Educación y pandemia: ¿Estudiar es un privilegio?

Sociedad
Reportaje
Créditos de la fotografía: Fundación Elosúa Rojo

En reconocimiento por su gran labor a todas las profesoras de México;  en especial a mi madre.

Por Asenet Nava

Pamela platicaba en la escuela con su amiga Sarai sobre cosas que usualmente se hablan en la secundaria. Ninguna de las dos se imaginaba que el virus del que tanto escuchaban llegaría a México antes de lo esperado. Tampoco cruzaba en la mente de ningún profesor o profesora que no volverían a las escuelas en los próximos meses. Cuando sonó la campana del receso, todos los niños salieron a comprar comida o a comer lo que sus mamás les habían preparado en la mañana. Pamela buscó en su mochila, no había rastro de alimento. Su estómago gruñía, sentía un vacío, necesitaba alimentarse, así que acudió con la profesora Sandra en busca de dinero para poder desayunar (usualmente los docentes encargados de la cooperativa brindan un apoyo para el almuerzo de quienes lo necesitan). 

Se sentó a degustar unos tacos de canasta, con la mirada baja; siempre parecía que estaba triste, sus ojos no tenían ni un poco de luz. Aquella niña de ojos claros y tez blanca estaba en una banca de cemento, sola, debido a que tenía relaciones conflictivas. Sarai era su única amiga, pero ese día tuvo un asunto que tratar en la dirección así que Pamela sólo observaba cómo sus compañeros se divertían, mientras tenía miles de pensamientos en la mente. Era un día como cualquier otro para ella. 

Cuando informaron que no volverían a la escuela debido a que los casos de COVID-19 en el país aumentaban, Pamela se alegró porque no tendría que ir  todos los días. En ese momento no imaginaba todas las repercusiones que esa decisión tendría en su educación. Al principio fue fácil. El martes 24 de marzo se dirigió a la papelería, donde estaban las actividades que tenía que realizar durante las próximas dos semanas y en las que se establecía que se abriría una cuenta de la plataforma digital Edmodo para publicar las futuras tareas. 

Al pasar las dos semanas, Pamela se preguntaba: “¿Qué puedo hacer si no tengo internet?” Su madre estaba preocupada, así que acudió a la maestra Sandra; le habló por teléfono y le comentó la situación. La solución era que realizara las actividades a distancia que transmitían en el canal 11 de televisión abierta. 

Muchos niños y niñas vivieron lo mismo que Pamela. Ante la pandemia la Secretaría de Educación Pública (SEP) dio a conocer el plan a distancia del que serían parte 37 millones de estudiantes en México, debido a que se debían cumplir las medidas de sana distancia para evitar que los contagios de COVID-19 se incrementaran en el país. A finales del mes de marzo la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró que 1370 millones alumnos habían interrumpido sus clases, es decir, casi el 80% de la población estudiantil del mundo. México decidió comenzar a trabajar a distancia mediante plataformas online como Zoom, Edmodo, Classroom y Facebook, lo cual representó una gran dificultad, debido a que no toda la población sigue sin contar con acceso a internet. 

Pamela comenzó a realizar las tareas. Todo iba bien, hasta que un día su situación familiar se comenzó a complicar. La joven vivía junto con su madre, su hermano y su padrastro, quien mantenía a la familia. Un día su madre discutió con él y éste decidió correrlos de la vivienda. Intentaron rentar un cuarto, donde no tenían muebles ni televisor. Pamela no tenía acceso a las clases ni a dinero. En ocasiones, ella y su familia no realizaban las tres comidas del día. Los pocos ingresos que obtenían era porque su madre ponía uñas de gel y tenía que asistir a las casas de sus clientas junto con sus hijos a dar su servicio. 

La madre de Pamela no podía dormir, sentía un vacío en el estómago y no sólo por el hambre, sino también por la preocupación. Acudió, de nueva cuenta, a la maestra Sandra, preocupada por su hija. No quería que reprobara por no poder ofrecerle los recursos necesarios para su educación.  La maestra le dijo que no se preocupara, que ella hablaría con los demás docentes para que entendieran la situación. Sin embargo, algunos maestros y maestras no fueron empáticos con el contexto de la estudiante; por ejemplo, la profesora de español quería reprobarla por no haber entregado todas las actividades. La mamá de la joven hacía todo lo posible para que sus hijos comieran, pero no quedaba dinero para que tuvieran acceso a internet. 

Debido a que la mamá de Pamela tenía que ir a trabajar a las casas de sus clientas y llevar a sus hijos, la joven de ojos claros y mirada triste se infectó de COVID-19. Pasaba los días sin poder respirar bien, sin poder ir al hospital. Pamela no pudo quedarse en su casa; no logró acceder a la educación durante la pandemia. No adquirió los conocimientos que debía adquirir. 

Brecha digital y socioeconómica

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) junto con El Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) realizaron la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) en el 2019 en la cual se afirma que el 76.6 % de la población urbana es usuaria de Internet, mientras que en la zona rural la población usuaria se ubica en 47.7 %. Por otra parte, sólo el 44.3 % de los hogares del país cuentan con una computadora. 

Estos datos son el reflejo de la brecha digital que existe en México, pero, ¿qué es la brecha digital? Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD) es la división entre individuos, hogares, áreas económicas y geográficas con diferentes niveles socioeconómicos, con relación tanto a sus oportunidades de acceso a las tecnologías de la información y la comunicación, como al uso de internet para una amplia variedad de actividades.  No obstante, la brecha digital no sólo implica el acceso a ordenadores, tabletas o la red, también es importante tomar en cuenta la habilidad que tiene una persona para entender el funcionamiento de las aplicaciones. Además, es sustancial considerar la calidad de internet a la que se tiene acceso. 

Dentro del estudio Digital 2020 realizado por WeAreSocial y Hootsuite revela que el país con mayor velocidad de internet es Singapur, con una velocidad en la red de 200.12 megabits por segundo (MBPS, que mide la velocidad de la red de internet), mientras que México tiene 34.1 MBPS, por lo que se encuentra en el lugar 37 del ranking mundial, lo que quiere decir que las condiciones de acceso a internet son deficientes y que exista una baja velocidad.  Durante las clases en línea, la mayoría de las escuelas optaron por la plataforma Zoom para realizar videollamadas. La velocidad y las fallas de la conexión a internet tanto de alumnos como de profesores han generado problemas, ya que las clases no fluyen como deberían. Los alumnos pueden perderse de alguna parte de la clase si su conexión falla y, en este caso, no adquieren la totalidad del contenido de la sesión. 

Según el estudio del Comisionado de infancia de la Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF por sus siglas en inglés), la falta de acceso a un ordenador es casi 20 veces mayor en los hogares más pobres en el mundo. Además, los estudiantes que provienen de hogares con menores ingresos son aquellos que tienen menor acceso a internet. En ocasiones, las familias pueden pagar la conexión a la red, pero ésta no tiene suficiente velocidad. La brecha digital en México ya era muy amplia antes de la pandemia, no obstante, la situación ha tenido una mayor visibilidad. 

Por otra parte, la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares en 2019, indica que el 97% de los hogares tenían televisión, lo cual puede beneficiar a los alumnos que no cuentan con acceso a las nuevas tecnologías, sin embargo, no se conoce el panorama en este año, ya que muchas familias podrían tener una historia similar a la Pamela o a la de David. 

David era un estudiante que solía sentarse en su banca en completa soledad, como todos los días sin hablar con sus compañeros, se colocaba sus audífonos y escuchaba “R U Mine?” de Arctic Monkeys, hasta que llegó la maestra Carolina, quien imparte Biología en su escuela. Como en todas las clases, prestaba atención, se interesaba por los temas, siempre estaba comprometido con sus estudios. Sin duda alguna, era un gran alumno; un joven querido por todos sus profesores.  Un día de marzo, al terminar las clases, se dirigió a su casa para dedicarse a realizar sus tareas. Su hermana tenía que ir a trabajar a la papelería y su mamá no estaba en casa cuando David  escuchó las noticias: suspenderían las clases debido a la pandemia de COVID-19. 

La escuela abrió una cuenta de la plataforma Edmodo, por lo que tenía que ir al café internet a realizar sus tareas. Todos los días iba, pasaba horas fuera de su casa a pesar de la contingencia. Durante un mes, ésta fue su rutina, por lo cual no podía estar en confinamiento. David seguía tomando clases de esta forma,  hasta que la papelería donde trabajaba su hermana cerró y esto se tradujo en un ingreso menos para su casa.  

La madre de David quería que su hijo siguiera tomando clases, pero su economía no lo permitía. Preocupada y con un nudo en la garganta se comunicó con la maestra Sandra, también en busca de apoyo, como lo hizo la madre de Pamela. Acordaron que tomaría las clases que la SEP impartía por televisión. A los quince días del acuerdo, la madre de David se quedó sin trabajo, ya no tenían ingresos. Desesperados, con tristeza y hambre, fueron a empeñar su televisión.  

David no pudo seguir tomando clases. El joven lloró de desesperación porque amaba aprender, le gustaba muchísimo estudiar. Además, era su último año. La escuela lo apoyaba con una beca con la cual podía tomar un curso en donde se preparaba para el examen del Concurso de Asignación a la Educación Media Superior (COMIPEMS), pero dejó de asistir porque no tenía dinero para pagar el transporte. Terminó desertando por falta de recursos económicos. 

La brecha digital que existe en México es amplia, el reto es implementar estrategias que ayuden a las alumnas y alumnos que no tienen acceso a internet. De igual manera, debe evitarse que dejen sus estudios por falta de recursos económicos. Estamos situados en un panorama complejo para la comunidad estudiantil más vulnerable, así como para las y los docentes. Será necesario como sociedad vigilar que exista apoyo por parte del gobierno. Pero sobre todo, será necesaria la empatía.

*Los nombres de las y los alumnos fueron modificados por ser menores de edad. Tampoco se menciona el nombre de la escuela por seguridad.


Este reportaje es la primera parte de la investigación realizada por Asenet Nava. La segunda es una entrevista a la docente de esta historia y la encuentras en el siguiente enlace: https://escritorasuniversitarias.wordpress.com/2020/08/17/educacion-y-pandemia-estudiar-es-un-privilegio-entrevista/

También, es parte de la serie “Educación a través de la pantalla (2020)”, un conjunto de entrevistas y reportajes que buscan darle visibilidad a historias de estudiantes y docentes mexicanos relacionadas con la pandemia por COVID-19. En Escritoras Universitarias estamos comprometidas a darle seguimiento a este tema. Si deseas contribuir y contar una historia referente a la problemática aquí presentada, puedes escribirnos a escritoras1universitarias@gmail.com.

Asenet Nava

Amo escribir desde que tengo memoria, mis primeros escritos fueron los cuentos. Una de mis grandes pasiones es la lectura; mi casa está llena de novelas, ensayos, cuentos, enciclopedias, revistas y reportajes además siempre tengo un libro en la mochila. Adoro tomar fotos, considero que soy una fotógrafa principiante y tengo una pequeña página de Instagram donde comparto mis imágenes. Me apasionan los temas de desigualdad social. Soy comunicóloga en potencia. Amante de las conversaciones largas y profundas. Me encanta bailar y cantar junto a las personitas que amo.

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