Agresor y víctima, la relación perfecta. Una mirada a la violencia psicológica en el noviazgo

Sociedad
Reportaje

Por Karime Arias, Estephany Aviña,
Lendaly Elizalde y Karla Mundo

Las películas románticas, a través de los años, se han encargado de vender una imagen del amor incansable y perfecto. La idea del amor romántico puede estar presente en muchas parejas; la idealización de las personas lleva a crear expectativas de las mismas que, en ocasiones, desencadena una serie de decepciones cuando no se cumplen. La relación al inicio parece perfecta, pero poco a poco comienza a trastornarse.

Los celos, la manipulación, el chantaje, la prohibición y la presión comienzan a hacerse presentes dentro de las relaciones. En ocasiones, se llegan a normalizar tanto que se comienzan a tolerar diferentes conductas violentas, la mayoría difíciles de identificar. Acciones, palabras y comportamientos que actúan sin dejar huella. Así funciona la violencia psicológica, un virus social cada vez más común en el noviazgo mexicano.

Y vivieron felices para siempre… ¿o no?

La violencia psicológica es la primera conducta agresiva en presentarse dentro de una relación violenta, escalando cada vez más hasta llegar incluso a los golpes. Tal es el caso de Armando Montes, quien a sus 20 años vivió una relación así. La química con su pareja era innegable y ambos creyeron que habían encontrado a la persona correcta; sin embargo, conforme pasó el tiempo, la relación comenzó a tener problemas. Estas situaciones a primera vista pasaban desapercibidas, pero cada vez eran más frecuentes.

El joven universitario cambió las risas y los buenos ratos con su ex novia por gritos y reproches ocasionados por los celos de ella. “Comenzó con microactitudes y terminó con difamación. Me golpeaba en público y no me defendía por temor de que me acusaran de violencia de género. No le gustaba que me juntara con mis amigos de la facultad o en los scouts, prácticamente estaba vigilado”, cuenta Armando.

La violencia escaló al punto de recibir humillaciones y golpes para no terminar la relación, recuerda el joven: “La última golpiza que recibí fue en el Metrobús Hamburgo; una vez en su casa me estaba asfixiando al punto de que sentía que iba a morir. Al final se revictimizaba y creía que yo era el problema”, dice. 

La recurrencia de estos actos y el no denunciarlos cuando suceden radica en lo normalizadas que están este tipo de actitudes en el noviazgo, como lo comenta Aidee Rodríguez Serrano, psicóloga especializada en temas de pareja y violencia en el noviazgo: “Esto tiene que ver con el mito del amor romántico y en cómo tenemos introyectado el tema del amor, me cela porque me quiere, me está protegiendo. Es el ‘eres mi media naranja y vamos a estar juntos para siempre’”.

En México no existen datos actualizados ni estadísticas sobre la violencia ejercida hacia los hombres, como lo es en el caso de Armando. Sin embargo, de acuerdo con datos del Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA), la violencia se presenta en un círculo vicioso donde hombres y mujeres se encuentran atrapados. 

La violencia no distingue orientación sexual, como por ejemplo en el caso de Ruth Bautista, una joven que tenía con 17 años cuando comenzó la relación con su ex novia. Ella siempre fue una persona muy sociable, mientras que su pareja no contaba con muchos amigos, lo que ocasionó que después tuvieran problemas. 

Cuando iniciaron su noviazgo llegó el sentimiento de incomodidad por la falta de espacio. “Había ocasiones donde yo me sentía un poco sofocada, quería salir sólo con mis amigos pero ella siempre estaba ahí. Al principio pensaba que era normal y que teníamos que estar juntas, no obstante, me hizo sentir mal varias veces por querer salir con mis amigos”, menciona Ruth.

En el país, las instituciones educativas y los espacios de socialización se señalan como los principales sitios para el cortejo, según datos de la Encuesta Nacional sobre Violencia en el Noviazgo (ENVIN). El 36 % de los casos ocurre en la escuela, 18 % en la calle y sólo el 14 % en una fiesta. La relación de Ruth comenzó en la escuela, al igual que la historia de Marialejandra Sánchez.

La joven mujer conoció a Beto en 2017 y su relación comenzó gracias a que tenían amigos en común e iban a la misma universidad. Su primer acercamiento fue por redes sociales y era muy bueno, pero el problema surgió cuando empezaron a salir, pues desde las primeras citas comenzaron a manifestarse ciertas actitudes controladoras de él.

Marialejandra recuerda que la principal prohibición que estipuló su pareja era respecto a su imagen: “Durante todo el tiempo de la relación dejé de subir fotos o selfies a mis redes, precisamente para que él no pensara que estaba buscando la atención de otras personas. En algún momento me amenazó porque me dijo que si yo subía fotos era porque quería atención de otros hombres”, comenta.

La característica en común de estas historias es que forman parte de los 3 de cada 10 adolescentes que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), denuncian que han sufrido cualquier tipo de violencia durante el noviazgo. Ruth y Marialejandra vivieron relaciones con violencia psicológica, mientras que Armando, aparte de esta, también sufrió violencia física.

¿Cómo se manifiesta la violencia en el noviazgo?

De acuerdo con información del Centro de Prevención y Control de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés), la violencia en el noviazgo se define de la siguiente manera: “Cualquier tipo de agresión física, sexual, emocional o psicológica que se produce dentro de una relación de noviazgo, incluyendo el acoso. Puede ocurrir en persona o de manera virtual y se da entre la expareja o la actual”. En la mayoría de los casos, la violencia en la relación de pareja se inicia en la adolescencia y juventud y es precisamente en las relaciones de noviazgo, gracias al proceso de socialización y la adquisición de las identidades y roles de género, que se ven cristalizados en esas etapas de la vida. 

En una entrevista realizada por el periódico El Universal, la investigadora de la Facultad de Psicología, Dolores Mercado Corona, señala que los adolescentes suelen tener comportamientos violentos sin ser conscientes de ello. Esto sucede debido a que el cerebro no madura hasta después de los 20 años, ocasionando que no haya un autocontrol de sus emociones. Según datos de la organización de la sociedad civil Break the Cycle los jóvenes entre las edades de 18 a 24 años experimentan los rangos más altos de violencia entre pareja.

El novio de Marialejandra comenzó a prohibir algunas situaciones: no sólo se trataba de las fotografías en redes sociales, sino también de cuestiones físicas; por ejemplo, en una ocasión la joven comentó que le gustaría operarse, a lo que su pareja agregó: “Si tú te operas, esto se acaba, porque para mí las mujeres que se operan son unas golfas, unas teiboleras”. Él constantemente la manipulaba para hacerla sentir culpable, sugiriendo que sus acciones pretendían obtener la atención de otros hombres. 

Créditos de la imagen: cortesía de las autoras

Conforme a la información en el libro Amar a Madrazos, de Alejandra Castillo y Moisés Castillo, se entiende como violencia psicológica al abuso emocional, verbal, disminución de la autoestima  hacia una o varias personas, entre otras características.

La violencia psicológica se puede observar mediante gestos, humillaciones o devaluaciones, como en el caso de Marialejandra y Ruth, e insultos como en el de Armando, hasta escalar a la violencia física. Beto nunca golpeó a Marialejandra, pero sus palabras y acciones le hacían más daño del que él creía y la hacían sentir responsable del maltrato que ejercía sobre ella.

“Cuando él manejaba y yo iba de copiloto ponía música, pero siempre me decía que si se dormía y chocábamos, sería mi culpa por lo aburridas que estaban las canciones. Si ponía mis pies del lado izquierdo y su mano chocaba al cambiar las velocidades, me aventaba las piernas y él decía que su forma de ser era así por mi culpa, que si yo no fuera así, no habría necesidad de ser tan grosero”, recuerda Marialejandra.

Perfil: ¿se nace o se hace violento?

De acuerdo con la ENVIN, en 2007 las cifras respecto a la violencia psicológica arrojaron que el 76 % de los jóvenes son víctimas de esta. Este tipo de violencia se da en un 76.3 % de las relaciones, en un área urbana y un 74.7 % de las mismas en una rural. Existen cuatro niveles de violencia y todos los jóvenes lo viven en diferentes grados, ya que el 41% de las mujeres sufren violencia psicológica mientras que los hombres un 39.5 %.

Claudia Chagoya, especialista en violencia psicológica contra la mujer, considera lo siguiente: “El hombre violento o las personas violentas, no nacen violentas, aprenden a ser violentas. Y lo hacen a partir de un sistema violento, mismo que venimos arrastrando de milenios. Si lo englobamos en un perfil psicológico, creo que ahí nos encontramos todas y todos, porque todas y todos ejercemos la violencia”, explica.

Según las entrevistas realizadas en la ENVIN 2007 en 21.3 % de los hogares de los jóvenes había insultos. Del porcentaje anterior, 55 % corresponde a hogares urbanos y 45 % a hogares rurales. Esto significa que ese porcentaje de jóvenes vienen de un hogar donde la violencia es vista como una práctica normal en su convivencia diaria, razón que puede tener como resultado que el 80 % de los jóvenes que han sido agredidos por su pareja no percibieran estos incidentes como violencia.

La geografía mexicana de la violencia

Créditos de la imagen: cortesía de las autoras (basada en Panorama de violencia contra las mujeres. ENDIREH 2006)

Secuelas de la violencia 

Los daños provocados por la violencia psicológica pueden ir desde trastornos mentales hasta la muerte en el peor de los casos, de acuerdo con la especialista Aidee Rodríguez: “Se presentan trastornos mentales como lo es la ansiedad, la depresión o la fibromialgia, que es grave. Dentro de las más considerables es perder la vida por una cuestión de intentos de suicidios o porque la violencia llegó a un punto donde ellos son los que deciden terminar con su vida, incluso se pueden desarrollar trastornos de conducta alimentaria o  autolesiones”. 

Para Dolores Mercado cualquier daño que pueda ser provocado por estar en una relación violenta resulta grave. Detrás de estos, la psicóloga considera que hay un poco respeto por el “yo” de la persona, derivando en humillaciones y faltas de respeto, lo cual provoca que la autoestima de la víctima se vea perjudicada y con ello su salud física también y que le ocasiona enfermedades. 

Marialejandra había dejado muchas cosas de lado con tal de no perder su relación. Su autoestima era constantemente atacada por Beto debido a sus prohibiciones; interrumpió su tratamiento de ortodoncia, no realizaba dietas porque a él le molestaba y sus problemas habían provocado que ella aumentara cada vez más de peso. “Por no querer perderlo, me terminé perdiendo a mí”, comenta.

Armando constantemente se sentía humillado por su pareja. Su entonces novia lo insultaba en público y minimizaba su sentir; la ocasión en que lo golpeó en el Metrobús, mientras él lloraba, ella le gritaba: “¿Por qué lloras?, sólo los putitos lloran, sí, ya me imaginaba que eras putito”. Las agresiones que él vivía lo hacían sentir que ya no podía continuar más con una carga tan grande como lo era su noviazgo.

De acuerdo con las especialistas, antes de acudir a un tratamiento adecuado para su situación, deben reconocer la posición en la que se encuentran tanto en el caso de la víctima como en del agresor. En el caso de ser agresor, la persona debe aprender a controlar sus impulsos agresivos; posteriormente, debe aprender a respetar el derecho de los demás, para así no desarrollar relaciones de poder y sometimiento. 

En el caso de las víctimas se debe sensibilizar, visibilizar la violencia para que reconozcan que están en una situación que no es aceptable y aprendan que ellos tienen la fuerza y la capacidad para detener la violencia. “Habrá que ayudarlos a que desarrollen estrategias para detener la violencia y también hay que trabajar con el miedo que tienen las personas a perder la relación, a perder a la otra persona. Muchas veces no se quiere a la persona como tal, lo que se quiere es la relación. Lo que está ahí en la construcción social de la pareja”, menciona Mercado. 

Armando tuvo que acudir al psicólogo hace un año, después de haber sido acusado de acoso por parte de su ex pareja quien aún lo buscaba para hostigarlo. Su psicóloga lo ayudó a entender las razones por las cuales había permitido que su pareja ejerciera violencia sobre él y, tras haber perdido la confianza en las demás personas, el joven aún continúa trabajando en ello para su persona así como para futuras relaciones. 

Después de todo, Marialejandra se siente feliz de haber salido de una relación que la había lastimado tanto. Actualmente lleva un año con su nuevo novio y menciona que realmente ella no se había percatado de la violencia que había vivido con Beto hasta que inició una nueva relación. 

Ruth considera que tras haber experimentado chantaje emocional por parte de su ex novia, ahora es capaz de identificar conductas violentas, lo que le permite enfrentar la situación y no consentir que alguien la agreda: “Con el tiempo te vas dando cuenta de que realmente era una felicidad disfrazada, un amor romántico muy conservador, que fue bonito sí, pero muy posesivo y a la larga codependiente, insano y agresivo. Ahora me siento mejor, feliz de salir con mis amigos, de disfrutar de mí misma y mi compañía”, concluye. 


Este reportaje fue realizado el 17 de julio de 2020.

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