Retazos

Audiovisual

Por Sara Arango

Recortar papel —revistas y libros específicamente— no solía ser un problema para mí, puedo decir con orgullo que era de las mejores en mis clases de preescolar. Con el tiempo aprendí a leer, y las palabras comenzaron a ser más importantes que las imágenes; quise recortarlas de entre las páginas de mis libros y se me enseñó que era una falta de respeto al papel, que debía dejarlas donde estaban y saber apreciarlas en conjunto.

Algo parecido pasó con las imágenes, lo visual me resultaba bello, pero ajeno, y sentía que por cuanto mi interés eran las palabras no tenía derecho de jugar con fotos y dibujos, mucho menos debía atreverme a arrancarlas del papel en el que habían sido plantadas.

Hace algunas semanas mientras hacía una lectura, encontré una frase a la mitad de la página que me molestó. Me molestó tanto que consideré cerrar el libro y abandonarlo en alguna parte del librero para nunca volver a verlo, entonces pensé que sería una falta de respeto para el resto de las palabras que aún no leía, y volví a abrirlo.

Intenté leer con calma, pero aquella frase seguía molestándome como lo hace una pequeña piedra en el zapato, una de esas que no importa cuánto intentes moverla con un dedo del pie siempre vuelve a acomodarse en el lugar más incómodo.

Y decidí que haría lo mismo que haría con la piedra: debía sacarla. Así que busqué mis tijeras, abrí el libro en aquella página y ubiqué la frase, lenta y cuidadosamente la rodeé como hace un predador con su presa y finalmente me encargué de quitarla para siempre de allí, ya que estaba fuera pude ver que no era tan mala, quizá sólo no estaba en el lugar correcto.

Tarde me dí cuenta de que, claro, también había sacado palabras del reverso de la página, pero poco me importó porque aquél día fue como tener una epifanía. Le dí un nuevo y más importante lugar en mi escritorio a las tijeras y a partir de ése momento me reconcilié con el arte de hacer retazos.

Ya sea para sacar algo que no me gusta, ya sea para rescatar aquello que considero es lo único que vale la pena, o ya sea para combinar aquello que creo firmemente está destinado a estar junto a pesar de haber germinado en páginas diferentes. Hacer retazos es para mí una forma de liberarme y de saber que no estoy obligada a dejar las cosas como están si es que no me gustan, que puedo tomar mis tijeras y modificarlo.

Muchas veces encuentro que mi creación final no es tan buena como pensaba, pero prefiero eso a la pasividad de dejar las cosas como estaban. Además en los retazos, como en la vida, es cuestión de práctica.

Sara Arango

Estudiante de Ciencias de la Comunicación en la UNAM. Aficionada de los rompecabezas, el pan dulce y el color negro. Sus intereses de investigación son comunicación y educación, cultura audiovisual con enfoque de género y medios de comunicación públicos. Entre sus pasatiempos están fotografiar a sus mascotas y ver dibujos animados.

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