Tengo novia

Creación Literaria
Relato

Por Lucía Dolores

Tengo novia. No había querido decirte porque no me lo pidió de una manera convencional. Un día me vio y simplemente me llevó.

Pasamos desde entonces las noches en vela. Ella en pijama y yo en mis harapos de siempre. No tengo ropa nueva y aun así ella me mira fascinada, sonriéndome, acariciando mi interior. 

La otra noche se quedó meditando mucho tiempo en una cuestión que era de poca importancia para mí. Le dije que era imposible cambiar una realidad que no fuera la suya, que la revolución que tanto decía su amigo alemán solo existía y existiría en sus pensamientos. Su consternada mirada me veía perplejo, como diciendo lo innombrable. Y volvía y volvía a releer mi frase. 

Yo, victorioso, me hundí en su regazo quedándome dormido. Pensé en ese momento que nadie nunca le quebraría la cabeza como yo. Soy complicado de entender, eso tú lo sabes, pero si me comprenden completamente nunca serán capaces de dejarme ir. Es una facultad para volverme inmortal. 

Al día siguiente, sin embargo, algo cambió. No me tocó, no habló conmigo ni me miró. Quizás estaba enojada, le había dado en el orgullo; o quizás el amor se había terminado. La vi desde el lomo, a lo lejos, con alguien más. ¡¿Quién podría ser?! De seguro alguien más fácil de entender, más banal y nada profundo, pues yo soy mucho más complicado, no apto para todos. 

A pesar de mi ego la extraño, la deseo, deseo que me persiga, me toque y me lea, hasta lo más profundo y que no quede espacio dónde esconderme. ¿Por qué me hace esto? Le soy eternamente fiel, soy suyo, soy para ella y aun así me reemplaza a la mínima complejidad. 

Pasaron tres días que se me hicieron una eternidad en soledad, sentía que perdía partes de mi ser, que me deshacía y mi olor cambiaba por no ser tocado, cuando sin aviso me tomó. Mi corazón agitado no me dejaba entender qué sucedía. No supe qué más hacer excepto lo único que sé: abrirme para ella.  

Volteé la mirada y vi, en una esquina, a otro igual que yo. ¿Es que acaso no era yo su favorito? ¿No había comprendido que yo tenía que estar con ella y por eso había vuelto por mí? Ligeramente alcancé a mirar una de sus líneas, distintas de las mías, eran sobre aquel amigo suyo. En ese momento entendí. 

No soy único, no digo nada nuevo, pero sí algo diferente. No soy su favorito porque no lo tiene. Nos exprime, saca todo de nosotros y nos deja, solo somos una herramienta. 

No soy su único, tiene diez más en el estante, cuatro en el escritorio y uno en la cómoda. Y aunque siento rabia de no serlo, me alegra estar aquí, empolvándome en la eternidad tratando de que me entienda. 

Entonces, me corrijo: no es mi novia, y yo no soy su eterno.

Lucía Dolores

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