No es mi cuerpo

Creación Literaria
Relato

Por Priscila Torres

En el 2020  ingresé a un grupo de WhatsApp donde conocí a una persona maravillosa. Su nombre es Melba. Tiene todo mi respeto, amor y admiración, pues se atrevió a ser quien quiere ser y no siguió lo estipulado por la sociedad. Melba es una mujer encerrada en un cuerpo que no es el suyo. Según datos del psiquiatra de la Clínica Especializada Condesa (CEC), Jeremy Cruz Islas, durante 2016 la población transgénero en México representaba entre el 0.3% o 0.5% de la población , es decir, entre 360 mil a 600 mil personas trans.

“¡Mi querida Melba”. Créditos de la imagen: cortesía de la autora a través de Melba

Así escribo esto, para realizar un llamado de conciencia al mundo, pues es increíble que en pleno siglo XXI sigamos pensando que el ser una misma te lleva a condenarte a una vida llena de burlas o desprecio. Me encantaría que todos y todas los que lean esto y se encuentren en una situación como la de Miguel, ahora Melba, encuentren la fuerza que necesitan para salir a gritarle al mundo su nombre de una manera tan fuerte que nos dejen sordxs. ¡Que salgan al mundo sin terror por ser rechazadxs! 

Me parece completamente estúpido tener que reunir a la familia para hablar sobre nuestras preferencias sexuales. Es como un cuento de terror el hecho de esconderse para que nadie te señale con el dedo y te juzgue. Honestamente, no sé qué es lo que se juzga; tengo treinta años y aún no cabe en mi cabeza tremenda escena. ¿Juzgar a alguien por ser quién es y atreverse a decir que no es normal? ¿Qué es normal?

Les juro que no debe importarnos cómo somos o a quién amamos. Lo único que debe importar es lo que le hacemos a los que viven con nosotrxs en este planeta enfermo. Planeta que se ha enfermando por nuestra culpa, por encontrar palabras que nos dividen a los unos de los otros, por querer que todos veamos la vida desde los mismos anteojos. Dejemos de encontrar aquello que nos dividan o resten. Salgamos y seamos nosotrxs  mismxs sin importar que nos digan que nacimos para jugar con muñecas o canicas. Salgamos y escribamos una historia que ilumine esta vida algo dolida. 

Érase una vez una Princesa llamada Melba

Todo comenzó con las medias de la abuela y un abuelo con ganas de verle en pantalones. Era una pequeña princesita que vivía en un castillo y soñaba con los tacones, pero el mundo le daba un par de botas, algo de lodo y canicas. Aquella princesita se fue escondiendo hasta que un día  el abuelo la vio vestida de niña y cumplió su amenaza; la sacó a la calle para que todos la vieran así, sin imaginarse que ese era su mayor deseo.

La princesita fue por todo el reino ocultándose por el miedo y la vergüenza, pues no deseaba que nadie se burlara de ella, ni mucho menos seguir viviendo el tormento que le daba los buenos días a diario, gracias a los malos tratos y burlas que vivía en el castillo. Melba resignada a seguir viviendo como Miguel y convertirse en el príncipe que se dedicaba a rescatar doncellas, quiso ser el héroe, mientras guardaba en el baúl la tiara y sus amadas zapatillas y así sacar la armadura. 

Fue por un largo tiempo el príncipe que ella necesitaba, sin darse cuenta que su amado Miguel se estaba ahogando. Buscaba ratos para ser Melba, pero después de un rato ella volvía al baúl y Miguel salía al rescate de sus pequeños hijos para verlos felices. Todo en el reino iba cambiando, sin embargo, él se veía con los mismos ojos de siempre, ojos llenos de desprecio. 

Por muchos años creyó merecer la vida que tenía junto a su esposa, la reina. Creía merecerse los insultos de los príncipes y sentirse tan cansado hasta por respirar. Todo cambió el día que la reina descubrió la verdad. Él ya no tenía nada que ocultar y dejó que Melba contara toda la verdad. Ella ya no tuvo que ocultarse por mucho tiempo y todos los secretos poco a poco fueron revelándose. Melba guardó a Miguel en el baúl y decidió contar la verdad a su familia. Melba solicitó ver a su padre con urgencia y confesarse, aunque todo el reino se encontrara escandalizado por lo que pasaba. ¡Semejante aventura de nuestra reina! Dejó las mentiras que un buen día se convirtieron en su vida. Dejó atrás ese pasado lleno de oscuras pesadillas para ser la reina de su propio cuento y platicarles a las sirenas de su vida de ensueño. 

Fin. 


Priscila Torres

Descubrió su pasión por la escritura gracias a Adriana Bernárdez. Trabajó con Anne Labrousse, escritora y fotógrafa francesa. En 2019 impartió una clase para Nike sobre cómo escribir un artículo de moda. Concursó en una convocatoria para Omasihh y sus cuentos fueron seleccionados. Actualmente imparte un taller de escritura dirigido a niños pequeños. En él, los pequeños dibujan al terminar de escuchar cuentos.

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