Las mujeres toman el control en Booksmart

Cultura
Cine

Por Abril Peña

La chica marginada de la escuela a la que le gusta el chico popular, deportista, carismático, y por una apuesta o un castigo terminan conociéndose. Él se da cuenta de que ella es divertida, increíble, bonita, claro, todo después de un cambio de apariencia efectuado por una hada madrina. Terminan juntos. Básicamente esa es la premisa de las películas coming of age o películas de adolescentes. No me malentiendan, yo amo esas películas: predecibles, simples y divertidas. Soy fanática. Mean Girls es desde hace más de una década mi película favorita, sé de memoria casi todos los diálogos, la he visto fácilmente más de cien veces y aunque me encanta el cine de autor, busco, veo y disfruto mucho este tipo de filmes. Así que es satisfactorio encontrar una historia que cuente de forma diferente un género tan manido.

Amy (Kaitlyn Dever) y Molly (Beanie Feldstein) son dos amigas que siempre se concentraron mucho en sus estudios para lograr entrar a una universidad prestigiosa y renunciaron a su vida social para enfocarse plenamente en la académica. Sin embargo, el último día de clases se dan cuenta que sus compañeros irresponsables también van a entrar a reconocidas escuelas sin haber hecho sacrificios como ellas. Así que Molly se empeña en resumir esos años perdidos de fiestas e irresponsabilidad en una sola noche.

Fotograma de Booksmart de Olivia Wilde, 2019. © Annapurna Pictures

El primer punto a remarcar de esta película es que está dirigida por una mujer: Olivia Wilde. Podría parecer extraño (o tal vez no) pero las películas de adolescentes, que comúnmente están orientadas al público femenino, son dirigidas por hombres. De la misma forma que mujeres como Greta Gerwig (Lady Bird), Olivia Wilde abordó un género que podría parecer gastado. No obstante, con todo el auge del feminismo y el empoderamiento femenino, conseguir un chico al final de la película o como hilo conductor ya no es la principal atracción, es parte de la trama, pero no la única. Son más bien historias de amistad, historias donde las protagonistas tratan de encontrarse a ellas mismas, donde exploran sus relaciones con otros, sus compañeros de escuela o su familia.

Frecuentemente este tipo de filmes están llenos de estereotipos: la bonita de la escuela, el futbolista, los marginados, etc. Un panorama muy general nos lo muestran los primeros minutos que Cady Heron tiene frente a la cafetería en Mean Girls y obviamente todos los protagonistas son guapísimos, perfectos. Pero si por algo se distingue Booksmart es por romper los estereotipos. Wilde equilibró a su elenco como Lena Dunham en Girls, donde la mitad de las actrices son hermosas, del tipo que te baja la autoestima y que sirve para mantener a Hollywood contento y la otra mitad: chicas “normales”, que no parecen Barbies. De igual forma, se aplaude que ningún hombre de la película sea el típico chico blanco, rubio, popular, heterosexual, futbolista y de cuerpo atlético. 

Fotograma de Booksmart de Olivia Wilde, 2019. © Annapurna Pictures

En estos tiempos donde se trata de ser inclusivos, aunque en ocasiones a marchas forzadas, muchas veces los personajes homosexuales aparecen en las películas en papeles secundarios, el amigo afroamericano; pero en esta ocasión, Amy, una de los dos protagonistas, es gay. Además de romper con la fatalidad de ser personajes de acompañamiento, Amy también se desliga del estereotipo que nos han vendido tanto de que las lesbianas deben tener actitudes o rasgos físicos frecuentemente atribuidos al género masculino. Por otro lado, Molly, le dice al mundo del cine: “¡basta de gordofobia!” Ya fue suficiente de que todos los personajes principales tengan que ser delgados y que se margine un placer tan grande como comer. Eres bonita y fabulosa sin ser talla S.

También intenta fomentar este amor entre mujeres que el patriarcado tanto se empeña en obstaculizar y desde Mean Girls, Tina Fey nos hacía guiños para que dejaramos de confrontarnos: “you all have got to stop calling each other sluts and whores. It just makes it OK for guys to call you sluts and whores” (tienen que dejar de llamarse entre ustedes putas y zorras, así solo hacen que esté bien para los chicos llamarlas putas y zorras). Todas estamos inmersas en esta sociedad que desprecia y subestima a las mujeres, no dejemos que el discurso dominante de que las mujeres no pueden ser amigas nos haga crearnos prejuicios acerca del cariño que puede crecer entre nosotras.

En diversas entrevistas, Olivia ha dicho que las películas de adolescentes fueron su primer acercamiento al cine y que tuvieron una gran influencia sobre ella, por eso su debut como directora es una oda a este tipo de filmes, y lo ha hecho de una manera ejemplar. Seguramente reconocerás una parte de ti en alguno de los personajes. Wilde plasmó en cada uno de ellos una fracción de lo que somos todos. 

Fotograma de Booksmart de Olivia Wilde, 2019. © Annapurna Pictures

Abril Peña

Estudio Ciencias de la Comunicación en la UNAM. La plasticidad del lenguaje me maravilla e intimida al mismo tiempo. Si pudiera, aprendería todas las lenguas del mundo. Me encanta el sushi, amo las películas con muchos diálogos y me convierto en la más fan de las fans con cualquier cosa que me cautive. Recientemente caí bajo el hechizo del K-pop. Este año gané el Concurso de Crítica Teatral, Criticón, de la UNAM.

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