Celebremos lo positivo

Género
Ensayo periodístico
Créditos de la imagen: lucia en Unsplash

Por LESA

La Marea Verde está tomando cada vez más fuerza en todo el mundo. Basta con mirar a las compañeras argentinas: el pasado 30 de diciembre de 2020 lograron la aprobación a la propuesta para legalizar el aborto en las primeras 14 semanas de embarazo. Por fin entró a la conversación internacional el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo. Las consignas se escuchan en todos los rincones del continente: “¡América Latina será toda feminista!”.

Sin embargo, no hay que celebrar el aborto. Celebremos que tenemos, por derecho natural, la facultad de decidir sobre nuestro cuerpo; celebremos que las autoridades del sector salud están atendiendo un tema que habían dejado olvidado y, peor aún, que habían visto con recelo y desapruebo. Celebremos lo positivo, pero no celebremos el aborto.

No veamos con alegría la decisión de abortar, no lo romanticemos. Acompañemos o vivamos el duelo y todo el complicado proceso cerca de la mujer que tiene que pasar por tal calvario. Seamos un soporte o un pañuelo de lágrimas si es necesario, pero no disfrutemos de tal decisión. No nos mostremos visiblemente felices o hagamos burlas al respecto.

Nadie, a excepción de ella, sabe lo que una mujer siente al tomar esa difícil decisión. El estado de vulnerabilidad en el que se encuentran las mujeres que pasan por ese proceso es enorme; algunas de nosotras tenemos el temple mental para no dejarnos caer, pero hay otras más que no corren con la misma suerte. Seamos empáticas y empáticos, no seamos presas de la insensibilidad.

Cuando hables del aborto con diversión piénsalo dos veces: tú no sabes si la mujer que está a tu lado ha tenido que tomar esa decisión; no sabes si tu madre o tu abuela tuvieron que pasar por la clandestinidad. Las heridas que no vemos son las más difíciles de sanar y las secuelas mentales duelen hasta el alma. Pensar si lo que hiciste estuvo bien, despertar a la mitad de la noche sintiéndote culpable, creer que si le cuentas a alguien te mirará con desprecio o incluso sentir que ya no tienes valor como mujer por tu decisión.

Las lágrimas siguen presentes, aunque hayan pasado dos, cuatro e incluso veinte meses completos. El vacío en el pecho aparece de repente, nadie quiere sentirlo, yo no quiero sentirlo, pero está ahí y no desaparece, solo se esconde momentáneamente y te hace sentir que ya no estás rota.

Apreciable lectora o lector, piensa con detenimiento las palabras y los memes que compartas respecto al tema. Las mujeres que han pasado por tal proceso saben que no hicieron nada malo, así como quienes ven la situación desde afuera, sin embargo, eso no significa que los prejuicios no hayan dejado estragos en las vidas de quienes tomaron esa difícil decisión. Nos educaron para sentirnos mal por tomar decisiones sobre nuestro cuerpo.

La palabra aborto me hace estremecer cada vez que la veo escrita en cualquier lugar. La sensación de estar sola, acostada en una camilla, con el corazón acelerado a mil por hora y la incertidumbre de que algo malo pueda pasar, son situaciones que no le deseo a nadie. La clandestinidad le agrega a todo esto al miedo a ser descubierta y reprendida por el mero hecho de tomar una decisión que, desde el primer momento, no fue sencilla.

Qué fácil es opinar desde el exterior, reír con los chistes de las “mata bebés”, compartir memes que cuentan que disfrutas acompañar a tu amiga a que le realizaran un a aborto. Pero piensen un momento en esa niña de 16 años que fue obligada a tener relaciones sexuales y se siente asqueada consigo misma o en esa joven que no tuvo educación sexual y teme estar en una clínica, pero le tiene más miedo a la reacción de sus padres.

No vengo aquí a ser jueza de la moral colectiva, vengo a externar el sentir de una mujer que tuvo que pasar por todo el proceso de escuchar dichos chistes de personas que no tienen idea de lo que vivió. Estoy agradecida de que tuve el privilegio de tener acompañamiento, pero con el corazón roto de que aún existen miles de mujeres que pasan por todo el proceso solas, escondidas del ojo público y en la clandestinidad.

Por favor, no celebren el aborto. 


El equipo editorial de Escritoras Universitarias agradece profundamente la confianza que la autora nos tuvo para compartir su experiencia y admiramos muchísimo a todas aquellas mujeres que han luchado y levantado su voz para que podamos ejercer nuestro derecho a decidir.
Estamos comprometidas para que este espacio sea seguro y una red de apoyo para quien lo necesite.

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