La coleccionista: seducción a fuego lento

Cultura
Cine

Por Abril Peña

Una casa rodeada de árboles cercana a las aguas cristalinas y calmas de la Riviera Francesa envuelta en un calor estival es el escenario para que la voluptuosidad aflore en La coleccionista.

La collectionneuse (1967), por su título original en francés, nos relata principalmente las interacciones entre dos personajes: Adrien (Patrick Bauchau) y Haydée (Haydée Politoff). Él es un joven que junto con su amigo Daniel (Daniel Pommereulle) va de vacaciones a la costa sur de Francia a la quinta de un tercer amigo (que nunca aparece a cámara), donde también está como invitada Haydée. Al inicio, a Adrien le parece molesta la presencia de ésta última por la vida escandalosa que lleva debido a que él solo va en busca de unas vacaciones pacíficas.

Haydée es una chica que al principio de su estadía en la casa se hace con la compañía de un hombre, pero después de que tanto Daniel como Adrien muestran su molestia porque no los dejan descansar a gusto, ésta se limita a salidas nocturnas, en compañía de varones distintos, y a regresar por la mañana. Adrien la invita a llevar una vida más moderada con una rutina apacible como levantarse temprano para nadar en el mar al calor de los primeros rayos de la mañana. Ella acepta, así que se queda con ellos en la villa a descansar, por lo que comienzan a convivir más. Adrien tiene la impresión de que Haydée intenta seducirlo para agregarlo a su colección de hombres, a lo que se siente indispuesto, pero al mismo tiempo atraído por el misterio que ella desprende.

Este filme está dirigido por Éric Rohmer, integrante de la famosa Nouvelle Vague. En 1967 ganó el Gran Premio del Jurado y el Premio de Mejor película para Público Joven en el Festival Internacional de Cine de Berlín. Las primeras preseas del director en dicho certamen, a las que sumarán otras en años posteriores.

Esta es el tercer filme de una serie cinematográfica del director llamada Seis cuentos morales, caracterizada principalmente por tener a hombres protagonistas en conflictos afectivos/sexuales con mujeres. Sobresale el hecho de que, por lo menos en las primeras tres entregas, los varones tienen actitudes desconsideradas hacia ellas, incluso se les podría catalogar de crueles.

Rohmer se vale de muchos primeros planos y planos a detalle para destacar las expresiones de los personajes como sus sonrisas y miradas cautivadoras. En los cuales realza mucho la figura de la protagonista: muslos, abdomen, corvas, hombros. También las mínimas interacciones físicas entre los cuerpos de Haydée y Adrien son captadas con meticulosidad, lo que agrega una carga sexual importante.

Durante toda la película Adrien cree que Haydée urde un plan para seducirlo y la forma en que Rohmer entreteje una delicada, pero perceptible tensión sexual entre ambos es de los aspectos más disfrutables.

Así como en otras cintas del director, está llena de diálogos, lo que le permite que haya una diversidad de temáticas. En un momento los personajes pueden estar hablando acerca de la belleza, de la facultad de pensar, del trabajo o del arte. Tal vez esto a algunas personas les parezca plúmbeo, pero este tipo de conversaciones al azar enriquecen el filme. Esta cualidad hace que las escenas estén llenas de contiendas verbales entre los protagonistas. Recuerda a las pláticas que mantiene Elizabeth Bennet con el Sr. Darcy en Orgullo y Prejuicio, donde siempre resplandece la inteligencia.

Sin embargo, hay escenas con diálogos algo groseros por parte de los personajes masculinos, que esperaría fueran aposta porque una de las características más encomiables de Haydée es su total indiferencia a estos comentarios. Hay una línea donde ella le dice a Adrien: “Lo que es seguro es que no voy a seguir tu moral”. Ella sabe quién es y la forma en la que conduce su vida. Demuestra ser más prudente porque no se enrosca en discusiones con ellos acerca de su personalidad o en dar explicaciones sobre sus acciones, simplemente ignora todo el ruido que le producen.

El vestuario es sobrio. Pantalones, camisas y vestidos casuales en colores sólidos: rojo, azul, negro, verde, blanco, amarillo; que les ajustan a la perfección. Además, ambos actores masculinos tienen escenas donde portan prendas y accesorios comúnmente asociados al género femenino como una bata de baño blanca con estampado floral, otra amarilla parecida al satín, telas vaporosas o el anillo con perla de Adrien. Se suma también el garbo de cada uno de los actores, la ligereza con que caminan, cómo se acomodan en los canapés. Una puesta en escena a detalle.

Haydée usa varios bikinis que acentúan su pecho plano y que, aunque su belleza sigue los cánones hegemónicos occidentales por su cara bonita, nariz recta y vientre plano, es grato que realcen este tipo de atributos que contradicen el ideal masculino de una mujer con pechos grandes.

Rohmer, además de deleitarnos con una atmósfera cargada de seducción, también sorprende por el arrebato que conduce a sus protagonistas a un inesperado desenlace, donde la lógica de nuestro pensamiento no siempre concuerda con la serie de eventos que se muestran en pantalla. Un distintivo de cada uno de sus Seis cuentos morales.

Abril Peña

Estudia Ciencias de la Comunicación en la UNAM. La plasticidad del lenguaje le maravilla e intimida al mismo tiempo. Si pudiera, aprendería todas las lenguas del mundo. Le interesan los temas de cine, género y semiología. Extraña las noches de sushi 2×1, ama las películas con muchos diálogos y se convierte en la más fan de las fans con cualquier cosa que la cautive.

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