los 15 minutos más eternos de mi vida, el llanto cesó. Los golpes también.

Durmiendo con el enemigo, se dice. Cuanta razón hay en eso.

No pude conciliar el sueño. El llanto de mi vecina me hacía pensar. El ruido realmente ya no estaba ahí, pero se quedó en mi cabeza como una cinta condenada a repetirse para siempre. A menos que algo cambie.

Pensé no solo en el sonido de su llanto, sino también en el silencio que le siguió. Nadie dijo nada, nadie nunca dice nada. Estoy harta del llanto, pero también del silencio.

“El «quédate en casa» es una frase terrorífica para muchas mujeres”. Según ONUMUJERES, en México aumentaron las llamadas por violencia de género en un 60% desde que la población fue llamada a permanecer en casa. Tenemos al Presidente de la República diciendo que el 90% de las llamadas son falsas. #niUnaMás.

Elisa Suárez

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