Padecer coronasomnia

Reflexiones
Créditos de la imagen: Megan te Boekhorst en Unsplash

Por Estefanía Cervantes

Siempre he sido “un animal nocturno”. Mis mejores trabajos ─y otros no tanto─ escolares los he escrito a mitad de la noche, mientras ─creo yo─ todas y todos están durmiendo. Pero ahora detesto no poder dormir en esas horas, mis ideas se han ido y me pregunto: ¿realmente todo el mundo está descansando, soñando y viajando en los brazos de Morfeo? Tú, que estás leyendo esto: ¿sigues durmiendo a tus horas? 

Desde que comenzó esta pandemia y con ello el inevitable e interminable confinamiento, por todos lados han salido un montón de estudios sobre la salud mental y el gobierno, no queriendo quedarse atrás, ha creado varias campañas donde anuncia las líneas donde las y los estresados y preocupados como yo pueden llamar para tener una o varias consultas con expertos de la salud de la mente. 

Alguna vez lo quise intentar. No me animé porque sentía que no merecía la atención, que mis sentimientos en ese momento eran pasajeros, que la tristeza que me ahogaba se iría y yo me sentiría libre otra vez. Pero los días pasaron y mis pensamientos se conectaban con el dolor que sentía de repente. Con ello, llegó el insomnio, algo no tan desconocido para mí. Por supuesto, los primeros días, las primeras semanas lo disfrutaba. ¡Por fin encontraba un tiempo para ver películas, para leer algo que no fuera de la escuela! No le veía lo malo; al contrario, me creía invencible y, gracias a ello, mis dedos reconocieron mejor a mi teclado, porque trabajaba únicamente con la tenue luz de mi computadora, ¿para qué molestar al resto de mi familia con las luces?

Pero pasados unos meses, descubrí que no me estaba haciendo ningún bien; ni siquiera en lo creativo. Yo, que escribía textos largos durante la madrugada, que veía películas y recorría hojas y hojas de libros e historias nuevas, me sentía cansada por la mañana, algo que no había experimentado antes. Me sentía desgastada, sin ideas nuevas, con el cerebro “seco” y dormido todavía. Dejé de dormir ocho horas seguidas; mi récord se convirtió en cinco horas. Las responsabilidades no podían esperar y eso me agotaba aún más. 

Después, platiqué con una amiga sobre el tema. “No eres la única”, me dijo. Explicó que durante los primeros meses de la eterna cuarentena, ella dormía como lo había hecho, pero que cuando esta excedió su plazo y todo se convirtió en la nueva normalidad. Las horas que pasaba despierta por la madrugada eran mucho mayores a lo normal y de repente había días donde no dormía nada. “¡Yo también!”, exclamé, la verdad un poco emocionada por encontrar una historia similar a la mía. Nos propusimos buscar tips para descansar mejor e intercambiarlos. 

Pero los consejos que ella me dio no me ayudaron. Es normal. Y es que existe un factor más en mi padecimiento, y es que mi mamá está en constante contacto con pacientes y enfermos de coronavirus o “el bicho”, como ella le dice. Esto me provoca mucha ansiedad y estrés, porque el riesgo de contagio es mayor y siempre está ahí. 

Sin embargo, quise seguir mi búsqueda para mejorar mi situación. Me propuse que lo último que haría sería tomar medicamentos para dormir, porque sabía por experiencia que, aunque me ayudarían, después pagaría las consecuencias. Durante mi indagación, encontré un término que le vendría a dar un pequeño toque de humor a mi desgastante padecimiento: coronasomnia. Es decir, el insomnio padecido a causa de la pandemia por COVID-19. Por supuesto, sufrir de insomnio no tiene nada de gracioso, pero creo que el nombre acaba aportándole un poco.

Gracias a lo que encontré, entendí más cosas: el insomnio y la mala salud mental es “una epidemia dentro de la pandemia”, de acuerdo con una doctora dedicada a la ciencia del sueño. ¡Y no podría estar más de acuerdo con ella! Es un padecer constante y general. Comprendí que muchas y muchos más se sentirían así y que no está mal sentirse cansada durante mi rutina diaria, porque ¡nada de lo que estamos viviendo es normal!

Si bien considero que las líneas de apoyo y las campañas de difusión sobre salud mental son útiles, necesitamos también entender que eventualmente todas y todos nos sentimos así, tristes por el futuro, cansadas y cansados por esa misma tristeza que nos inunda por la noche y no nos permite conciliar el sueño. No necesitamos campañas y que nuestros ─casi siempre ineficientes─ gobernantes nos digan: “¡Vamos a salir de esta como pueblo unido!” Nos URGE una concientización general sobre estos padecimientos y que nos dejen de decir “sólo necesitas dormir unas horas, vas a estar bien”, lo cual, en lo personal, me causa más dolor. Necesitamos que dejen de estigmatizar y romantizar todos los padecimientos de la salud mental.

A más de ocho meses de confinamiento y un sentimiento total de incertidumbre, sigo desvelándome, sintiéndome culpable por no entregar trabajos a tiempo o de calidad, por no priorizar actividades secundarias. Pero hay una diferencia, ya no esconderé mis sentimientos o mi cansancio y aceptaré que estamos ante un momento de total desconocimiento, y está bien no estar bien. Tú también deberías hacerlo, te lo recomiendo.


Números de línea de apoyo. Recuerda que no estás solx.

Línea de vida del Gobierno Federal: 800 911 2000

Línea de atención psicólogica UNAM: 5025 0855 o https://misalud.unam.mx/covid19/

Otras líneas dentro y fuera de la Ciudad de México: https://www.vozprosaludmental.org.mx/directorio-emergencia-covid19

Si conoces otro centro de salud mental o línea de apoyo psicológico, no dudes en dejarlo en los comentarios o contactarte con nosotras para agregarles a la lista.


Estefanía Cervantes

Comunicóloga en proceso por la UNAM. Está decidida a ser periodista. Le interesa desarrollar temas sobre seguridad, derechos humanos y crisis climática. Ama la investigación, la fotografía, mirar las estrellas y el buen vino. Su sueño más loco es convertirse en documentalista. Siempre lleva un libro en la bolsa. Adora que sus amigos le pidan recomendaciones de cine y música. Escribir se ha vuelto su más grande pasión. Tiene un gato llamado Magnus.

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