La desigualdad en México por la pandemia del SARS-Cov-2

Sociedad
Ensayo
“Ciudad de México antes de la pandemia”. Créditos de la imagen: Nohemí Fernanda

Por Nohemí Fernanda

A principios de este año, México y el mundo recibieron la noticia de que una enfermedad letal estaba atacando la región de Wuhan en China, que iba dejando un número inimaginable de muertos a su paso y que a la vez ponía en confinamiento al resto de sus habitantes. Esta realidad no tardó ni tres meses en esparcirse por todo el globo terráqueo y hacer de esta pesadilla la realidad de todos o la mayoría de los países.

México entró en crisis desde el momento en que el primer caso fue notificado dentro del territorio; no es como que hubiera una crisis de pánico y todos comenzaran a cuidarse, sino que en realidad comenzó el radio pasillo -es decir, los rumores- sobre si la enfermedad era real o una estrategia de control de las masas a la que el presidente Andrés Manuel López Obrador  había recurrido para calmar a la gente o confinarla, para justificar despidos, entre otros; ese tipo de excusas provocó una cultura de la irresponsabilidad e incredulidad, lo que llevó a México al nivel en el que estamos actualmente.

Conforme pasaron los meses, las estadísticas del Gobierno Federal fueron aumentando hasta el punto en el que las autoridades recomendaron a la ciudadanía a quedarse dentro de sus hogares y dejar de frecuentar puntos donde la aglomeración fuera muy alta; obviamente, fueron muy pocas las personas que llevaron a cabo estas medidas y fue así como oficialmente el 20 de abril de 2020, México entró a semáforo rojo y empezaron  a alarmar a la gente de lo fácil y rápido que era el contagio por COVID-19.

Las medidas impuestas por el gobierno estatal y federal variaban por muy poco, pero en su inicio, la operación de industrias y del comercio paró totalmente; asimismo, mientras que algunos volvían a sus casas a trabajar en línea, otras personas eran  despedidas, ya que al parar los centros de trabajo, sus empleadores no tendrían ingresos para pagar insumos de su empresa y mucho menos sus sueldos.

El desempleo en aumento, así como la molestia y la incredulidad de la gente llevó a que la situación de la enfermedad comenzara a ser algo cada vez más grande; las medidas arcaicas del subsecretario de Salud del gobierno federal, Hugo López–Gatell, se veían rebasadas por el número de contagios y la realidad que transcurría en las calles era totalmente diferente al oasis de paz y tranquilidad que presumieron los medios de comunicación; las estadísticas empezaron a modificarse haciéndole creer a la gente que los contagios iban en declive y por ello podían salir y vivir sus vidas como cotidianamente lo hacían, siempre y cuando llevaran su tapabocas y gel antibacterial.

La desigualdad social comenzó a aumentar a la par del número de desempleados, los negocios o las pymes de muchas personas quebraron, las personas que debían continuar trabajando se exponían día con día al transporte público (lo cual, por supuesto, sigue ocurriendo) y a sus nefastas medidas de seguridad; así, los puntos de contagio empezaron a situarse cada vez más cercanos y la gente seguía sin entender que las pocas medidas de seguridad que son anunciadas en todos los postes más cercanos, así como en sus establecimientos de confianza, en la radio, televisión, periódicos, entre otros,  son necesarias para proteger su vida.

Pero está claro que la realidad (que sigue igual desde el inicio de la crisis sanitaria) de todos no es la misma: mientras que algunos pueden estar en casa jugando videojuegos y asistir a sus clases en línea, otros deben también cubrir un horario laboral para los gastos del lugar en donde viven o simplemente para ayudar a su familia a salir adelante, por lo que se exponen a la calle y al contagio.

¿Qué es la desigualdad?

Para ahondar en el significado de la desigualdad, recurriré a Pierre Bourdieu para explicar las relaciones entre la sociedad, la cultura y la economía. Las preguntas que me llevaron a realizar esta investigación y reflexión fueron :¿cómo son las realidades ante esta pandemia que atacó a nuestro país? ¿Será que la desigualdad es una exageración o un problema meramente ambiental, económico o educativo? El sociólogo Pierre Bourdieu hizo un análisis sobre cómo se establecen las relaciones de poder a través de los rasgos económicos y culturales: 

Estructura estructurante, que organiza las prácticas y la percepción de las prácticas […] es también estructura estructurada: el principio del mundo social es a su vez producto de la incorporación de la división de clases sociales. […] Sistema de esquemas generadores de prácticas que expresa de forma sistémica la necesidad y las libertades inherentes a la condición de clase y la diferencia constitutiva de la posición, el habitus aprehende las diferencias de condición, que retiene bajo la forma de diferencias entre unas prácticas enclasadas y enclasantes (como productos del habitus), según unos principios de diferenciación que, al ser a su vez producto de estas diferencias, son objetivamente atribuidos a éstas y tienden por consiguiente a percibirlas como naturales1.

Las clases sociales se distinguen de acuerdo a su producción y distribución de bienes materiales y simbólicos de una sociedad. Lo anterior no es lo que nos hace pertenecientes a una clase social, sino lo que se considera digno o no de poseer y transmitir. El autor también explica que la cultura hegemónica se define así por motivos arbitrarios, sociales e históricos y así la posesión o carencia de capital cultural crea distinciones normalizadas que expresan las diferencias de clase, es decir, en medida que exista una relación entre las clases y cultura, se crean relaciones que se transmiten y se reproducen cíclicamente. Pero tal parece que este tipo de bienes culturales no solamente coexisten en la relación de creación y distribución, así, cada clase social responde a sus necesidades y a sus intereses de acuerdo a la estratificación social a la que se pertenezca.

El autor Néstor García Canclini, en su texto Desigualdad cultural y poder simbólico propone explicar el punto anterior de la siguiente manera:  la burguesía trata de justificar su consumo material y sus privilegios en lo simbólico, dejando de lado lo económico, donde entiende que lo importante es el consumo de lo cultural y no la producción de lo mismo, creando así un oasis en el que la desigualdad social no es algo meramente real sino que algunos cuántos les tocó. Para estos, la desigualdad no se adquiere, sino que es casi por mera decisión. También puede gozar casi como un don natural de la cultura, la educación, el arte, no meramente por una división (injusta) histórica de las clases sociales2.

La desigualdad en la educación

Con esta introducción de autores, me gustaría desviar la mirada no solamente a la desigualdad social y de clases que hace determinante que la realidad sea distinta para cada sector de la sociedad, sino también a la desigualdad que ha generado la educación a distancia.

Cuando el ciclo escolar comenzó, las y los niños mexicanos de educación básica tuvieron que enfrentarse a un nuevo sistema de clases por medio del internet y la televisión abierta, medios a los cuales no todos pudieron acceder. El autor Axel Didriksson compartió las siguientes estadísticas: “En el caso de México, de acuerdo con datos recientes, 56% de los habitantes no cuentan con conectividad ni con computadora; estas condiciones sólo las tiene 19% de la población de bajos ingresos, mientras educación y pandemia que en los estratos socioeconómicos más altos el porcentaje asciende a 89.7%. Incluso, sólo 17% de los estratos más bajos cuenta con un aparato de televisión”3.

Resulta ilógico que si la población no cuenta con los medios necesarios para la educación básica, estos sean los únicos ofrecidos para ello. También es importante pensar que, debido a esta crisis, el analfabetismo irá en incremento cada día que pase. Por otro lado, la mayoría de los niños que estudian en escuela de paga pueden tomar clases en línea, lo que les permite una ventaja y un aprendizaje más personalizado. Si bien esto marca todavía una mayor desigualdad, deberíamos pensar en el esfuerzo que las familias realizan para pagar una escuela privada y ninguno de estos individuos es culpable de la situación de salubridad a la que se enfrenta el país. Tristemente, no todos cuentan con las mismas oportunidades y no todos pueden aprovechar la educación de la misma manera. 

Precisamente esto sucede con los niños de escuelas públicas que se enfrentan a una realidad totalmente diferente, donde los conocimientos impartidos en la televisión son mínimos a lo que deberían ser Además, existe el problema de la falta de suficientes aparatos electrónicos; por ejemplo, si hay más de un niño en casa y sólo una televisión, esta no podrá ser utilizada por todos y en el peor de los casos, si no hay dinero, no hay luz y sin luz no hay clases. Por ello, el Estado debería proporcionar las herramientas para enfrentar esta crisis y poder ayudar a los que menos tienen con equipos de cómputo e internet, así como televisiones y decodificadores para la señal televisiva; incluso prestar atención y proponer soluciones concretas para las zonas rurales que no cuentan ni siquiera con electricidad. 

En 2019, el gobierno implementó una reforma al artículo 3 de la Constitución Mexicana para crear la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación4, la cual ha estado ausente estos últimos meses e incluso  desde antes que se iniciara la nueva estrategia de aprendizaje. Por otro lado, el gobierno asegura que todos los recursos se están destinando a hospitales; a la creación, importación y exportación de fármacos; a mejorar el sector salud, entre otros, dejando de lado el sector educativo.

Desigualdad, pobreza y salud

En un artículo de la revista brasileña Ciência y saûde coletiva afirman que el porcentaje de pobreza en América Latina aumentó de 27.8 % a 30.2 % en solamente tres años años, lo que se ha incrementado gracias al mal uso y la distribución de los recursos económicos, o el desempleo, así como otros factores como los étnico – racial, la edad y el sexo, entre otros5. Así, no sólo la desigualdad la podemos ver reflejada en las consecuencias que tiene sobre la educación, sino también la vemos en el sector salud.  Por ejemplo, entre menos ingresos se tenga, puede que la ciudadanía tenga que asistir a un hospital con menor calidad. En el caso de México, las y los usuarios deben tener un empleo fijo y haber cotizado al menos una semana en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) para poder acceder a los servicios de salud; en cambio, si es trabajador o trabajadora del sector público, podrá tener acceso a los servicios del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE). 

En caso de que los trabajadores no cuenten con un empleo fijo, pueden tener acceso al Seguro Popular, donde, si bien pueden encontrar a los mejores médicos del país, también pueden hallar el peor de los escenarios para adquirir medicamentos o los tratamientos a los que se pueden hacer acreedores son mínimos. En sí, no hay mucha diferencia actual entre el IMSS o ISSSTE, mientras que el atenderse en un hospital particular puede rondar desde los $40,000 hasta los $100,000 mxn6.  

En lo personal, considero que hay datos para saber que no toda la gente cuenta con una de estas tres instituciones de salud. En las zonas rurales, por ejemplo, la comunidad sigue recurriendo a la hierbera del pueblo para ayudar, mientras que en las zonas de “clase media” no siempre pueden pagar una consulta particular. El gobierno federal se ha encargado de decir que todos los casos de covid se han aminorado y controlado, pero sé por experiencia propia que las estadísticas han sido modificadas para presentar estas cifras, haciendo pasar actas de defunción de otras enfermedades, como el cáncer, clasificándolas como COVID-19.

Conclusión

La única conclusión positiva de este texto -y de la situación que estamos viviendo- es que la gente pudo ver un México más limpio gracias al confinamiento, debido a la poca circulación de carros, lo que ocasionó una baja en la contaminación ambiental, dejando que el aire y el entorno se purificaran; asimismo, algunas personas decidieron hacer deporte y actividades recreativas para mantenerse sanos, dejando abierta un poco de esperanza para prosperar y estar en un ambiente mucho más sano para con nosotros mismos.

Se han contado muchas cosas alrededor de esta pandemia y del confinamiento; todos lo hemos vivido de maneras distintas y no todos somos culpables de que este virus se siga esparciendo como pompas de jabón, pero lo que no debemos olvidar dentro de nuestro propio ensimismamiento es que la gente que no tiene los recursos la está pasando mal, que si está dentro de nuestras posibilidades deberíamos ayudar.

Es el momento en que como historiadores debemos hacer consciente a la sociedad y a las masas de la realidad de que la enfermedad existe y que la desigualdad es el pan de cada día en este país, que esto no sólo surge  por la insuficiente respuesta del Estado y de las mentiras de los medios, sino que también la responsabilidad para frenar los contagios queda en nosotros. Este texto puede servir como mirada introductoria y gráfica de lo que está sucediendo en este país, pero se queda corto con lo que verdaderamente es salir a enfrentarse día con día a la realidad de México. Espero que esta reflexión no sólo sirva como un trabajo académico, sino que ayude a crear un poco más de claridad y ganas de querer crear redes de apoyo para con los nuestros y con los demás.


Referencias

1Bourdieu, P. (1988). La distinción. Madrid: Ed. Taurus, p. 170-171.
2García Caclini, N. (1986). Desigualdad cultural y poder simbólico. México: ENAH, p. 19.
3Didrikson, A. (2020). Ante la pandemia evitar reproducir la desigualdad social y educativa. México: IISUE, p.158.
4Diario Oficial de la Nación. (2019). Programa Institucional 2020-2024 de la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación. Recuperado de http://dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5595269&fecha=19/06/2020
 5Abramo, L. Cecchini, S. Ullmann, H. (2020). “Enfrentar las desigualdades en salud en América Latina: el rol de la protección social”, Ciência & Saúde Coletiva, no. 25, vol 5, Epub: https://doi.org/10.1590/1413-81232020255.32802019
6Mendoza Escamilla, V. (2020, 21 de agosto). “Altos costos en hospitales y daño patrimonial a las familias, otra faceta del Covid-19”, Revista Forbes, sección Economía y Finanzas. Recuperado de https://www.forbes.com.mx/economia-covid-19-altos-costos-hospitales-privados-dano-patrimonial/


Nohemí Fernanda

Tengo 21 años y soy estudiante de la licenciatura de Historia en la FLyL. Mis mayores pasiones son escribir y leer. Mi propósito: humanizar, a través de mis textos, muchos de los temas cotidianos y hacer que la gente recuerde lo que más se olvida: nuestra historia. Me encantan los animales y pasar el tiempo con mis amigos, soy fan del pulque y de los conciertos. Me formé en la lectura desde que tengo memoria y me describo como una historiadora frustrada, una futura escritora de bajo presupuesto y catadora de textos y cuentos aleatorios.

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