Sueño

Creación Literaria
Relato

Este relato es la segunda parte del cuento Sueño: “Dormir”.

Por Ximena Tercero

Despertar

Fueron horas, días, noches y semanas difíciles. Ya no conciliaba el sueño y, aunque no había momento del día en que no estuviera despierta, siempre me sentía distante, desconectada y adormilada. “¿Qué estás haciendo, Camila?”, me preguntaba por las noches, mientras lloraba y veía los colores del cielo cambiar y aclararse paulatinamente hasta llegar la mañana, y en cuanto mi alarma sonaba, me despertaba.

Lo pensé, lo pensé y lo volví a pensar; lo hablé sin palabras y lo recé sin rezar durante casi tres semanas más. ¿Qué diría Dios? ¿Qué diría mi mamá? ¿Qué dirían mis tías y mi abuela? Y, sobre todo, ¿qué diría mi bebé? Ya sé, los fetos no hablan, no sienten y sólo existen, pero yo sí hablaba, sentía y, aparte, existía.

Debo reconocer que fue muy difícil enfrentar todas las problemáticas simultáneas de la vida por mí misma, aunque también debo reconocer que fue mejor, porque jamás me habría sentido con la confianza de contarle a alguna de mis supuestas y supuestos amigos de la universidad; mi mamá tampoco era opción porque lo último que quería era preocuparla. Cuando mis crisis ansiosas aumentaron su frecuencia e intensidad, supe que debía tomar una decisión. Yo estaba en el octavo semestre de mi carrera y, a pesar de que el padre de mi bebé me había abandonado al enterarse que yo estaba embarazada, tener un hijo (independientemente del momento que fuera) me hacía mucha ilusión.

Semanas atrás había decidido tenerlo, luchar por ella o él y hacer una vida juntos, justo como mi mamá lo había hecho hace más de 20 años atrás conmigo. Sin embargo, tener un bebé cuando yo no gozaba de estabilidad emocional, no me parecía la mejor idea. Tampoco me parecía una muestra de amor para con mi bebé, y, entonces, comencé a pensarlo.

Podía terminar en la cárcel, eso era un hecho; pero también podía, potencialmente, terminar arruinado la vida de un bebé, cuyo nacimiento lo traería a formar parte de la vida de un mamá con una salud mental tan deteriorada, que casi diario contemplaba el suicidio como una posible salida a sus problemas. Yo, como una mujer nacida en un hogar con exactamente las mismas características, sabía lo que era vivir gran parte de la infancia sin conciliar el sueño debido a la necesidad de vigilar que mamá no se suicidara, y eso era justo lo que quería evitarle a mi futuro bebé.

Que decisión tan difícil, ¿no? El curso de tres vidas (la mía, la de mi mamá y la de mi futuro hijo o futura hija) dependían de la decisión que yo tomara durante los siguientes días. No voy a preguntarles qué hubieran hecho ustedes en mi lugar, simplemente porque la decisión era mía y sobre mi cuerpo; además, ¿por qué somos las mujeres las que le debemos explicaciones a todo el mundo sobre lo que hagamos con nuestros cuerpos? Honestamente, aún aquí, en el hermoso lugar donde me encuentro, no logro entenderlo; nosotras siempre nos preocupamos por escuchar opiniones ajenas de personas que, aunque ni siquiera conocemos, se atreven a insultarnos, a llamarnos “fáciles”, “incoherentes” por pedir respeto y “no darnos a respetar” y los hombres, en cambio, son raramente juzgados por lo que hagan o no con su cuerpo y su vida sexual.

Es una tontería, ¿no? Que yo haya muerto de una hemorragia en una clínica clandestina en Villahermosa, mientras tomaba la decisión correcta para salvar la futura vida de mi bebé. La interrupción de mi embarazo era mi decisión, porque finalmente yo sería la madre de aquel bebé; yo lo besaría, yo lo llevaría a la escuela y yo lo cuidaría; no obstante, mi elección se vio afectada por las decisiones que los gobernantes, senadores y senadoras, diputados y diputadas han tomado durante los últimos años en el estado de Tabasco. El ejemplo perfecto de un dilema de acción colectiva, ¿no lo creen?

Lo que es aún más triste, es que yo no soy la única que ha muerto en estas condiciones: a diario, mujeres de Hidalgo, Querétaro, Guanajuato, entre otros estados de la república, mueren en la búsqueda de la decisión correcta para salvar vidas, porque sí, abortar también puede salvar vidas.

Ayer desperté aquí y me sentí triste, enojada y frustrada, por eso les pido que ustedes que aún despiertan allá, entiendan la importancia del aborto legal, seguro y gratuito, no sólo para todas las mujeres mexicanas, sino para todas las mujeres del mundo. En mi lugar, pudo ser tu mejor amiga, tu hermana, tu prima, tu tía, tu novia; también pudiste haber estado tú, que ahora mismo lees mi historia. Despierta, para que todas y todos podamos despertar allá juntos y juntas.

Ximena Tercero

Estudiante de la Licenciatura en Negocios Internacionales. Escribe porque existe o ¿existe porque escribe? Amante de los postres, fanática de Ángeles Mastretta, Laura Esquivel y Danielle Steel. Aficionada de la vida e innegablemente apasionada.

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