Inventarse vidas es otra forma de vivir

Creación Literaria
Imagen cortesía de la autora

Por Karen Uribe

Si dentro de cuarenta años me hicieran las preguntas ¿quién fuiste?, y ¿en qué te has convertido? Probablemente sabría la respuesta. O al menos eso espero, porque ahora tengo la certeza de las partes que componen lo que soy. Soy imaginación. Mi cuerpo entero lo es. No me refiero a la creatividad artística que parece encontrarse contenida en un grupo selecto de mujeres, o a la inspiración repentina que aparece cuando más lo necesitas, como figura en las películas de Hollywood. Soy el tipo de pensamientos intrusivos que se cuelan en las noches cuando estoy a punto de dormir. Soy el tipo de imaginación que le encanta soñar despierta e inventarse historias de ensueño mientras camina por la calle con altas probabilidades de tropezar.

La noche, a la que curiosamente se le adjudican los sueños, es el único espacio de tranquilidad para mi caótica mente. Me encuentro soñando despierta. Aunque eso implique confundir la realidad, porque de vez en cuando se convierte en felicidad espontánea. Esa que electrifica los músculos y corre por las venas como morfina, porque adormece cada centímetro de mi cuerpo. Con el espíritu tan alto que la loca de la casa baila alrededor del cuarto de los pensamientos como si nadie la estuviera observando. Crea escudos contra las agujas que persisten atravesar mi corazón. Porque también soy tristeza y llanto.

La mayoría del tiempo me encuentro al borde del precipicio con la inminente duda de cada uno de mis movimientos. Gracias a ello soy palabras. Fluyen en mi cabeza como un torrente de agua en el que continuamente me encuentro en riesgo de asfixia. Si no fuera por mis libretas, probablemente terminaría hundida en el vasto océano de mis pensamientos. Posiblemente aun ahí, en lo más profundo del agua, seguiría soñando. A veces me resulta difícil recordar mis memorias porque no sé si las he vivido, si las he imaginado o si tal vez solo las he escrito.

Afortunadamente, no lo veo como un aspecto de debilidad, sino la manera más real de mostrarme al mundo y gritar: ¡Esta soy yo y en esto me convertiré cuando deje de existir! Seré el clamor del desconsuelo en los recuerdos de las personas que me amaron. Porque las vidas que imagino también son vida. Escribo al tiempo que siento y probablemente siento más rápido de lo que escribo. Por eso he aprendido a encontrar cierta belleza en los textos escritos sin estructura, redactados a la par de nuestros pensamientos, porque si las emociones fluyen sin reglas, ¿por qué al escribirlas tendríamos que estructurarlas?

Cuando las autoras más famosas escribieron sus novelas, no lo hacían con la intención de vender. Eran mujeres normales como yo, con una pluma en la mano y al alcance de una libreta, un pedazo de papel o incluso una servilleta en la cual ordenaban sus pensamientos, daban forma a sus vidas imaginarias y adormecían sus músculos con morfina. Para perderse y para encontrarse. Por eso no me concibo sin historias. Sin literatura no podría comprender ni mi corazón, ni mis pensamientos, ni mi alrededor. Porque así como ellas, me gusta perderme en sus aventuras, imaginar que son mías y encontrarme en ellas para no enloquecer de soledad. ¿Cómo podría siquiera levantarme cada mañana sin la oportunidad de despertar enamorada como Catalina, vivaz como Emma o triste como Rhoda? La vida sería como vivir en Marte sin oxígeno.

Un libro siempre descansará al alcance de mis manos para cuando me encuentre perdida y decidida a recordar quién soy. Al final del día puedo escoger ser Catalina, Emma o Rhoda, pero siempre decido ser yo. Con todas estas historias revoloteando a mi alrededor, pero yo. Sería una falta de respeto renegar las partes de mi ser compuestas por mujeres de carne y hueso que han moldeado mis convicciones y mis ambiciones.

Así que también soy el silbido de mi abuela materna bordando más servilletas de las que algún día llegaremos a utilizar, porque bordar para ella es como leer para mí. Quiero ser capaz de rendirle homenaje a su sonrisa, a su tristeza y a todo lo que debió soportar en una vida llena de violencia y maltrato. Le debo tanto que espero vivir todas esas vidas que ella imaginó. Aspiro hacer lo mismo que mi abuela paterna: dejar todo y conocer el mundo sola, porque no quiero depender de nadie cuando de mis sueños se trata.

Soy la vehemente alegría de mi tía cuando habla de su nieto y el amor que me brindó cuando se convirtió en mi segunda madre por algún tiempo en mi infancia, el cual jamás pude agradecer, pero que ahora forma parte de lo que soy. Soy la valentía de mi tía para enfrentar sola a la adversidad tan solo por amor. Quiero que la amabilidad se me desborde de los ojos como lo hace en los ojos de mi prima. Deseo poder regresar todo el oxígeno que mis amigas me brindan cuando me encuentro perdida en un incendio de dolor y pesadumbre. También soy el calor y la calma que inunda mi corazón cuando mi madre me abraza, porque me veo reflejada en la niña pequeña que florece en ella cuando pasa tiempo con su madre. Pero lo que más deseo es aprender a caminar en el fuego como ellas lo han hecho toda su vida y sentirlas a mi alrededor. Pues mis rodillas tienen evidencia de las veces que me he caído, pero en mis manos se reflejan todas las veces que estas mujeres me han levantado. Por eso quiero homenajear sus historias con la mía, porque sin ellas yo no estaría aquí.

Ellas me han enseñado a llorar de otra manera y pienso vivir todos sus sueños, aunque sea en mis libretas. Soy todas ellas, porque a veces no concebimos la cantidad de vidas que pueden coexistir en la propia.

Karen Debiee

Convencida de que las personas estamos hechas de historias y no solo huesos y tripas. Escribo al tiempo que siento y a veces siento más rápido de lo que escribo.

3 comentarios en “Inventarse vidas es otra forma de vivir

  1. Muchas gracias Karen me senti muy emocionada el ir leyendo cada momento por el que me guiaste. Eres una fuente que desborda ideas y emociones bonitas y muy reales. Felicidades. si escribieras otro articulo avisame porfavor. Somos de Anenecuilco, Morelos.

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