Que no nos condene el olvido

Género
Reflexión
Créditos de la imagen: Nabanni Pereyra Rivera

Por Nabanni Pereyra Rivera

Mujer tierra soy
Tierra abierta
Tierra rasgada
Tierra lastimada
Tierra violentada
Tierra que se duele por sus hermanas
Tierra que no quiere ser arada por el odio
Tierra que no quiere engendrar dolor
Tierra que no quiere dar frutos amargos
Tierra que se quiere secar
Tierra que quiere llorar
Tierra que ya no quiere sangrar.

-Irma Pineda, “Chupa ladxidua’: Dos es mi corazón”


El presente texto es una declaración de intenciones y opiniones con respecto a la teoría feminista y a las múltiples luchas de las mujeres. Sin intención de imposición, sino con el entusiasmo de que estas palabras puedan crear un espacio de diálogo, para que otras mujeres sospechen y transformen lo que aquí quede escrito, pero que también sirva de acompañamiento y abono a la lucha colectiva. 

La necesidad de escribir nació de la experiencia personal con la violencia patriarcal, alimentada por circunstancias sociales y motivada por el atrevimiento a cuestionar y querer explorar nuevas realidades posibles, haciendo uso y aprovechamiento de herramientas teóricas y privilegiadas oportunidades disponibles al tiempo presente. La consulta y el repaso de diferentes autoras hizo posible un diálogo enriquecedor que me permitió comparar, armar y desarmar las afirmaciones y dudas aquí expuestas. Demostrando que la palabra escrita no es ni debe ser estática, sino que está en constante movimiento y resurgimiento. 

La voz que aquí habla viene acompañada de un coro de voces que tuvieron la valentía de aventurarse en este camino de penumbras, siendo luces de guía y consuelo. Así, sirva su evocación también de rememoración. Sepan las presentes y aquellas por venir que no están solas, no son las primeras y no serán las últimas. Nuestra fortaleza viene de la colectividad y de entenderla a partir de las diferencias. 

Como grupo, las mujeres hemos estado históricamente sujetas a concepciones e imaginarios masculinos, creados a partir de la razón patriarcal que se esmera en diferenciarnos, subyugándonos y señalando sitios restringidos desde nuestro nacimiento. Imponiendo así límites tangibles y gestionando sistemas culturales y de conocimiento que nos siguen excluyendo. El patriarcado, entendido como el poder más opresor, ha configurado roles, identidades, comportamientos, principios y valores, los cuales, con el paso del tiempo, se han fortalecido y han soltado raíces históricas. Ha ido alimentándose de la Colonia, luego de la formación de las Repúblicas y Estados-nacionales, para así crear continuamente condiciones óptimas que garanticen la permanencia de su condición hegemónica, respaldado siempre por leyes e instituciones.

De esta manera, el sistema patriarcal ha sido una construcción histórica, fundado en el ejercicio de la fuerza y la violencia. Es a costa de este ejercicio que ha sido posible mantener la sumisión de las mujeres y por eso esta condición no resulta ser un hecho biológico, pero sí naturalizado; sin embargo, no ha garantizado que dentro de ellas deje de existir el deseo de libertad. Ninguna sujeta puede reconstruir su versión de la historia sin antes mudar de la piel asignada por el monólogo masculino. Interrumpir este monólogo involucra negarse a ser nombradas por otros, ignorando las conspiraciones que amenazan acomplejarnos con inferioridad. El hecho de que las mujeres podamos nombrarnos, implica romper con la tradición femenina establecida desde parámetros patriarcales. Entonces, importa hablar y ser una voz constante que interrumpa el diálogo, para no dejar espacio libre a la violencia y opresiones patriarcales. 

Ahora bien, si admitimos que la alteridad deviene de la pluralidad histórica y que las mujeres hemos sido reconocidas como alteridad, entonces no se puede pensar en nosotras de manera unificada, sino como pluralidades. Por lo tanto, la teoría feminista no debería centrarse únicamente en cuestiones de género, si la meta ultima es generar fundamentaciones sólidas, debe abrir paso al enriquecimiento tomando en cuenta otras cuestiones, como étnicas y de clase, insistiendo en las pluralidades y aceptando sin restricciones las críticas y los cuestionamientos aportados de diferentes lugares, hablados en diferentes lenguas. Solo así se podrá crear un debate justo y posible para todas y todes.

Es cierto, las mujeres vivimos día a día las opresiones patriarcales, es una cuestión compartida, ocurre en todos los territorios. Pero esto no significa que ocurra de manera absoluta o equivalente, porque las dimensiones son múltiples, al igual que las estrategias de resistencia. Algunas se dan de forma mantenida y organizada, algunas otras no, y eso  no quiere decir que no exista una conciencia formada sobre estas cuestiones. La multiplicidad surge de la particularidad de las experiencias. 

Para vastas comunidades en América Latina, sobre todo indígenas, la teoría feminista occidental se presenta como algo nuevo, y esto no lo digo en sentido negativo, si no por la especificidad de sus demandas y contextos. En este sentido, es importante no caer en absolutos, no pretendemos llamar feminismo a toda lucha de mujeres, esta es solo una entre muchas otras. En el caso de las mujeres indígenas, sus luchas siempre han existido y han estado relacionadas con la defensa de la tierra, el territorio, el agua, la lengua. 

Resistir la dominación hegemónica del sistema patriarcal requiere escribir y repensar tanto la historia como la cotidianidad. Es necesario alentar a un diálogo crítico, diversificando las voces que cuestionen las prácticas unidireccionales, es decir, construir desde la exploración y participación. También, romper con la lógica binaria de la historia y cuestionar los orígenes del pensamiento o de las verdades absolutas.

Las ideas, al igual que les sujetes, están construidas en circuitos históricos. Todas las épocas construyen héroes y villanas. Podemos nombrarnos como sujetas históricas y epistémicas, porque tenemos la urgencia y autoridad de cuestionar, dudar y proponer deconstrucciones a las opresiones históricas. Porque hemos hallado una línea de compromiso mutuo con la reconstrucción de nuestra memoria, cargada de voces descalificadas y silencios impuestos. Perturbar “la verdad absoluta”, lo antiguo, lo que ha estado ahí siempre, nos permite modificar la narrativa. ¿Por qué habremos de aceptar y respetar algo sin antes cuestionarlo?

Para lograr esto, es preciso imaginar otras maneras de desafiar el orden existente, pensando en formas alternativas de gestionar la vida en común, en contrapeso con la estructura capitalista, colonial y patriarcal. Nos toca demoler barreras para después construir de nuevo. Conscientes de que aún existen brechas enormes entre nosotras, debemos crear puentes para propiciar un diálogo más representativo. Denunciar la violencia, opresión e injusticia es un pendiente histórico que venimos cargando por mucho tiempo, es una urgencia social. En fin, aquí siembro estas palabras para que otras florezcan y eviten que el olvido nos condene.



-BIRULÉS, Fina (1997). “Indicios y fragmentos: Historia de la filosofía de las mujeres”. En Rodríguez, Rosa. Mujeres en la Historia del Pensamiento. Madrid: Anthropos, pp. 17-31.
-GUERRA, Lucía (2008). Mujer y Escritura: fundamentos teóricos de la crítica feminista. Chile: Cuarto Propio, pp. 11-43.
-HOOKS, Bell. “Black Women: Shaping Feminist Theory”. En Feminist Theory from Margin to Centre, South End Press, 1984.
-LÓPEZ, Elvira [1901] (2009). El movimiento feminista. Primeros trazos del feminismo en Argentina. Buenos Aires: Biblioteca Nacional, pp. 7-36.
-MOLINA PETTIT, Cristina (1994). “La mujer en la esfera privada”. En Dialéctica Feminista de la Ilustración. España: Anthropos, pp. 115-135.
-OCAMPO, Victoria (1984) “La Mujer y su Expresión”. En Testimonios (1937-1940). Argentina: Fundación Sur, pp.171-182.
-PORTUGAL, Ana (2001). “El periodismo femenino: la escritura como desafío”. En Eliana Ortega. Más allá de la Ciudad Letrada. Escritoras de Nuestra América. Santiago: ISIS Internacional, pp. 34-50.
-SCHUTTE, Ofelia (2002). “Postmodernidad y Utopía: exigiendo bases feministas para nuevas tierras”. En María Luisa Femenías. Perfiles del feminismo Iberoamericano. Argentina: Catálogos, pp. 257-278. 


Nabanni Pereyra Rivera

Soy originaria de Oaxaca. Me gusta viajar, leer y hacer fotografía. Actualmente, curso la licenciatura de Estudios Latinoamericanos (FFyL- UNAM). Me intereso por los procesos históricos que han dictado las identidades latinoamericanas, el análisis fotográfico y el uso activo de la fotografía como declaración política.

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