En una ciudad como la mía…

Reflexiones
Género

Por Daniela Ramírez

Les contaré lo que sucede en una ciudad como la mía. No sólo es mi historia, sino la de muchas mujeres que viven en mi ciudad. 

Tiempo atrás, me encontré con una mujer de aproximadamente 34 años de edad, quien se enteró que sería mamá por segunda ocasión. Ella imaginaba que esta vez podría dar a luz a un niño, ya que su primogénita era una niña de cinco años. Deseó que su bebé fuera un niño, pues las niñas sufrían mucho, así como ella y su hija, como sus hermanas, su mamá, sus primas, amigas y todas las mujeres que viven en una ciudad como la mía.

Al cabo de 9 meses nació una niña, su mamá la quería como a nadie. Cuando la niña estaba por cumplir 20 años, tuvo una relación, no fue tan buena. Pero creía que el hombre con quien estaba era el amor de su vida y con quien sería feliz por mucho tiempo. Sus amigas y familiares la juzgaban por continuar en esa relación, pues su pareja la trataba mal e incluso la golpeaba. Pero nadie se detuvo a pensar las razones por las cuales ella normalizó estar en una relación así.

A lo largo de su vida escuchó, vió y vivió tantas cosas que la llevaron a tener una relación como en la que se encontraba. Con el paso de los años, veía en las películas que el hombre que ama a una mujer y quien la hará feliz, es violento, es quien se pelea con otros a golpes por ella, el de una situación familiar inestable y a quien debe salvar, pues ese es su deber como mujer: ayudar a los hombres adictos, con problemas de ira. Si la mujer ama al hombre lo suficiente, se quedará a su lado, pues de eso se trata el amor.

Cuando entró a la primaria, era bien sabido que debajo de la falda escolar las chicas debían traer short, porque los hombres comúnmente se ponían debajo de las escaleras para ver por debajo de las faldas o se empujaban entre ellos para tocar “por accidente” sus senos. Aquello era normal y las alumnas no podían decir nada, puesto que en su casa las habían enseñado a que calladitas se veían más bonitas.

En la secundaria, los hombres descubrieron la pornografia, la masturbacion y por lo tanto ya no bastaba que “por accidente” les tocaran los senos a cualquiera de sus compañeras de clase. Los “accidentes” se convirtieron en listas donde calificaban a las mujeres y las criticaban por su pelo, su cara, sus piernas. Ahora hacían “toqueteos inocentes” por todo su cuerpo. Pero no podía decir nada, que tal y se enojaban con ella. 

Ella había observado que su mamá y tías callaban ante un hombre, a ellos hay que cuidarles el humor y atenderlos. Una mujer tiene que cuidarlos y procurar sus necesidades básicas, ellos no pueden hacerlo por sí mismos,  sus actividades son trabajar, descansar y tener vida social. Calló una vez más.

Llegó a la preparatoria, donde conoció al hombre que al cabo de unos años terminó quitándole la vida. Al principio todo era hermoso, ella estaba enamoradísima y él parecía también estarlo o al menos eso era lo que ella creía. Era muy buena en matemáticas, participaba en certámenes que se organizaban en la prepa. Cuando comenzó su relación, el chico se enojaba porque ganaba los certámenes. Ella no entendía la razón de su molestia. En su casa había escuchado que las mujeres sólo podían ser amas de casa y madres, está en su genética. Los hombres son los inteligentes, los que trabajan, los que ocupan cargos altos. Ella no podría aspirar a eso, soñaba con ello y muchas más cosas. Una vez más, calló.

Llegó al punto en que él le prohibió las salidas, no podía tener redes sociales. Según él, su familia solo quería verlos separados e infelices, al igual que sus amigos y toda la gente a la que ella quería. 

Uno de los peores días de su vida fue en un viaje a Cuernavaca con él y sus amigos. Mientras tenían relaciones sexuales, él le propuso hacer cosas que ella no quería, entonces la inmovilizó y le pegó. Ella le gritó que haría lo que él dijera, a lo que él contestó que era una zorra, seguido de una lista de insultos. Ella pensó en hablar con alguna de sus amigas, pero para entonces ya no tenía. Todos se habían alejado, pensaba que había sido su culpa. Tenía 19 años, usaba lencería y estaba sola con él. Calló.

Lo que pasó en ese viaje a Cuernavaca se repitió con frecuencia. Cada que tenían intimidad era sólo porque él quería y como él quería. A ella más le valía no poner ningún pero. Él le decía que quería tener hijos lo más rápido posible, por esa razón no le permitía usar ningún método anticonceptivo.

La gota que derramó el vaso fue cuando ella descubrió que estaba embarazada, apenas tenía 19 años. No quería ser mamá, así que decidió abortar a escondidas de su novio. Lo iba hacer en su casa con unas pastillas que conoció por internet. Lo haría antes de que él regresara, pero llegó antes y descubrió lo que ella intentaba hacer. Lo que recuerda después de eso, es su cara ensangrentada, no dejaba de gritar que parara, que la perdonara, que lo amaba, mientras él arriba de ella la tomaba del cuello con fuerza. 

Murió sola, sin amigos ni familia, por un hombre que decía amarla y protegerla. Por alguien que representaba todo lo que había vivido, oído y visto desde pequeña. Sabía que tal vez, en otro lado se encontraría con todas las mujeres que habían sido asesinadas por su pareja o su expareja, por sus padres, por algún amigo, por su abuelo o su tío. Quizá se encontraría con mujeres víctimas de violaciones que se convirtieron en secreto familiar, con quienes intentaron dejar a sus novios violentos. Con mujeres como ella, que habían soñado y aspirado a algo mejor. Como quienes han vivido en una ciudad como la mía.

Lo cuento yo, porque las 11 mujeres que mueren a diario en México ya no pueden.

Daniela Ramírez

Estudiante de Derecho en la UNAM. Decidí estudiar Derecho por una plática de feminicidios en la prepa, gracias a esto empecé a leer sobre feminismo y me cambió la vida, espero que con mi carrera pueda ayudar a algunas mujeres. Uno de mis sueños es ser abogada penalista ayudando en casos de género.

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