Tres mujeres… tres historias pintadas de violencia

Género

Por Priscila Torres.

He descubierto que los seres humanos están llenos de misterios. Que al tener tiempo de conocerlos te pueden regalar gratas sorpresas o un mal sabor de boca. ¿Por qué escribo esto? Contaré las historias. Muchas mujeres han sido víctimas de hombres con cara de cordero, pero con intenciones tan macabras que ni el mismo diablo tiene. Han experimentado cualquier tipo de violencia que las ha llevado a caer tan bajo y creer que se merecen la miseria . ¡No es así!

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Conozco a una mujer que sufrió violencia psicológica gran parte de su vida por parte de su padre  ¡Experimentó demasiadas cosas con él! El tipo supo hacerle creer que era una tonta y la humilló tanto que se le fue olvidando cómo caminar. 

Algunos padres no recibieron el memo donde se hace mención que los hijos son para amarse y respetarse. ¡Aunque parezca increíble de creer! 

Pasando el tiempo mi amiga fue descubriendo que la historia era otra y no la que su “padre” le había contado. La veo feliz y tranquila. Va caminando para vivir su vida. 

– ¡Se puede! -me dijo llena de entusiasmo. – La fuerza llega de todos lados.

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Una amiga muy querida vivió el acoso de un sujeto perverso. No daré muchos detalles, pues ella desea dejar cosas en el cajón del “ya fue”. El tipo tenía pareja y todo iba perfectamente bien, hasta que ella se dio cuenta que le miraba el trasero. ¡Uf! Varias fueron las ocasiones que ella lo divisó obervándole las pompas, por lo que optó por cubrirse el trasero con las manos cada vez que el maldito andaba cerca. Muy poco le importaba que su novio estuviera cerca, dado que si ella se encontraba en el mismo sitio, él se paraba muy galán y cambiaba el tono de voz,asqueroso patán. 

Todo empeoró al tener el completo rechazo de mi amiga. El tipo enfermo aumentó la dosis de intensidad a tal grado que ella llegó a pensar en irse de la ciudad para poder estar en paz. No tuvo que irse. Su familia y su novio tomaron cartas en el asunto y le pusieron un alto al desquiciado. La paranoia y el terror se hicieron parte de ella por algunos meses. Salió adelante gracias al amor, paciencia y cuidado de su novio y familia. Ella me dice que desea con el corazón que todas las chicas que están experimentando algo así logren quitarse de encima al perverso que las acecha.

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Antes del inicio de la pandemia se mudó al edificio donde vivo un sujeto bastante peculiar con cara de poca satisfacción. Se instaló en el apartamento y a los pocos días llegó su novia. Ella es una chica menudita y al principio era seria,  como él. Con el pasar de los meses todos los vecinos comenzamos a alucinarlos, porque su falta de modales ya nos tenía con los pelos de punta.

 Tiempo después notamos que él se iba durante semanas y ella se quedaba en el apartamento. La chica era otra persona mientras él no estaba, pero cuando aparecía todo volvía a ser como antes. Yo les puse “los raritos” sin saber en realidad lo que pasaba detrás de la puerta. 

En la noche del 13  de abril comenzaron a escucharse gritos de mujer. Era la chica que le pedía en repetidas ocasiones que se fuera. Abrían y cerraban la puerta del departamento. De la nada se escuchó un golpe. Mi mamá llamó enseguida a la policía y no tardaron mucho tiempo en llegar. Esa noche salieron cosas a la luz. 

Él le era infiel y en una ocasión le pegó. ¡Tan seriecito que se veía! Transcurrieron algunos minutos y el tipo se fue. Le contó a mi mamá que se le caía  la cara de vergüenza por lo sucedido, pero eso es lo de menos. De ser diferente, podría estar en la morgue o curando sus heridas físicas. 

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Nada de lo que he escrito es normal, ni mucho menos debe ser romantizado. No hay que pasar por alto ninguna acción de abuso por el hecho de venir de “papá”. El acoso no tiene nada de romántico, al contrario, es un acto atroz que nadie debe vivir. Vivir en pareja no implica estar encerrada en una jaula de oro, ni llenar la violencia de oportunidades.

Anhelo que todos aquellos que estén pasando por alguna situación de abuso puedan salir de ella y encontrar la luz para regresar a casa. 

Priscila Torres

Descubrió su pasión por la escritura gracias a Adriana Bernárdez. Trabajó con Anne Labrousse, escritora y fotógrafa francesa. En 2019 impartió una clase para Nike sobre cómo escribir un artículo de moda. Concursó en una convocatoria para Omasihh y sus cuentos fueron seleccionados. Actualmente imparte un taller de escritura dirigido a niños pequeños. En él, los pequeños dibujan al terminar de escuchar cuentos.

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