En defensa de la sociología de la religión

Sociedad
Ensayo

Por Jimena Albarrán

Desde los comienzos de la institucionalización de la sociología, las grandes figuras de la disciplina abrieron un abanico de interpretaciones acerca de uno de los temas más ligados a la humanidad: la religión.

En la actualidad, nos vemos rebasadas y rebasados por los destellos de la tecnología y el sinfín de manifestaciones cotidianas del capitalismo en nuestra vida consuetudinaria e incluso íntima. No está de más mencionar que los procesos de secularización han tenido distintos impactos en las sociedades, aun así, el fenómeno religioso no ha desaparecido. “Secularización no equivale a desacralización” (Ramos, 1999: 193).

En este contexto, la sociología abarca, analiza, estudia y entiende muchos de los temas que hoy en día están presentes. Sin embargo, el tema de la religión por fuera se podría encasillar únicamente en el estudio de las religiones como las conocemos, pero también es parte de otros tipos de análisis, por ejemplo, en torno a la religiosidad o a distintas manifestaciones que a partir de las categorías que brinda esta corriente teórica se pueden abordar mejor. Es aquí donde se hace presente la importancia de esta disciplina teórica y metodológica. 

Ahora bien, es importante traer a la discusión el contexto actual en el que estamos inmersas e inmersos. Por una parte, la tercera fase del capitalismo, el globalismo, se nos impone como una manera de vida que configura muchas de nuestras acciones e ideales, una de las principales: el individualismo. No es casualidad que este fenómeno sea paralelo y perpendicular a la anomia, a la sensación de falta de pertenencia a un grupo o de vacío existencial. Y si esto permea en muchas de las personas, ¿por qué se siguen dando manifestaciones meramente colectivas? ¿Han cambiado sus lógicas? ¿Ahora se proclaman o funcionan a manera de diletantismo? En ese sentido, estas son muchas de las preguntas que responde la sociología de la religión.

Para continuar, por manifestaciones colectivas no se entienden únicamente las que emanan de prácticas religiosas, a estos análisis se podrían someter también movimientos políticos e incluso lo concerniente a dinámicas de grupos o de cohesión social, implicando también análisis en las formas más individuales, que no son más que internalizaciones de lo social. De esta manera, se abre toda una brecha para incluir a la sociología de la religión como herramienta para observar, preguntar y entender la realidad. 

Por otra parte, dentro de esta corriente el papel del símbolo y de los rituales tienen un abordaje importante, ¿de cuántos símbolos hacemos uso o nos identificamos con ellos? ¿Qué se denomina como ritual o no? ¿Llevamos a cabo rituales en los momentos más irreflexivos de nuestra vida?

El papel de los símbolos corresponde a la objetivación de los sentimientos encarnados y compartidos que emanan de la cohesión que se da en las formas colectivas en torno a un fenómeno y, también, de los rituales. En palabras del sociólogo José María Mardones:

El símbolo es un tipo de conocimiento y aproximación a la realidad invisible, a la realidad no disponible ni a mano. Immanuel Kant nos dirá que «símbolo es una exposición indirecta y analógica de lo que nos trasciende». El símbolo es el reino de la sugerencia, la evocación, la metáfora, la indicación. Nos hallamos en el ámbito de lo no poseído, de la realidad que se evoca y nunca se agota. De ahí que nos encontremos en medio de la imaginación creadora. El símbolo es el lenguaje de la trascendencia. (Mardones, 2003: 16)

En otras palabras, los símbolos son la materialización de los significados y valoraciones que se le otorgan socialmente.

Por otro lado, el ritual también se puede abordar de una manera completamente secular. Randall Collins toma el concepto de Émile Durkheim. En sus palabras, un ritual de interacción es el “conjunto de procesos que producen creencia, es una perspectiva intrínsecamente secular, trata con seriedad los actos de las personas religiosas, pero los interpreta de modo secular” (Collins, 2009: 55). Esto es, se pone de manifiesto que esta categoría puede utilizarse como un artilugio para variadas expresiones o problemáticas sociales.

De acuerdo con las dos definiciones anteriores, podemos imaginar un triángulo donde cada una de las aristas corresponden una al símbolo, otra al ritual y otra, finalmente, a los sentimientos e ideas. Aristas que se complementan e interrelacionan, que son parte de un proceso relacional.

Finalmente, estas son sólo algunas de las categorías que se pueden utilizar para aproximarse a muchos de los fenómenos que nos rodean en la vida cotidiana, colectivos e individuales.

El ser humano es esencialmente social y es por eso que en muchas esferas como en el arte o la ciencia no hay tintes de religión pero sí de religiosidad, por eso también es preciso traer a colación algunas de las expresiones que se pueden abordar desde este punto: aproximarnos a las acciones no legitimadas e incómodas en la sociedad tales como el terrorismo o la locura; las prácticas espirituales en el plano individual cada vez más crecientes; la rememoración y práctica de antiguas formas de conocimiento como la astrología; las prácticas ocultistas, esotéricas, la brujería; el ascetismo o las distintas elecciones de seguir ciertos ideales y llevarlos a cabo en un plano más allá de lo político como el veganismo o el feminismo; los grupos con gran cohesión social tal como las barras de fútbol; la pertenencia a un grupo y lo que eso implica. Es decir, son muchos los fenómenos a los se puede acercar esta rama del conocimiento.

Por eso, defender el uso de la sociología de la religión es indispensable para entender nuestro contexto no sólo en el ámbito de la academia, sino también para entendernos, de paso, a nosotros y nosotras mismas.

Bibliografía: 

● Collins, R. (2009). Cadenas de rituales de interacción: La sociología de la religión de Durkheim origen clásico teoría de los rituales de interacción (Juan Manuel Iranzo, trad.) Barcelona: Editorial Anthropos.

● Mardones, J. (2003). La vida del símbolo.  España: Editorial Sal Terrae.

● Ramos, R. (1999). La sociología de Émile Durkheim. patología social, tiempo, religión. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas-Siglo XXI.

Jimena Albarrán Rodríguez

Soy estudiante de sociología, afín a los temas de religión, política y arte. Me gusta mucho la poesía y la trabajo desde la corriente sociológica. Me gustan las plantas, el té y leer.

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