La violencia no se mide

Reflexiones
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Créditos de la imagen: Ivan Samkov en Pexels

Por Daniela Ramírez

En el marco por la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, las redes sociales han visibilizado la violencia y la lucha por derechos y espacios que hacen las mujeres a diario. Han sido días de demasiada reflexión y de demasiada difusión por todos los medios posibles, y una de las cosas en las que he puesto mi atención últimamente es en el mal llamado “violentómetro”, ya que para mi no existe violencia leve ni violencia grave. Hay violencias más notables y evidentes, pero toda violencia impacta y afecta en la vida de las mujeres.

Para ejemplificar esto, les contaré la historia de cuando a los 18 años acepté una relación en la que desde el primer momento fui “la segunda”, “la otra”, por este hecho muchas mujeres podrán pensar y decir que fui poco sorora y, tal vez, tacharme de falsa feminista, pero la realidad es que yo fui víctima de él, del sistema patriarcal en el que vivimos, que me hizo protegerlo a él antes que a mí o a su novia.

La violencia que viví en esta relación fue algo muy sutil, basada en el amor romántico o de lo que en esos momentos creía era amor, y hasta hace poco lo pude nombrar como lo que fue, con todas sus letras: VIOLENCIA. Porque me mentía, me hacía creer que su relación estaba por terminar, me hacía vivir en una incertidumbre en la que yo esperaba a que él se decidiera a estar conmigo. Había ido a sus tiempos y acatado sus decisiones y deseos. Mi opinión, lo que yo quería y necesitaba pasaban a segundo plano.

Aun terminada la relación, aparecía en mi vida de repente a mover todo. Me mentía a través de sus amigos para verme. Todas estas acciones están en los primeros niveles del violentómetro y las afectaciones que yo he tenido han sido largas y duras. Pero yo pensaba que todo esto no era violencia, recuerdo sentirme afortunada por pensar: “Bueno al menos no me pega, al menos entiende que no es no, al menos no me prohíbe nada”.

Todo esto no es una justificación de lo que hice, soy consciente de que fui el dolor de otra mujer y que fui partícipe de una práctica que sigue los estándares patriarcales, repliqué la idea de los hombres de que el peor enemigo de una mujer es otra mujer.

A pesar de que nunca llegamos a las agresiones físicas, sus actos me hacían sentir menos, las agresiones verbales, las mentiras. Un fin de semana estábamos juntos y el lunes en la facultad actuaba como si nada, en ocasiones me hacía sentir que todo estaba en mi imaginación. Todo esto se quedó muy clavado en mi psique, en mi autoestima. Desafortunadamente la culpa y los procesos emocionales fuertes los he sufrido yo. Puedo estar casi segura que para él es algo normal, puede que la gente piense que todo fue culpa mía porque yo acepté eso.

He cambiado mi vida para evitar encontrarme con él en los pasillos de la facultad o coincidir en las clases, incluso me cambie de turno en una ocasión, perdí a muchas personas que consideraba mis amigos. Tal vez me lo merezco, pero él no ha sufrido ninguna de estas consecuencias. Yo siempre me haré y me seguiré haciendo responsable de lo que pasó, pero para los hombres que engañan, la realidad es que no hay ninguna consecuencia, porque tanto la sociedad como nosotras mismas les restamos la culpa cuando la única afectada es otra mujer.

Lo que me llevó a quedarme en esta relación fue la idea de que la violencia solo es un golpe, un grito o un empujón. Debemos tener mucho cuidado con este tipo de discursos, el medir la violencia puede ser útil tal vez para realizar planes de seguridad para las mujeres agredidas, pero no debemos restarle importancia a la violencia emocional, porque afecta y cambia la vida.

Hay cosas que ahora puedo confirmar y es que sí se puede, se puede salir de ese círculo de violencia que parece sofocarte día a día, que las amigas te estarán esperando cuando lo decidas hacer, que te cuidarán a partir del día uno hasta el día que hayas dejado todo el dolor atrás, que la terapia es indispensable para salir de relaciones así, y si no es posible acceder a un tratamiento terapeútico, las redes de apoyo son importantísimas.

Si pudiera regresar el tiempo, le diría a mi yo de 18 de años que se fuera a la primera: a la primera que me hizo llorar, a la primera que me culpó sin razón, al primer momento en el que creí que el amor duele.

De algo estoy segura y es que la violencia aumenta: un día es una agresión verbal, al otro un golpe y al siguiente un nuevo feminicidio se ha dado.

Daniela Ramírez

Estudiante de Derecho en la UNAM. Decidí estudiar Derecho por una plática de feminicidios en la prepa, gracias a esto empecé a leer sobre feminismo y me cambió la vida, espero que con mi carrera pueda ayudar a algunas mujeres. Uno de mis sueños es ser abogada penalista ayudando en casos de género.

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