Mariposas de colores

Reflexiones
Créditos de la imagen: Evie Shaffer en Pexels

Por Diana León

La combi viene llena y, como siempre, un pequeño espacio es lo que me dejaron. Mientras los hombres ocupan con sus piernas abiertas un gran tramo del asiento, examino a cada uno de ellos: hay algunos jóvenes como yo y otros ya son mayores, con la mirada cansada y los sueños arrastrando. Cada uno en su mundo, imaginando, soñando, creando, extrañando, mientras cruzamos el Estado de México y llegamos a la Ciudad de México.

La gran ciudad, como si fuera el sueño americano de las y los de la periferia, el lugar de las oportunidades, dicen; esa que nos lleva horas y horas atravesar y que nos quita el tiempo de la comida, las horas de sueño o de ocio. Sin embargo, también arriesgamos la vida para llegar a ella, empacamos nuestras mochilas o maletas con nuestros materiales de trabajo y estudio y emprendemos un viaje del cual no sabemos si habrá retorno.

Llegamos a la parada y paso por los puestos de dulces, todos se ven tan deliciosos y me recuerdan a mi infancia, cuando regresaba de la escuela y antes de abordar mi camión a casa, mi abuela me regalaba uno. A veces pienso en comprar algo para mi viaje en el metro, pero detenerme me quitaría tiempo, mismo que ya no tengo, porque le pertenece al caos de la ciudad, sus accidentes, sus fallas, pero también a mis metas, a la escuela, mis ilusiones y hasta el futuro.

Y mentiría si digo que solo no me detengo por eso, lo hago por miedo a que alguien tome mi cuerpo, me sostenga, agarre una parte de mi cuerpo o me diga algo obsceno. Hay mucha gente, pero sé que no harían nada por mi y eso me entristece, me hace planificar mi vida, repensar mis movimientos, mis acciones, mis propias decisiones, que ya no sé qué tan mías son.

Bajo las escaleras del subterráneo en chinga, también cruzo a prisa el pasillo, pongo la tarjeta para pasar los torniquetes y así correr hacia el área de mujeres, donde siento algo de seguridad. Ahí veo a puras morras y señoras y me da paz. Aunque estamos cansadas, enojadas, tristes, melancólicas, seguimos resistiendo. 

Desde nuestra posición como mujeres en este país feminicida, pero también como morras del Estado de México estamos enfrentando nuevos miedos, desigualdades, crimen organizado y mil cosas más de las que nadie se atreve a hablar. Debemos dedicar tiempo a llegar a un nuevo lugar, porque quizá soñamos con salir de donde nacimos y regresarles a nuestras madres y padres algo de todo lo que sacrificaron por nosotras, para así volar más alto y comenzar de nuevo. 

Necesitamos florecer como mariposas en plena primavera, llegar a las flores y aletear, para que así nadie nos pueda sostener o nos detengan los pies, porque todas soñamos, ya sea en el transporte, cuando caminamos, corremos por las calles, estudiamos o escuchamos música en la parada de la micro. Solo que no lo podemos contar, porque si lo decimos, quizá nuestros sueños no se hagan realidad.

Pero en fin, el metro avanza y la vida también, y mientras no se detenga para siempre, seguiremos resistiendo, soñando, creando, planeando nuevas rutas de seguridad e ilustrando un nuevo lugar, en donde no estemos atrapadas en condiciones que no hemos elegido, y que así no se nos vaya la vida en ello, para que podamos volar hasta las nubes, mariposas de colores.


Diana León

Soy una morrita que estudia Sociología. Me gusta escribir en mis ratos de inspiración. Bailar y cantar a todo pulmón me relaja en mis días de estrés. Amante de los perritos, el chocolate y la crema de cacahuate.

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