Entre la realidad y el deseo: ¿es posible alcanzar la positividad corporal?

Sociedad
Ensayo
Créditos de la imagen: Billie en Unsplash

Por Dulce María Perea

“La ‘liberación del cuerpo’ sólo será efectiva
cuando haya desaparecido la preocupación
por el cuerpo”.
—Le Bretón

Finalmente nos hemos adentrado en el siglo XXI. Poco a poco abandonamos la sensación de una nueva era, hemos sobrevivido a dos décadas de transformaciones cada vez más aceleradas en la mayoría de los ámbitos sociales, políticos y culturales del mundo. Es decir, hace veinte años, ¿quién se iba a imaginar que Los Simpsons predicaron la caricaturesca —y ahora grotesca— idea de Donald Trump como presidente de la principal potencia política y militar del planeta? 

La industria de la moda, la belleza y los cánones estéticos no son la excepción, dado que estos dependen en mayor medida de los ciclos acelerados del capital comercial. Un ejemplo es el fast fashion: tendencias rápidas que llegan y se van en un lapso menor a un año. Es por ello que, a estas alturas del partido, algunxs ya conocemos o tenemos noción del movimiento de positividad corporal, mejor conocido por su nombre en inglés como body positive. Ya sea a través de las redes sociales o de las campañas publicitarias que contratan modelos plus size, de alguna forma hemos comenzado a percibir un tono más inclusivo en la manera de representar a lxs cuerpxs que no entran en los cánones de la belleza patriarcal, colonial y capitalista. 

Ahora bien, pese a que el movimiento de corporalidades positivas se presenta como uno destinado a hacer que las personas se reconcilien con sus cuerpxs por no lucir delgados, altos,  jóvenes o blancos, por mi cabeza no dejaba de rondar el fantasma del escepticismo. Sucede así, no tanto por las intenciones del movimiento, sino por el contexto en el que vivimos, es decir, el del capitalismo tardío, en donde la subjetividad, los deseos y las aspiraciones poseen un aura de falsa individualidad. O de otra manera: ¿Que tanto es nuestro el deseo de aceptarnos a nosotros mismos? ¿Será posible alcanzar la positividad corporal? ¿Cuáles serán los límites del body positive? 

Esto se puede comprender con las palabras de la socióloga vasca Victoria Sánchez (2019), quien afirma: “Body positive es un movimiento social arraigado en la creencia de que todos los seres humanos deben tener una imagen corporal positiva; al hacerlo, desafía las formas en que la sociedad presenta y ve el cuerpo físico, pues el movimiento aboga por la aceptación de todos los cuerpos sin importar la forma, el tamaño o la apariencia”. En un sentido más general, se trata de que tanto hombres como mujeres, personas trans e incluso niñxs y ancinxs de todas las complexiones y rasgos físicos nos eduquemos en la aceptación de nuestra corporalidad y la de lxs otrxs. De igual manera, es necesario que exista representación en los medios de comunicación de todo tipo de cuerpxs y que estos dejen de ser discriminados, deshumanizados o que sean objeto de  humillaciones y odio.

Pero como bien opina la escritora feminista Melissa Fabello, cuando hablamos de aceptación corporal, también hablamos de opresión corporal, lo que nos lleva a prestar atención en las palabras: si hay positividad es por que de igual forma existe la negatividad. Y es que los hashtags de #BodyPositive en las redes sociales o los anuncios de Calvin Klein tendrán un mínimo impacto en la reflexión sobre las estructuras de dominación desde las que se imponen las corporalidades hegemónicas; por lo tanto, lo harán mucho menos sobre sus consecuencias en el plano psicosocial. Si rechazamos nuestra corporalidad es porque vivimos en una sociedad que sistemáticamente nos educa a sentirnos incómodos con ella, ¡lo aprendemos todo el tiempo porque lo hacemos a través de la propia socialización! Las mujeres conocemos muy bien ese proceso, ya que desde pequeñas nos percatamos de que nuestro valor radica en nuestra apariencia. 

La presión —u opresión— para vernos siempre delgadas, arregladas y con pieles perfectas la experimentamos en el ámbito familiar, en la escuela, en lo lúdico, en nuestras relaciones afectivas, etcétera. Hacemos lo posible por no vernos como el sujeto oprimido y rechazado: femenino, pobre, indígena, migrante; aunque en el fondo, todxs en mayor o en menor medida seamos ese sujeto.

Cabe señalar que el racismo, el machismo o el clasismo no se limitan a ser meras actitudes individuales, sino que devienen de un conjunto de relaciones de dominación históricas que ordenan nuestros comportamientos, deseos y percepciones. En resumidas palabras, así lo señala Victoria Sánchez (2019): “Toda forma de opresión corporal es una parte inherente de toda forma de dominación”. Pero incluso podríamos profundizar más al respecto, dado que, como Marx afirmó, el  capitalismo nos aliena de nuestros medios de producción y de nuestros medios de subsistencia.  Es decir, aunque nosotros producimos con nuestro trabajo, gracias a la materialidad de nuestro mundo no logramos reconocernos en él, no es nuestro, no lo elegimos tal cual es y este existe a imagen y semejanza de alguien o algo que no somos del todo nosotrxs. Esto pasa, por ejemplo, como cuando no vemos nuestro color de piel ni nuestros rasgos en las personas que nos venden x mercancía. 

Actualmente hemos llegado a niveles cada vez más agudos de alienación y así  como yo y todo aquel que haya sobrevivido a un trastorno alimenticio sabe que en la búsqueda de ser algo que no es, uno llega a desconocerse a sí mismo, a distorsionar todas sus relaciones, no sólo las que se tienen con los alimentos o con la corporalidad, aunque estas sean las principales. Nos enfrentamos a una sociedad que sistemáticamente nos desgarra y conduce a desconocernos de nosotros mismos, de nuestra historia, así como nos desconocemos en el fruto de nuestro trabajo. De esta forma, como con un movimiento casi esquizofrénico, la sociedad nos obliga a repararnos a través del consumo, del hedonismo narcisista que desborda a las redes sociales, para ser aceptados por otros sujetxs igual de rotos que nosotrxs. En la sociedad capitalista, colonial y patriarcal existe una doble tensión de la corporalidad: a su vez es medio de explotación y de consumo. Aquí, el cuerpo no es mera biología, es también una construcción social que se subordina a las estructuras de poder. 

Así pues, teniendo en cuenta el contexto en el que nos ubicamos, vale la pena contestar la pregunta que nos hicimos al inicio: ¿acaso es posible alcanzar una relación de paz y aceptación con nuestros propios cuerpos? Posiblemente la respuesta inmediata sería no —disculpen mi pesimismo y terquedad—. No, si no comenzamos a politizar al cuerpo: “Así como el marxismo pagano no agota su análisis en la perspectiva economicista, sino que amplía la discusión hacia una vertiente estética, en cuanto el cuerpo no es mera realidad inoperable, sino todo lo contrario, espacio de disputa, de resistencia y de flanco de la operación de las tecnologías de poder que producen subjetividad” (Sánchez, 2019).

Esto sencillamente quiere decir que el body positive debe interseccionar la lucha por desmantelar las estructuras de explotación y dominación del capitalismo, patriarcado y colonialismo. Seguramente me preguntarán “pero Dulce, ¿y eso cómo lo hacemos?”. Bueno, podemos empezar justamente por reconocer y señalar que no nacemos rechazando nuestra corporalidad, sino que lo hemos aprendido a través de relaciones de dominación. Como señala Camille Mella (2017) en la siguiente cita: “No podemos hablar de positividad corporal sin ser feministas”. A esto, yo agregaría también que no podemos discutir el tema sin posicionarnos como anti-racistas y anticapitalistas.

Como dice un compañero que trabaja masculinidades, otra forma de lograrlo sería reapropiándonos de los espacios de producción de imaginarios colectivos, de belleza y de lo simbólico, verdaderamente democratizarlos. Esto quiere decir que no basta con que se contraten modelos indígenas o con pesos corporales normales —pensando en el peso promedio de la población— ni con que se deje de photoshopear las cicatrices o las estrías en las editoriales de revistas o proyectos de moda. Poco va a tener el impacto de estas pequeñas pero valiosas acciones de representación si las industrias de la moda y de la belleza permanecen en manos de los mismos hombres blancos, ricos, provenientes de países centrales; los límites del body positive los impone la propia lógica del mercado.

Cuando la representatividad de lo diverso deje de ser rentable, de estar hype, nada nos va a garantizar que no regresemos a los vicios de siempre. Recogiendo lo más importante, se necesita una verdadera democratización de lo que significa ser bellxs. Bien dice Victoria Sánchez que no hay que perder de vista que la industria de la belleza jamás te validará: “La búsqueda de la representación de ‘mujeres reales’ en la industria de la belleza se considera una pérdida de tiempo. La industria cosmética, textil, nutricional (…) se alimenta y beneficia de las inseguridades de mujeres y hombres, promoviéndolas y financiando campañas de publicidad y marketing a su favor. Si la industria de la belleza les dijera a los consumidores que son perfectos tal y como son, sería contraproducente para ellos y su economía” (Sánchez, 2019).

Me parece que el body positive comienza cuando dejamos de dotar a la corporalidad como objeto de valor y de intercambio, cuando nos posicionamos frente a ella y somos conscientes de la dominación que nos oprime,  que nos atraviesa y de la cual también hemos sido partícipes. Hay que arrancar el body positive de las garras del capital comercial, del marketing y de la subjetividad narcisista y autorreferencial que producen las redes sociales. Hay que politizar y apuntar constantemente hacia sistemas de opresión de los que deviene su negatividad. Es ahí donde puede lograr tener un carácter verdaderamente subversivo, un carácter emancipador. 


Referencias

-Mella, Camille (2017, 3 de octubre). “Tres razones por las que no podemos hablar de positividad corporal sin feminismo”. # La Rebelión del Cuerpo, sección Feminismo. Recuperado de http://larebeliondelcuerpo.org/2017/10/03/tres-razones-no-podemos-hablar-positividad-corporal-sin-feminismo/ 
-Pavón-Cuéllar, David (2020, 25 de junio). “El capitalismo devorando a sus hijos”. Blog David Pavón-Cuéllar. Recuperado de https://davidpavoncuellar.wordpress.com/2020/06/25/el-capitalismo-devorando-a-sus-hijos/
-Sánchez Salcedo, Victoria Helena (2019). El Body Positive: Una Representación Social del Cuerpo. España: Universidad del país Vasco. Recuperado de https://addi.ehu.eus/handle/10810/37444
-Waisman, Eva (2020, 12 de enero) “Body positivity has had its day. Let’s find peace with ourselves” [en línea]. Periódico inglés The Guardian, sección Life and Style. Recuperado de https://www.theguardian.com/lifeandstyle/2020/jan/12/body-positivity-has-had-its-day-lets-find-peace-with-ourselves


Dulce María Perea

Estudió Geografía en la UNAM. Es especialista en Geografía Económica, Geopolítica y Demografía. Le interesa escribir sobre feminismos, masculinidades, marxismo y psicoanálisis. En su tiempo libre le gusta ver películas y anime con su gatita, estudiar japonés, maquillarse y probarse ropa por las madrugadas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s