Florecer entre amapolas

Creación Literaria
Relato

Por Nebulosa Amarilla

4 am. Eres tú. Veo la pantalla, pienso tantas cosas entre un tono y otro antes de contestar. Tiemblo sin controlarme, respiro, contesto: “Intenté cariño, en verdad que lo he intentado, pero no puedo… no puedo con esto. No estoy bien, esto es todo lo que hubo y necesito un espacio, no me llames, no me escribas”. Sigo esperando una risa, una señal. Es una mala broma, acabas de decirme que me quieres, me llamas cariño mientras me dices que todo se ha acabado, no es posible. Pero lo ha sido, ha sido muy real.

¿Cómo pasó esto?

El último día de ti

Siempre recostados en tu sillón, siempre con el ventilador prendido, aligerando el calor de la temporada en tu cuarto sin ventilación, siempre nosotros… Haces un ruido al respirar –como de costumbre-; tomas mi cara entre tus manos -como de costumbre-; me das un beso casi imperceptible y aún tocando con tus labios los míos, comienzas a hablar como susurrando: “Te quiero más de lo que sabía que se podía querer a alguien…Creo que te amo. Creo que llevo un tiempo enamorado de ti y te amo”. Sé que no ha sido la confesión de amor más grande que un hombre le ha proclamado a una mujer desde el inicio de los tiempos, pero al conocer tu falta de capacidades para la expresión de sentimientos, sé que para ti ha sido la revelación más grande que podrían pronunciar tus labios, se ha sentido como tal.  

Han pasado horas desde que desperté en tu cama, un día entero juntos se ha vuelto muy común, casi insuficiente, lo sabemos al caminar hacia la parada del camión que me lleva de regreso a casa. Me despido y me abrazas como si esa despedida fuera para siempre, no me sueltas, me pides una y otra vez que me quede un poco más, pero no lo hago, volveré en unos días. Siempre vuelvo.

Llego a casa, pasan las horas y no me contestas, ¿debería preocuparme? Voy a la cama inquieta, pero sin querer indagar más en tu desaparición.

¿Debí quedarme?

Después de tu llamada

Tengo una bala de inseguridades y suposiciones atravesadas en la cabeza, prefiero no hablar, no sé qué decir, no puedo llorar, mi confusión ha bloqueado mis ojos, sentimientos, mi vida entera.  

Pasan los días. Recapitulo nuestra historia continuamente, creo culpables a situaciones que nunca necesitaron uno, pero la falta de respuestas me ha dejado en un cuadro de paranoia, en donde veo catástrofe en la normalidad y aun sabiéndolo, es lo más cercano que tengo a una respuesta. Me estoy haciendo pedazos esperando sentir algo. Me siento ajena a todo, la insensibilidad es un castigo aún más grande que el saberse derrotado, que tener declarado el corazón roto, es como estar dormida y querer despertar sin tener éxito en ello, necesito despertar.

Los chicos invaden mi casa, ¿has tenido dudas sobre que es de mí ahora que no estás? Se han enterado por ti de que estoy jodida, lo han comprobado: estoy totalmente jodida. Con ellos aquí por fin puedo hablar, ¿hace cuantos días no pronuncio una palabra? Mi voz suena desconocida incluso para mi… Lloro, grito, cuestiono, repito el ciclo, jamás me había visto a mí misma así, no me reconozco.

Empiezo a sentir rabia; ha sido una desconsideración llamarme en medio de la noche y pedirme que me vaya sin ninguna explicación. Empiezo a darme cuenta que sin ir a tu casa por días enteros mis planes son reducidos, ¿hace cuánto tiempo no estoy para mí?

Pasan los días

Pasan los días.

Pasan los días.

¿Pasan los días?

El paso del tiempo es una realidad que gobierna a todos, incluso a quienes le ignoran, pero vive atravesando un paréntesis en el que no corre igual para los desenamorados, para quienes lloran porque no hay remedio para su dolor, cuando la vida se gira y el tiempo se vuelve un bucle en el que solo cabe uno, su miseria y la cabeza con las mismas basuras una y otra vez.

Me han enviado una libreta, quien lo hace sabe que no estoy bien y no he tenido ni que decirlo. Ella ha puesto en la primera página unas palabras penetrantes: “Bienvenida a la asociación de los corazones rotos y anónimos. En las hojas puedes desahogarte, maldecir y gritar todo lo que necesites sin lastimarte tanto. Creí que encontrarías tu virtud sin tener que ser herida, pero ahora, aprovecha esto y descubre lo buena que eres escribiendo. Eres buena al expresarte, sácale lo bueno a esto. Fórmate para ser la escritora que siempre has soñado ser”.

Tempestad tras tempestad. Deja de llover

Hay un espacio en el que dejar de contarte lo que ha sido estar sin ti ha sido gratificante –y una necesidad-; no sabrás lo que pasó después de esa libreta, no sabrás cuánto tiempo ha pasado, mucho menos que tan adentro perturbaste mi espíritu. Sin embargo, hoy llamaste y no te he contestado, hoy mereces saber sólo un poco más:

Cargo en el pecho mis temores al ver que no estás.

En mi garganta tengo un nudo con las palabras de amor que nunca pude expresarte.

Un cúmulo de incomprensión me atraviesa el alma.

He caído incluso antes de comprender lo que ha pasado.

El corazón se me ha hecho pedazos y están floreciendo palabras que vuelan sin orden ni sentido, pero que al escribir me devuelven el camino sin que tú estés conmigo.

De lo peor que me has hecho, ha nacido lo que mejor puede llenar mis huecos, ya no vuelvas nunca más.

Nebulosa Amarilla

Soy Yanely, Neby cuando hay confianza. Estudio Ciencias de la Comunicación en la UNAM. Fan #1 de escuchar a las personas, quedarme despierta toda la noche -cuando no es por tarea- y andar en el metro de la CDMX. Mi mayor sueño es ser escritora y lograr que la gente llegue a identificarse con las cosas que escribo.

2 comentarios en “Florecer entre amapolas

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