Un beso en la frente: soliloquio a dos voces

Cultura
Teatro

Por Abril Peña

¿Por qué nos es tan difícil ser empáticos? ¿Acaso necesitamos sentir el dolor en nuestra propia carne? Tal vez ese era uno de los objetivos de la directora, Isabel Toledo, y la dramaturga, Jimena Eme, al hacer la adaptación teatral del texto de Esther B. González, Un beso en la frente: sumergirnos en el relato para ser capaces de experimentar la angustia.

Esta obra de teatro cuenta la historia de una mujer, Ana, que sufrió violencia por parte de su marido y que debido a ella lleva ocho años en estado de coma. A través de la interacción entre las dos mujeres protagonistas, interpretadas por Tae Solana y Assira Abbate, se reconstruye el pasado y cómo fue que Ana llegó a ese punto. Fue presentada el año pasado en varios planteles de la UNAM para concientizar a los jóvenes acerca del grave problema de violencia hacia las mujeres que sucede en México, que muchas veces se invisibiliza, desgraciadamente, por la normalidad con la que se vive.

Las actrices se valen de movimientos sutiles y pequeños cambios en utilería para alternar entre tres personajes: Ana, su hija Eva y su madre. Estos cambios al principio no son tan obvios, pero conforme avanza la obra, se van entendiendo. Cuando una de ellas se pone los lentes: es la madre. Si se recoge el cabello: es Eva. Estas variaciones son las que pueden hacer tan rico al teatro. En esta ocasión, no fue necesario que cambiaran de escenografía, ni de vestuario, ni siquiera de actriz: la pura actuación fue suficiente para entender que se trataba de otro personaje.

Créditos de la imagen: Cultura UNAM

La obra es mayormente un diálogo entre ambas intérpretes. En ningún momento hacen alguna representación de las agresiones físicas, solo algunos ademanes, pero nada que involucre un indicio belicoso entre ellas. Predomina el lenguaje oral al contrario de las manifestaciones físicas que solemos relacionar con el maltrato, como empujar, cachetear, golpear. En lugar de mostrar lo obvio, más bien conoceremos los pensamientos de Ana. A través de su relato sabremos su experiencia y cómo experimentó la violencia. Hablar es también una forma de sanar. Como público, formamos parte de la recuperación de la protagonista. Somos su confidente. Tanto Solana como Abbate dan vida a Ana, dialogan su pensamiento interno. Personifican la batalla que todos peleamos contra nosotros mismos, con nuestros demonios.

En la primera parte de la obra, un gesto es el indicio de que Víctor, la pareja de Ana, la ha maltratado. Las actrices, de manera conjunta, se acomodan el pelo detrás de la oreja. Después, una de ellas narra cómo él la golpea en medio de la calle y pone su rostro sobre el escaparate de una tienda porque ella le da la espalda. En otra escena, están sentadas en un sillón, con ayuda de sus manos y de palabras intercaladas explican cómo él la patea y la pone contra la pared estando embarazada. Una le pone la mano encima del cabello, la presiona contra sus piernas, la otra mueve una pierna en gesto de dolor, se acurruca. Él le ha hecho creer que es insignificante, ya no ve a sus amigas y trabaja desde casa.

Escuchamos cómo una parte de Ana justifica el comportamiento de su pareja, el pensamiento que seguro la dominó en el momento de la acción, pero después está la otra Ana contándonos cómo sucedieron las cosas, que pese a las justificaciones que le da su otro yo, no volverá a ignorar y enterrar esos hechos en su memoria.

La música es una reiteración de tres sonidos: un rechinido, un golpe seco y tecleos de máquina de escribir, tal vez reflejando cómo la violencia en una relación de pareja no es un acto aislado, también es una repetición: es un ciclo. Una continuación de acciones que suceden en un contínuo, por eso es tan difícil escapar. En ocasiones, parece muy fácil u obvio aconsejarle a las mujeres que abandonen su situación. Creemos inverosímil cómo a pesar del maltrato, esa persona puede seguir ahí. La lucha interna del personaje hace ver al público que no siempre es tan fácil y que se requiere de un gran esfuerzo para lograr dar ese paso, porque la otra parte, con lo que dice y hace ha logrado que el otro se sienta insignificante. Si una mujer no se aleja fácilmente es porque su pareja le ha impedido tener redes de apoyo, además de menoscabar la confianza en sí misma. Algunas mujeres no cuentan lo que les sucede en la relación porque temen ser tachadas de débiles. “Algo que nunca vamos a hacer, Eva, es culparnos a nosotras por lo que hace Víctor”. No se culpa a las víctimas, se culpa a los agresores.

Crédito de la imagen: Cultura UNAM

El diseño de vestuario, a cargo de Natalia Sedano, es muy acertado. En la cinta Marriage story, Mark Bridges, su homólogo, fue cuidadoso al ataviar a Scarlett Johansson para que la audiencia evitara quedar atrapada en la superficialidad de su figura y, en su lugar, pudiera apreciar su actuación. De forma similar, en la obra, ambas intérpretes visten overoles de mezclilla amplios que previenen que su cuerpo se sexualice, pero sin dejar de lucir femeninas.

La empatía con el personaje de Ana conduce, al mismo tiempo, a una toma de conciencia por parte de la audiencia acerca de cómo se vive la violencia en pareja. La directora expresó al finalizar la función: “espero que esto no solo se quede en la empatía, sino que se convierta en acciones”. No abandonemos a nuestras amigas en su “relación tóxica”, no las culpemos por su situación, mejor tendámosles un puente. Hagamos posible que ese soliloquio se convierta en un diálogo.

Evidentemente les recomendaría que la fueran a ver en vivo, pero dadas las condiciones actuales no es posible. Así que si se quedan con las ganas pueden verla a través de este enlace. No es la grabación más óptima, pero aun así espero que la disfruten tanto como yo.

Abril Peña

Estudia Ciencias de la Comunicación en la UNAM. La plasticidad del lenguaje le maravilla e intimida al mismo tiempo. Si pudiera, aprendería todas las lenguas del mundo. Le encanta el sushi, ama las películas con muchos diálogos y se convierte en la más fan de las fans con cualquier cosa que la cautive. Recientemente cayó bajo el hechizo del K-pop, por lo que hablar de lo preciosos que son los integrantes, de sus flamantes coreografías, sus canciones pegajosas y el dominio mundial de Asia sobre el mundo son sus nuevos temas favoritos.

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