Diagnóstico: venganza

Creación Literaria
Relato
Créditos de la imagen: Nohemí Fernanda

Por Nohemí Fernanda

Estoy en todos los humanos y creen que soy importante, pero muchos otros ni siquiera me prestan atención. Estoy en todas partes, en diferentes formas, olores, sentidos, colores, sabores, estoy en frases escritas, en frases dichas y escuchadas.

¿Mi historia de hoy? Comencemos hablando de ella como una película taquillera. No soy heroína, no soy villana, existo en ti, de hecho, creo que en todos. Me formo con cada persona, siempre diferente, nostálgica, enojada, alegre, triste, oscura o luminosa, amplia o puntual; en fin, siempre me encuentro de forma distinta y cada quién me construye como quiere. Guardo datos y acumulo experiencias, soy como una caja con demasiado contenido y sin mí, seguro que ninguno de ustedes podría vivir, ¿o sí?

Pero la historia de hoy, acerca de Hermelinda, comienza cuando nos conocimos en 1941. Tuvimos nuestros momentos, de los cuales no hablaré porque ella no me lo hubiera permitido (el problema es que ahora ya no sé qué puede aprobar o no) pero yo me estaba perdiendo y no era una decisión que pudiera frenar, intenté evitarlo, sin embargo, progresivamente me estaba dejando.

Quise mostrarle que tuvimos tiempos felices. Estuve con ella desde el 41, incluso ella me tiene presente desde los cuatro años, cuando nació, durante su crecimiento, cuando tuvo su primer encuentro con un borrego, su vida en la casa del pueblo zacatecano de Río Grande. ¡Estuve ahí siempre y sigo aquí! ¡Sin mí, no sería la mujer que es ahora! ¡¡¡¡LA CONOZCO!!!

Pero ya sólo soy un recuerdo, o quizá ni eso: soy una partícula minúscula dentro de su ser; desaparezco día con día y eso me molesta demasiado. Por eso empecé a traerle los peores recuerdos de su vida y se los mostraba día con día, haciéndole ver que de mí no se iba a librar tan pronto.

Tanto es mi enfado porque, aún así, no logra verme. Entonces, saco mis peores armas, le muestro lo malo, lo inimaginable: le enseño a su marido, mostrándolo como un borracho cretino; le recuerdo la muerte de su padre, la de su enferma hermana y la culpa que sintió; hago que no olvide su piel morena, algo que siempre le molestó; traigo a su memoria sus hermanos desgraciados robándole el recuerdo de su hogar de la infancia y destruyéndolo pieza por pieza; uso la imagen de sus hijos portándose como unos malagradecidos y arrepintiéndose de haberlos educado tan consentidos.

Y logro que me recuerde; ella sabe que estoy ahí. A veces pienso que soy muy egoísta,  que la hago sufrir y  le reclame a su esposo por cosas que ni siquiera pasaron; a veces la hago alucinar moviendo sus cosas de lugar y no dejo que se acuerde. Quiere gritar, decirle al mundo todas sus molestias pasadas; que alguien la escuche, la vea y la comprendan… Pero… ¿Cómo? 

Ha olvidado todo de nuevo, entonces me compadezco; la dejo tranquila después de haberle gritado a su marido que le ha perdido el par de zapatos que se compró en 1973, cuando fue ella misma quien los puso debajo de la cama. Pero no se lo diré, la dejaré que explote, que reclame a sus vecinos, que el mundo crea que está enloqueciendo; entonces, sólo entonces, voy a calmarla. 

Es aquí cuando espero que todos me estén juzgando, pero ¿qué sentirían ustedes si los olvidan así como así? Yo busco venganza por eso, me estremece y me retuerce el intestino que dejen de prestarme atención. No obstante, cuando estoy tranquila, le muestro a Meli el amor por sus hijos, por su esposo, por sus nietos y nietas; le recuerdo su pasión por la cocina, así como su sonrisas y sus pocos triunfos y se queda tranquila, puede disfrutar su programa de televisión, una llamada con su nieta o con su hijo, un té endulzado con miel.

Ahora está durmiendo plácidamente, pero si mañana después de despertar no me recuerda, entonces seré despiadada, la haré alucinar sobre su marido; lograré que vea a su vecina robándole trastes; pensará que ha olvidado el dinero en el mercado; provocaré que olvide que fue feliz. Estaba claro, ella creía que sería un día normal; sin embargo, me olvidó como siempre y eso me enoja, me molesta; no sería un día común, hoy tampoco lo será, nunca más lo volverá a ser. Estoy contigo Meli y lo estaré hasta que la muerte nos separe.

Toda mi historia con Hermelinda comienza el día que su hijo menor la llevó al médico por razones que ahora desconozco. Estábamos tan bien y, de repente, todos se preocupaban porque ella reclamaba “cosas inexistentes”; malditos exagerados, algún día me vengaré de ellos por igual, pasaré de familia en familia. Pero bueno, estábamos en el médico, nos hicieron unos exámenes de sangre, unas lecturas, una resonancia y todo el mundo estaba muy nervioso, incluso Meli.

¡Ay, mi Meli querida! Entonces, el doctor pronunció unas palabras: “Diagnóstico: Demencia Senil, tiene que tomar 3 pastillas por la mañana, 3 después de la comida y 3 antes de dormir”. Tontos médicos homeopáticos, soy veloz y puedo contra esa tonta demencia. Todo por decirme loca, haré que olvide la hora de sus pastillas.

Entonces, todos la vigilaban: su despreocupado hijo venía a verla cada fin de semana; su ausente nieta estaba al pendiente de que ningún insumo le faltara; su arrepentido marido se preocupaba por ella. Nadie le advirtió que sería difícil librarse de mí y creo que yo también estoy olvidando mis funciones. ¡¿Quién soy?! Cada vez que toma esos fármacos me siento oprimida, me siento cansada, por eso hago que lo olvide.

Yo estuve con ella siempre, desde que nació hasta ahora, a sus 79 años. ¡SOY SU MEMORIA! 

¿Y se está olvidando de mí? ¿Yo que soy…?

¿Qué soy?…  ¿Qué estaba diciendo?…

                            ¿Quién soy? 


Nohemí Fernanda

Tengo 21 años y soy estudiante de la licenciatura de Historia en la FLyL. Mis mayores pasiones son escribir y leer. Mi propósito: humanizar, a través de mis textos, muchos de los temas cotidianos y hacer que la gente recuerde lo que más se olvida, nuestra historia. Me encantan los animales y pasar el tiempo con mis amigos, soy fan del pulque y de los conciertos. Me formé en la lectura desde que tengo memoria y me describo como una historiadora frustrada, una futura escritora de bajo presupuesto y catadora de textos y cuentos aleatorios.

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