Proteger nuestro hogar no debería ser sinónimo de morir

Sociedad
Artículo periodístico
Homero Gómez, defensor ambientalista. Créditos de la imagen: vía BBC

Por Estefanía Cervantes

Hace un año secuestraron y asesinaron a Homero Gómez, uno de los activistas más importantes en nuestro país. Defendía con su vida una de las reservas más importantes de mariposas monarca, aquellas que, de manera puntual, visitan cada año nuestras tierras. Este 2021 ellas notaron su ausencia. Todas y todos la sentimos. Como sociedad, su asesinato nos duele. Asesinato que jamás debió ocurrir, así como los otros 14 homicidios cometidos contra defensoras y defensores del medio ambiente durante 2020. 

Estamos ante momentos cruciales en nuestro paso por este planeta y resulta doloroso saber que quienes defienden nuestro hogar y lo preservan son víctimas de todo tipo de delitos a manos de quienes anteponen sus intereses personales, económicos y políticos sobre todo lo demás. Simplemente en 2019 el Centro Mexicano de Derechos Ambientales registró 39 ataques contra defensores y entre ellos 15 homicidios. Todas esas víctimas fueron estigmatizadas, amenazadas o agredidas físicamente. 

Sin embargo, las agresiones perpetradas durante 2020 sucedieron en un contexto completamente diferente e inusual: la pandemia por COVID-19. A pesar de las restricciones para frenar la enfermedad en nuestro país, las agresiones no han parado. Por ejemplo, el 8 de septiembre de ese año, hubo un enfrentamiento entre defensores del agua en Chihuahua e integrantes de la Guardia Nacional (GN) debido a la extracción de dicho recurso de tres presas en la zona: La boquilla, Francisco I. Madero y Luis L. León. Durante esto, una pareja fue atacada por dos agentes de la GN e incluso uno de ellos murió en el hospital. 

Lo que nos lleva también a la necesidad de voltear a ver quiénes son los agresores que limitan y coartan el derecho a defender las tierras y el medio ambiente. De las agresiones ya mencionadas durante 2019, 40.5 % corresponden a agresiones cometidas por la GN, las fiscalías locales y la policía estatal, quienes, posiblemente, estén coludidos con los principales interesados en obtener de esas tierras y recursos un beneficio económico. 

Ahora, de acuerdo con esas cifras, no es casualidad preguntarse por qué el número tan alto de agresiones por parte de las autoridades y cuestionar si es verdad que al Estado le interesa proteger también el medio ambiente —aunque hay indicios de que no lo hace—.  Los proyectos que las y los defensores han intentado frenar, en su mayoría, son de los sectores energéticos, hidráulicos o mineros, donde grandes empresas transnacionales buscan explotar los recursos de esas zonas. Pero estas compañías no son las únicas interesadas en esa explotación y de ahí es donde deriva algo mayor. En la actualidad, el Estado también está interesado en realizar proyectos, sin embargo, estos son polémicos debido a la falta de estudios precisos de impacto ambiental, o bien, éstos existen, pero no se les da mucha importancia.

Ejemplo de ello es el ya famoso Tren Maya, un desarrollo turístico y económico que planea cruzar grandes reservas naturales del sur del país. La polémica en este caso reside en que en el actual gobierno insiste en su construcción, incluso cuando existen pobladores que, debido a la situación, se han convertido en activistas y defensores de estas tierras. A pesar de los estudios ambientales por parte de organizaciones dedicadas al medio ambiente e incluso de parte de dependencias gubernamentales como el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), la construcción del Tren Maya sigue en pie pese a las advertencias e inconsistencias del proyecto, además de varios amparos que las comunidades aledañas han ganado. Esto nos da cuenta de la poca prioridad que el gobierno da al medio ambiente sobre los intereses económicos de unos cuantos.

Es por esto que llama la atención un ensayo publicado en la página oficial del gobierno federal sobre la defensa del ambiente y las agresiones que sufren quienes se dedican a su defensa. Este texto publicado en 2020 explica que, entre otras razones, una de las principales causas de los asesinatos de defensores y de la explotación de los recursos es el modelo neoextractivista, el cual, según la autora, está desarrollado por gobiernos neoliberales para enriquecer a unos cuantos. No obstante, aunque el gobierno actual insiste en su postura contra este modelo político y económico, es posible verificar que las empresas extranjeras continúan haciendo daño y explotando tierras gracias a permisos que no son cancelados, a pesar de que sean denunciados.

Ante esta situación, activistas del medio ambiente y organizaciones de la sociedad civil han salvaguardado a sus comunidades y sus tierras y se han enfrentado a los gobiernos en turno para proteger sus entornos naturales e incluso han sido asesinados por ello. Tal es el caso de Samir Flores, un activista que formaba parte de la Asamblea Permanente de los Pueblos de Morelos (APPM), la cual se formó para oponerse al Plan Integral Morelos (PIM), un proyecto energético que planea desarrollarse en el centro del país. Samir fue asesinado en 2019 después de que el presidente Andrés Manuel López Obrador realizara una propuesta de consulta para decidir el destino del proyecto, el cual es liderado por tres empresas extranjeras: Elecnor, Enagas y Abengoa. Años antes, cuando todavía no era presidente de la república, AMLO también se oponía al PIM.

Resulta indispensable que no perdamos de vista este tipo de agresiones y continuemos prestando atención a los daños ambientales que este tipo de proyectos están causando, así como las acciones de las grandes empresas. Debemos entender lo siguiente: no porque exista una pandemia que ha provocado que muchas actividades humanas pararan —sociales y económicas sobre todo—, la crisis climática que genera problemas con los territorios y el agua, entre otros, también se detendrá. Necesitamos estar atentos, ahora más que nunca, a las consecuencias ambientales que esta crisis mundial puede traer consigo. Es urgente que nos preguntemos qué podemos hacer desde nuestras posibilidades para contrarrestar el daño al medio ambiente y unir fuerzas con quienes defienden con su vida nuestro planeta.

Sin duda, no sólo se trata de proteger nuestros recursos, lo cual debería ser nuestro deber, sino también de exigir al Estado una mayor transparencia acerca de los proyectos que pueden causar daños irreversibles en la biodiversidad del lugar donde se están planeando y más importante, exigir justicia por Samir, Homero, Paulina, Isaac y los más de 80 activistas que fueron asesinados a lo largo de tres sexenios por defender nuestro hogar. 

Y concluyo cuestionando genuinamente esto: ¿la pandemia y las crisis de salud nos abrirán por fin los ojos para ver y entender el daño que le hemos causado al entorno en que vivimos? Espero que así sea, es tiempo de cuidarlo y sumarnos a la lucha por un mejor planeta.


Nota: el 28 de marzo, posterior a la creación de este artículo, las autoridades mexicanas anunciaron el asesinato del activista oaxaqueño Jaime Jiménez Ruiz, conocido por su trabajo como ambientalista y defensor del área de Río Verde en Oaxaca, donde se planean llevar a cabo diversos proyectos hidroeléctricos. Con el asesinato de Jaime, se suman siete asesinatos contra defensores ambientalistas en los primeros cuatro meses de este 2021: Fidel Heras Cruz, Teódulo Gorostieta, Carlos Marqués Oyorzá, Raymundo Robles Riaño, Noé Robles Cruz y Gerardo Mendoza Reyes, los cuales en su mayoría se registraron en la zona de Oaxaca. Hasta el momento, casi en su totalidad, los asesinatos de las y los defensores en México siguen en plena impunidad. 



Estefanía Cervantes

Comunicóloga en proceso por la UNAM. Está decidida a ser periodista. Le interesa desarrollar temas sobre seguridad, derechos humanos y crisis climática. Ama la investigación, la fotografía, mirar las estrellas y el buen vino. Su sueño más loco es convertirse en documentalista. Siempre lleva un libro en la bolsa. Adora que sus amigos le pidan recomendaciones de cine y música. Escribir se ha vuelto su más grande pasión. Tiene un gato llamado Magnus.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s