Pinches morras exageradas

Género
Crónica

Por Sara Arango

El sonido del tren llegando a la estación apresura nuestros pasos. Bajamos las escaleras lo más rápido que podemos hacia los andenes para alcanzar un lugar dentro. Sujetando fuerte nuestras mochilas entramos corriendo al primer vagón que vemos y justo cuando ambas estamos dentro, la puerta del vagón se cierra, entonces reímos un poco mientras buscamos un espacio para acomodarnos juntas y poder platicar en el camino a casa.

El vagón al que entramos mi amiga y yo se encuentra a la mitad del tren así que no es parte de los espacios exclusivos para mujeres. Pensamos en avanzar de a poco hacia el frente del tren, pero este se detiene en la siguiente estación y se llena tanto que debemos juntarnos para hacer espacio a las personas que entran. El espacio del vagón se llena de personas y de las voces de cada una. Escucho pláticas a mi espalda, a mis costados y al frente de mí, una de ellas capta mi atención y distingo que se trata de dos hombres.

-…y lo peor es que creen que tienen la razón, ¿viste el video?, el señor no les estaba haciendo nada.

-¡Ah! Pero no les digas nada porque se te vienen todas encima, bola de montoneras. La verdad yo creo que ni siquiera eso tiene sentido, en todo caso que ellas tampoco se metan a los otros vagones ¿no?

-Pues sí, pero qué les dices, según sé, también pueden entrar los viejitos ¿no? Entonces no tenían derecho de sacar al señor.

-No wey, ya es solamente de mujeres, pues entonces que se vayan para allá.

El tren se detiene en la siguiente estación y de alguna forma entran más personas, cierran las puertas y entonces siento algo a mis espaldas, me tenso un momento e intento pensar que se trata de la mochila de alguien más, así que me muevo lo poco que puedo para darle espacio a quien sea que está detrás de mí. Mi amiga me pregunta algo y mientras comienzo a hablar lo siento de nuevo, un hormigueo me recorre la espalda cuando esa misma presión se ubica entre mis piernas e intenta subir cada vez más cerca de mis glúteos, esta vez sé que lo que creí era una mochila es en realidad una mano.

Intento moverme deseando que se trate de un error, pero mientras más me muevo más insistente es la presión en mis piernas. Mientras el tren comienza a detenerse las personas que se preparan para salir del vagón se acercan a la puerta y me empujan aún más hacia atrás. Mi amiga se despide de mí y entonces recuerdo que ella baja en esa estación, antes de que pueda responderle la multitud la arrastra hacia el exterior y el espacio que dejan es reemplazado casi al instante por las personas que entran.

-…lo bueno fue que el policía no dejó que lo sacaran, se ve que el señor ya está grande como para que lo traten así, imagínate que fuera tu abuelo, ¿apoco te gustaría que le hicieran eso?

-Eso, pero parece que ya se les olvidó lo que es el respeto a los mayores.

Me sudan las manos, una de ellas comienza a temblar y la cierro en un puño intentando tranquilizarme. Miro a mi alrededor, busco una mirada, alguien o algo que entienda lo que no soy capaz de gritar porque de repente siento la garganta seca y las palabras se me escapan. Aprieto más fuerte los puños, quiero por lo menos tallarme los ojos, me escuecen y no puedo ver claramente, pero las manos no me responden.

La voz en mi cabeza me grita que reaccione y sé que tiene razón. Quiero girarme, tomar su mano y gritarle que se aleje, quiero gritarle que mi cuerpo es mío y que no tiene derecho de mirarlo, mucho menos de tocarlo. Quiero que todos lo vean y que se sienta apenado, quiero que desee jamás haberlo hecho, quiero que la gente lo mire y lo juzgue, quiero que le duela y quiero que le afecte, quiero que le de tanta vergüenza y ganas de llorar como las que tengo yo. Pero mi cuerpo ya no es mío y no responde.

-Wey, luego también ellas no se dan a respetar y después andan haciendo desfiguros disque manifestándose.

-No tienen vergüenza, eso es lo que les falta.

Intenta subir su mano aún más entre mis piernas y en un intento desesperado por evitarlo aprovecho el movimiento de una persona delante de mí y me giro un poco hacia un costado. Con las manos temblando y el corazón latiendo en mis oídos me doy cuenta de que debo bajar en la siguiente estación, entonces el tren se detiene poco antes de llegar y maldigo al conductor por hacerme pasar más tiempo ahí.

-Es que me da coraje, ya tienen sus vagones llenos de estampitas rosas, ¿qué más quieren las morras esas?

-Eso ya nada más son privilegios, a ver, ¿qué cosa podía hacerles un viejito?

Casi sollozando comienzo a hacerme espacio para avanzar hacia la puerta y sin saber cómo logro llegar hasta adelante, entonces siento a una persona muy cerca detrás de mí, alzo la mirada y por primera vez veo su reflejo en el cristal de la puerta: rostro arrugado, cabello blanco, bastón en una mano y, por supuesto, la otra mano libre.

Intento moverme, no quiero que me mire, no quiero que me toque, no quiero que sepa que me hizo daño. El tren inicia la marcha de nuevo y le pido a mis piernas que reaccionen a tiempo y corran en cuanto puedan, un instante antes de que las puertas se abran alzo la mirada y lo encuentro sonriéndome.

-… te digo, pinches morras exageradas.

Corro hacia el exterior de la estación, paso los torniquetes y salgo temblando. Me encuentro de frente con la puerta de un autobús que me sirve de espejo.

¿El jean está demasiado ajustado?, ¿la sudadera no es suficientemente ancha?, ¿debí recogerme el cabello?

Entonces el miedo se convierte en confusión, la confusión en tristeza, la tristeza en rabia y la rabia en impotencia.

¿Por qué soy yo la que tiene vergüenza y no él?, ¿por qué soy yo la que debe cambiar y no él?, ¿por qué soy yo la que se hace preguntas y no él?


De acuerdo con la Encuesta sobre la violencia sexual en los transportes y otros espacios públicos de la Ciudad de México 2018, elaborada por ONU Mujeres México en colaboración con el Gobierno de la ciudad, 96.3% de las usuarias han sufrido estas agresiones, de ellas más del 80% no denunció por falta de confianza en las autoridades, porque consideraban que no tenía importancia, no tenían tiempo o no sabían que podían hacerlo. El metro es el lugar en el que indicaron haber sido víctimas de acoso con más frecuencia.

Información de El Universal señala que la separación de vagones en el metro de la Ciudad de México se realiza desde 1970. En el 2000 el Sistema de Transporte Colectivo estableció que los primeros dos vagones de cada tren serían de uso exclusivo para mujeres y menores de 12 años. En 2007 Marcelo Ebrard, entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, inició el programa “Acoso Cero” en el que incluyó un tercer vagón del tren para mujeres.

En 2019 la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, puso en marcha la Campaña contra la Violencia de Género “Paremos la Violencia”, que incluye diversos señalamientos en las estaciones del Metro, al interior de los vagones y también en los autobuses de la Red de Transporte de Pasajeros, Trolebús y Tren Ligero. Esto como medida para el fortalecimiento de los espacios seguros en el transporte público. Sin embargo, de acuerdo con información de La Razón, en 2019 hubo un incremento del 26 % respecto al 2018 en carpetas de investigación por incidentes de acoso en las 12 líneas del metro.

La violencia de género, incluido el acoso sexual, es una realidad a la que se enfrenta más del 90% de las mujeres en la Ciudad de México. Los espacios seguros más que un privilegio son otro indicador de esta problemática que el Estado no ha sabido manejar. Así que sí, probablemente las pinches morras somos exageradas, no nos queda de otra cuando la pinche violencia y la pinche incompetencia de nuestras autoridades lo son aún más.

Sara Arango

Estudiante de Ciencias de la Comunicación en la UNAM. Aficionada de los rompecabezas, el pan dulce y el color negro. Sus intereses de investigación son comunicación y educación, cultura audiovisual con enfoque de género y medios de comunicación públicos. Entre sus pasatiempos están fotografiar a sus mascotas y ver dibujos animados.

Un comentario en “Pinches morras exageradas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s