¡Hola, Santa!

Creación Literaria
En la fotografía Priscila Torres abraza a su hermano Aarón: “Le tengo un gran aprecio a esta foto, pues es una foto muy especial por estar junto a mi hermano Aarón. Hace unos meses decidió partir y muy dignamente regresó al cielo. ¿Por qué decidí subir la foto para ilustrar el cuento? Porque mi hermano es una de las estrellas que me cuida desde arriba”. 

Por Priscila Torres

Dedicado a Aarón Alberto Torres Pérez

Comienzan las fiestas decembrinas en la Ciudad de México y aunque el virus sigue circulando por las calles, muchas casas podían verse iluminadas por las luces de colores que adornaban a los árboles. Desde el cielo Santa veía como algunas personas estaban tristes, pues esta navidad para ellos iba a ser distinta, por lo que comenzó a preparar regalos especiales para todos ellos. Metió en unas bolsitas pequeñas polvos de esperanza, amor, fe y alegría. El buen Santa esperaba el día para bajar a la ciudad y contagiarles esas ganas de volver a sonreír. 

Mientras el día de navidad llegaba, una pequeña niña miraba al cielo en busca de esas estrellas que siempre iluminaban su camino para pedirles un deseo. Santa la miró lleno de ternura y guardó el telescopio para anotar el deseo. Él la volvió a divisar y notó que se había quedado dormida, por lo que con una nube de amor la cubrió. 

El enorme hombre del Polo Norte comenzó a observar a los niños de la ciudad y a leer muy atento las cartas que le hacían llegar. En todas leyó que deseaban volver a ver a sus amigos y salir a la calle sin la mascarilla. ¡Ya les urgía jugar en el parque! Otros pequeñines querían curarse de su enfermedad y le pedían medicinas. 

La Navidad ya estaba presente en México por lo que se podía ver a Santa estacionando el trineo. Llegó a los hospitales a dejar medicinas y caramelos, pero no olvidó comerse las galletas y tomar todos los vasos con leche. Con la barriga casi llena fue a buscar a los renos para ir a las casas de las personas que necesitaban los polvos mágicos. En ellas no había luces, ni nacimientos. Santa entraba con cuidado para no ser escuchado y poder dejar debajo de las almohadas las bolsitas con los polvos mágicos. 

Dejó al final la casa de la niña que día atrás escuchó pedir el deseo a esas gigantescas estrellas. ¡No había nadie despierto! Al estar Santa en la habitación de la pequeñita las perritas que cuidaban su sueño simplemente movieron la cola por la emoción que les dio el verlo. Se quedó unos minutos viéndola dormir hasta que la niña abrió los ojos y saltó a sus brazos.

—¡Hola, Santa!

El deseo de la niña era abrazarlo y el de Santa poder decirle que esas estrellas del cielo siempre la están cuidando. 

FIN. 


Priscila Torres

Descubrió su pasión por la escritura gracias a Adriana Bernárdez. Trabajó con Anne Labrousse, escritora y fotógrafa francesa. En el 2019 impartió una clase para Nike sobre cómo escribir un artículo de moda. Concursó en una convocatoria para Omasihh y sus cuentos fueron seleccionados. Actualmente da un taller de escritura dirigido a niños pequeños. En él, los pequeños dibujan al terminar de escuchar cuentos.

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