Narrando la empatía

Género
Ensayo
Créditos de la foto: Patrick Tomasso

Por Diana Rivas Ahuatzin

¿Cuál es la importancia del lenguaje como una forma de manifestar la inconformidad y la realidad de un problema tan serio del que no somos ajenos como es el feminicidio? ¿Por qué a través de las palabras escritas permanece el recuerdo? ¿Qué es lo que como seres humanos nos hace sentir empatía? ¿Cómo es que logramos sentirnos parte del problema?

Escuchar que el cuerpo de una mujer fue encontrado en un lote baldío, en una casa abandonada, en la calle o en aguas residuales; envuelto en una bolsa o completamente expuesto a la intemperie, frío, mutilado, con marcas de violencia física, sin color en la piel y con una expresión perdida en el vacío, nunca causará el mismo impacto que cuando se interioriza en la vida de la víctima por medio de la lectura.

Leer y conocer su nombre, su edad, su vida diaria, cómo le gustaba pasar su tiempo libre, qué películas le gustaba ver, qué tipo de música prefería escuchar, qué quería estudiar, sus aspiraciones en la vida (ser doctora, abogada, maestra, etcétera y, ¿por qué no? también ser madre), la relación que tenía con su familia y la forma en la que salía adelante para darle un mejor futuro; aquella pequeña niña risueña con muchos sueños y metas. Todo ello permite al lector acercarse a la familia de la víctima y ser parte del fenómeno.

Como menciona Lydia Cacho en el prólogo del libro Las muertas del Estado. Feminicidios durante la administración mexiquense de Enrique Peña Nieto, escrito por Humberto Padgett y Eduardo Loza:

Tan conocida es la tragedia de miles de asesinadas en México, que casi nadie repara en la gravedad que lleva a nuestro país el que cientos de familias no sepan durante meses o incluso años si los cuerpos que están en el SEMEFO pertenezcan a sus hijas, por eso la importancia de hablar de la vida de las víctimas y no simplemente verlas como un número más (Cacho, 2014: 16).

Enrique Díaz Álvarez aseguró lo siguiente en la Cátedra Nelson Mandela: El arte contra la violencia: “Partimos de la idea de que el arte importa, el arte impacta, el arte puede incidir en la vida pública del país. Y lo que hacemos es rastrear ciertas narrativas en literatura, ciertas imágenes en fotografía y en cine, o ciertas prácticas artísticas como el performance, que permiten visibilizar problemas y combatir la violencia” (Amador, 2018).

Junto a esta opinión está la de Jorge Volpi, emitida en la misma jornada, donde expresó que las cifras que se mencionan en cuanto a muertes y desapariciones en el país son frías y muchas veces no generan esa empatía que tanto le hace falta a la sociedad, por lo que se necesitan historias que acerquen al lector a la vida de las víctimas.

El trabajo de distintas escritoras y escritores, periodistas y ensayistas como Lydiette Carrión con su libro La fosa del agua, Humberto Padgett y Eduardo Loza con Las muertas del Estado, Jorge Volpi con su novela Las elegidas (escrita en versos), Héctor de Mauleón con su columna “Sé dónde está mi hija. Hay una tumba con su nombre”, entre muchos otros, es un claro ejemplo de la importancia y el impacto de la palabra escrita, pues mediante ésta, se comprende que una mujer no es solamente un cuerpo más, logrando así que los lectores interpreten la gravedad del problema y formen ese lazo de empatía tan necesario en la sociedad mexicana.

Pero, ¿cómo pueden los lectores sentirse parte de ello a través de la lectura? Una forma sería mediante el carácter ostensible1 del texto. Cuando no nos encontramos situados en el tiempo y el espacio de determinado suceso, este carácter, mediante ciertas particularidades que surgieron durante el acontecimiento (y que gracias a la escritura permanecen), permite que el lector se involucre aproximándose a lo que pasó, así no necesita estar ahí y vivir en carne propia lo sucedido.

También, el lector se involucra cuando el escritor termina su obra. El texto ahora le pertenece a la persona que lo adquiere y es éste quien, al leerlo, le atribuye un significado y valor propio, con lo que le transmite y lo que puede llegar a escuchar o ver sobre la problemática planteada. Así, de esta manera, la interiorización del problema surge mediante la lectura y por lo tanto, el lector no es ajeno al fenómeno que atenta contra la vida de las mujeres.

El trabajo de las escritoras y escritores que hablan sobre ello es mostrarle a la sociedad lo que acontece, partiendo desde su percepción individual y haciendo ver las invisibles marcas que han hecho nuestras acciones, buscando dejarles a los lectores una huella universal para que así ellos quieran transformar la realidad y luchar contra la gran problemática con la que conviven, como lo son los feminicidios.

Además, como menciona Richard Rorty en su texto Contingencia, Ironía y Solidaridad, el lenguaje que usamos es una unidad, es el elemento que une el yo y la realidad y ambos resultan naturales cuando ya se han aceptado cosas no lingüísticas que llamamos significados, cuya tarea del lenguaje es expresar la idea de que hay cosas no lingüísticas llamadas hechos y representarlas, así estas dos ideas sustentan que el lenguaje es un medio de expresión.

La idea de que el lenguaje escrito en una obra es una metáfora (porque un texto es una práctica artística) coincide con la idea de Davidson expuesta en Contingencia, Ironía y Solidaridad, quien dice que al lanzar una metáfora en un texto, se pueden producir efectos en el interlocutor o el lector. Los románticos comparten esta creencia, viendo a esta figura como algo místico y, por lo tanto, es una imaginación que se encuentra en el núcleo más profundo del yo, atribuyéndole al lenguaje el propósito de expresar una realidad oculta que se encuentra dentro de nosotros y lleva al espíritu a la autoconsciencia.

Y así, poco a poco, logramos que la empatía se haga visible. La noción kantiana de conciencia diviniza al yo, volviéndonos al interior para hallar un contacto con nuestra conciencia moral (la que permite ver lo que es correcto e incorrecto), que es la búsqueda de una rectitud donde en lo más profundo de los seres humanos ocupa la verdad.

Freud nos ayuda aportando los detalles sobre el carácter de las cosas que intervienen en la formación de la conciencia, su explicación de por qué ciertas situaciones o ciertas personas concretas producen una culpa insoportable, intensa ansiedad o vehemente enojo las relaciona al origen narcisista de la compasión en donde:

Nos proporciona un modo de concebir el sentimiento de compasión, no como una identificación con el núcleo humano que compartimos con todos los demás miembros de nuestra especie, sino como algo encauzado en formas muy específicas hacia tipos muy específicos de personas y hacia vicisitudes muy especiales. Nos ayuda así a comprender por qué podemos hacer infinitos esfuerzos por ayudar a un amigo (Rorty, 2003: 18-19).

Con lo expuesto anteriormente, podemos decir que como seres humanos tenemos una conciencia que utiliza la razón para permitirnos entender y sentir cuando un acontecimiento que atenta contra la vida de otra persona nos causa repulsión, enojo o incluso ansiedad. En México, la mujer es vista como un símbolo cultural muy importante, es ella quien da la vida, es el símbolo de amor y unión y, por eso, cuando se escucha que han asesinado a una mujer, es causa de enojo y frustración.

La empatía en México se ha ido perdiendo debido a que hemos dejado ese sentimiento de conciencia de lado. Sin embargo, cuando productos culturales como son los libros, poemas, ensayos, columnas y cualquier inscripción en papel hablan sobre la vida en particular de una mujer y su familia nos acercamos más a la problemática, pues el propósito de las y los autores es dejar su huella, generando una conciencia en las personas que tienen a su alcance el texto y así puedan transformar su realidad.

A través de la literatura no somos ajenos al fenómeno que nos amarra y no nos suelta, que tenemos frente a nuestros ojos como algo cotidiano y no le damos la importancia y la severidad de sus consecuencias. De una forma expresiva que los discursos de familias, escritores y manifestantes han proporcionado podemos formar la empatía y solidaridad que le hace falta a nuestra sociedad y leer así lo que ya ninguna voz puede decir sin que se quebrante al recordar.


1En este caso, lo ostensible se refiere a lo siguiente: de acuerdo con Paul Ricoeur en su libro Teoría de la Interpretación, la ausencia de una situación común generada por la distancia espacial y temporal entre el escritor y el lector, la cancelación del aquí y el ahora absolutos por la sustitución de la voz, rostro y cuerpo del hablante como origen absoluto de todos los lugares en el espacio y tiempo por señales materiales externas, y la autonomía semántica del texto, que separa éste del presente escritor y lo abre a una gama indefinida de lectores en potencia en un tiempo indeterminado, las alteraciones de la constitución temporal del discurso.

Referencias

1. Amador, J. (2018, agosto 16). “El arte contra la violencia, tema de la Cátedra Nelson Mandela en la UNAM” [en línea]. Revista Proceso Sección Cultura y espectáculos. URL: www.proceso.com.mx/547219/el-arte-contra-la-violencia-tema-de-la-catedra-nelson-mandela-en-la-unam [consultado: 05 de diciembre de 2018].

2. Ferdinand, R. (2018, agosto 27). “Violencia en México requiere nuevas narrativas desde el arte” [en línea]. Periódico Digital Total Sapiens Sección Multimedia análisis. URL: http://totalsapiens.com/multimedia-analisis/violencia-en-mexico-requiere-nuevas-narrativas-desde-el-arte/ [consultado el 05 de diciembre de 2018].

3. Mauleón, H. (2017, noviembre 13). “Sé dónde está mi hija. Hay una tumba con su nombre” [en línea]. Periódico El Universal Sección Opinión. URL: https://www.eluniversal.com.mx/columna/hector-de-mauleon/nacion/se-donde-esta-mi-hija-hay-una-tumba-con-su-nombre [consultado el 05 de diciembre de 2018].

4. Padgett, H. Loza, E. (2014). Las muertas del estado. Feminicidios durante la administración mexiquense de Enrique Peña Nieto. México: Editorial Grijalbo.

5. Ricoeur P. (2006).. Teoría de la interpretación. México: Siglo XXI Editores.

6. Rorty R. (2003). Contingencia, ironía y solidaridad. Barcelona: Paidós.


Diana Rivas Ahuatzin

Estudiante de cuarto semestre de la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Tengo en mi cabeza mil pensamientos al día y a veces escribirlos me ayuda a tenerlos en orden. Escribir es una forma de sacar lo que llevo dentro y ser más liviana.

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