Aprender latín

Reflexiones
Reflexión
«Rosario Castellanos». Créditos de la imagen: vía Voces Feministas

«Soy hija de mi misma.
De mi sueño nací.
Mi sueño me sostiene»
.
-Rosario Castellanos

Por Miranda Coranges

Mucho se ha escrito sobre ella. Resulta imposible pensar la literatura femenina latinoamericana del siglo xx, sin pensar en ella. Algunos encuentran méritos en su incansable ímpetu por escribir sobre ella a través de otros. Algunos otros, nos encontramos a nosotros mismos a través de ella. 

De sus tantas palabras, creo firmemente en las que dicen que hay obras mágicas que resultan eficaces y persistentes, en las que medimos nuestros sentires una y otra vez, en un duelo en el que nadie resulta vencedor. La obra se resiste a entregar su secreto. Ahí, en donde ella sitúa a la Mistral, la sitúo yo. 

El misterio irreconocible de leerla, pero la claridad de reconocerte a través de ella. 

La responsabilidad de entenderla, pero con la limitación de tu sentir. 

La necesidad de recorrer inagotablemente sus letras. A veces con detenimiento, otras con la simple pero determinada búsqueda de un bálsamo literario. 

El ego propio de explicarla, pero, ¿cómo explicas a una mujer crecida en el dolor? Porque ella sabía que la muerte no es dolor pero, ¿qué otra cosa hay más que dolor? Es eterna. La hizo eterna.

Dialogar con ella es posible en la relevancia de su anecdotario biográfico contado en sus poemas; sin embargo, en la magia envolvente e infinita de la lectura de sus clásicos resulta imposible dar cuenta del secreto. Se escapa, pero ese es el rizo que vuelve convincente la relectura de su obra.

En su poesía encuentro evidente pero inasible la forma de ser yo misma. El poder de perder la gravedad entre lo que escribió décadas antes de que yo respirara en el planeta.

Asumo que encontró en el lenguaje y el idioma, la lucidez y libertad de ser ella, en contra de los que no querían que fuera. Resplandeció entre el humo de las formas cotidianas de silenciar a una mujer. Encontró cómo utilizar su sensibilidad de años para enredarse en terrenos literatos, desconocidos pero que  pronto haría propios. 

Descubrió cómo vivir cualidades meramente humanas, como el sentimiento maternal que discute con la decisión de engendrar, que debe competer a ella(s) y nada más a ella(s). 

Halló el oficio de escribir que supo ejercer como nadie aquí. Enseña en los años que ya no vive porque aprendió en los años arduos de un México difícil. 

«Recuerdo, recordemos
hasta que la justicia se haga entre nosotros».

Entre esas singularidades, me gustaría colocarla. Darle un espacio a la mujer que salvó a otra mujer sin saberlo, sin planearlo y a través del amor de escribir. De ser poeta. De ser mujer. 

Me encantaría poder decir que sus años fueron más, que el alivio fue alargado, pero no fue así. Lo que sí puedo decir es que el paraíso está donde ella está y donde estoy yo, en donde hay que escribir porque, ya que vivimos, superamos la contingencia escribiendo. No hay nada vivido sino lo redactado, porque así me enseñó y así quise aprender. 

«En un día de amor, bajó hasta la tierra, aprendió la despedida pero no rompió la alianza. Aprendió a irse sin caminar. Mató lo que amo, porque lo demás no ha estado vivo nunca. Encontró el cielo para el amor en los días eternos de cabello triste en el piso frente al espejo. No encontró tregua para el amor y lo encontró a oscuras. No fue piedra, como a su lado. Era nube, agua, aire sobre la hoja. Entregó fuego de mil cambiantes. Madre de Gabriel, juez inapelable. Sufrió por hábito. Fue feliz mientras supo cómo. Lloró siempre porque así aprendió en su casa, que por cierto, era un carnaval. Quienes la miramos, sabemos que un instante nuestro nombre es amor y que en la eternidad, nos llamamos destino»1

Para Rosario, como siempre. 


1Puedes leer acá los poemas que inspiraron a Miranda para escribir este homenaje a Rosario Castellanos: http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php/poesia-moderna/16-poesia-moderna-cat/123-053-rosario-castellanos?start=1


Miranda Coranges

Socióloga en construcción en la FCPyS. Feminista. Amante de la poesía de todos y de Rosario Castellanos. Apasionada del fútbol desde siempre, y con la convicción de visibilizar el poder femenino a través del deporte. “Esto apenas comienza”.

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