Decir adiós es más difícil que escucharlo

Creación Literaria

Por Sara Arango

De rupturas y despedidas,
sobre todo cuando son necesarias.

A mi querida Ecclesía.

Hace meses supe que lo nuestro no funcionaba. No lo dije ni a ti ni a nadie porque la idea de dejarte era para mí tan irreal que daba miedo, sobre todo cuando me di cuenta del poder que tenías sobre mí. Fue aún más difícil aceptar que yo te había dado ese poder.

Debí saber desde un principio que sentir alivio cuando no estabas cerca era una señal. Debí darme cuenta de que aguantar la respiración cuando estaba contigo para evitar decir o hacer algo que pudiera molestarte no estaba bien. Debí saber también que no estaba mal querer un espacio y que si no me sentía bien no era necesario convencerte de lo contrario. Pero no lo supe antes y lo siento. Lo lamento más por mí que por ti.

Aceptar que debo dejarte es más fácil que aceptar que ahora debo encontrarme, porque durante mucho tiempo no sentí la necesidad de conocerme, bastaba con mirarme y definirme a través de ti. Las mariposas en el estómago que sentía antes de verte de a poco se transformaron en polillas negras, de esas grandes que erizan la piel sólo de mirarlas, y ellas también se asustaban cuando pedías verme.

Creía que era difícil aceptar el adiós de alguien, hasta ahora no sabía lo complicado que era ser quien proponga la despedida. Con todo creo que lo mejor es separarnos y darnos un tiempo a ambos para sanar, probablemente yo lo necesito más que tú. Hace algunos años me habría parecido egoísta decirlo, pero hoy ya no tengo miedo: soy mi prioridad y no está mal que lo sea.

Como en cualquier ruptura, hoy te llevas una parte mía y me llevo una parte tuya. Me molesta que, a pesar de lo que pienso, aún siento que pude haber hecho más para sacar esto adelante, pero me consuela saber que —como en cualquier ruptura—, tal vez mañana o tal vez después, lograré superarte y quizá hasta podamos vernos las caras y sonreírnos de lejos.

No quiero decir con esto que nada de lo que hiciste fue bueno, parte de lo que soy ahora te lo debo y probablemente nunca encuentre suficientes palabras para agradecerte, pero siendo honestos, ni tú ni yo nos agradamos del todo. Debo aceptar también mi responsabilidad porque tal vez hice o dije cosas que te molestaron, puede ser que no hice ni dije cosas que te hubieran gustado, y aún más probable es que ninguno de los dos pudimos conocernos del todo, pero ¿crees que valga la pena intentarlo ahora?

No me respondas, honestamente no importa lo que digas u omitas ahora, deberíamos decir adiós o hasta luego, lo que a cada uno deje más tranquilo. Lo único que pido es cortesía y respeto a mi persona. Me gustaría evitar miradas de lástima y plegarias pidiendo por misericordia como dando por hecho que mi decisión es la equivocada, por ahora he tenido suficiente de eso así que si me permites quiero dejar de escucharlas un tiempo.

Quiero que me sepas cerca si algún día me necesitas y quisiera saberte cerca de mí también, pero espero de igual forma que comprendas que ese día no será pronto: no será hoy, ni mañana, ni la siguiente semana. Como cualquier ruptura esto requiere tiempo así que no apresuremos nada y vivamos el proceso como lo hicimos mientras estuvimos juntos. No asumiré nada malo de ti una vez que demos esto por terminado, espero que hagas lo mismo conmigo.

Ecclesía, aunque te cueste creerlo, te amé todo lo que pude, pero hoy no me queda más que —por respeto a ese amor— decirte que lo siento y alejarme antes de que no me quede nada bueno qué decirte. No mentiré, una vez que termine esta carta probablemente me arrepienta un poco, seguro lloraré al más mínimo recuerdo tuyo, tendré que acostumbrarme a no verte y será difícil porque pensaré que cada parte de mi vida te pertenece. Pero con un poco de suerte y una pizca de tiempo espero entender que sigo siendo yo aún si no estás a mi lado.

La nuestra, Ecclesía, no es como cualquier ruptura a pesar de los parecidos. La nuestra es de nosotros y no hay nadie que nos pueda decir cómo vivirla, así que te deseo suerte para enfrentar tu parte, y me deseo aún más para enfrentar la mía.

Sara.

Sara Arango

Estudiante de Ciencias de la Comunicación en la UNAM. Aficionada de los rompecabezas, el pan dulce y el color negro. Sus intereses de investigación son comunicación y educación, cultura audiovisual con enfoque de género y medios de comunicación públicos. Entre sus pasatiempos están fotografiar a sus mascotas y ver dibujos animados.

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