Señor travesura y señorita elevador

Reflexiones

Por Priscila Torres

Vivir en un edificio es una cosa hermosa. Cabezas, con un mundo extraño a veces, habitan en él y otras con el sentido común extinto que no dejan de hacerse notar. Lo escribo porque pasó algo muy peculiar en el lugar donde vivo. El sábado 26 de junio llegó Señorita Elevador a hacer gala de sus finos modales. Quiso gritarle a mi madre, educarla y humillarla (aquí se escucha una carcajada), todo por pedirle que no subiera muebles al elevador, pues este es muy viejito y no han podido encontrar piezas para que vuelva a ser funcional. Ante su negativa, mi mamá optó por bajar la palanca de la luz para que el elevador dejara de funcionar. 

2046: la nostalgia y el anhelo de un amor

Cultura
Cine

Por Carolina Aguilar

Existe un sitio llamado 2046 donde todos van con el mismo objetivo: recuperar una memoria perdida. Se dice que en aquel lugar nunca cambia nada, pero es imposible saberlo. Nadie ha regresado de ahí, excepto un pasajero. A bordo de un tren, cuando le preguntan por qué sale de la ciudad de los recuerdos, cuenta una vieja costumbre sobre enterrar los secretos.

Que no nos condene el olvido

Género
Reflexión
Créditos de la imagen: Nabanni Pereyra Rivera

Por Nabanni Pereyra Rivera

Mujer tierra soy
Tierra abierta
Tierra rasgada
Tierra lastimada
Tierra violentada
Tierra que se duele por sus hermanas
Tierra que no quiere ser arada por el odio
Tierra que no quiere engendrar dolor
Tierra que no quiere dar frutos amargos
Tierra que se quiere secar
Tierra que quiere llorar
Tierra que ya no quiere sangrar.

-Irma Pineda, “Chupa ladxidua’: Dos es mi corazón”


El presente texto es una declaración de intenciones y opiniones con respecto a la teoría feminista y a las múltiples luchas de las mujeres. Sin intención de imposición, sino con el entusiasmo de que estas palabras puedan crear un espacio de diálogo, para que otras mujeres sospechen y transformen lo que aquí quede escrito, pero que también sirva de acompañamiento y abono a la lucha colectiva. 

La mosca

Creación Literaria
Relato
Créditos de la imagen: Egor Kamelev en Pexels

Por Marcela Chávez

Su abuelo respira sonoramente; ronca, mejor dicho, allí mismo, tumbado en el futón que le fue preparado con antelación, con sus dedos aferrados a las mantas que absorbieron ya su olor, sus molestias y su sudor pesado e incoloro. Esto es resultado de haber acompañado por tanto tiempo al cuerpo cada día más delgado, más venoso… “más gris”, piensa este niño con la nariz a dos centímetros de la mejilla que se muere con el paso de los segundos registrados por el cucú del ave que vive en el reloj desde hace siglos, desde antes de que este niño saliera al mundo cubierto de sangre y se demorara en llorar tres minutos cardíacos en los que su madre ya comenzaba a retorcerse del dolor motivado por la quimera de perder a un tercer bebé.

Olé

Creación Literaria

Por Priscila Torres

Dejar la vida un rato y tomarme un descanso.
Salir de casa con las maletas vacías para regresar con todo el verano en ellas.
Estar en Ibiza y en sus noches de fiesta.
Caminar por todo Madrid muriendo de calor.
Disfrutar Barcelona con esos desconocidos a los que ya llamo amigos.
Llegar a Sevilla y ver a los niños jugando en la calle.
Soñar con las tortugas y llegar a Cofete.
Instalarme en los Genoveses para enamorarme de la playa.
Andar por la arena tostada de Calblanque y dejar a mi imaginación volar.

El padre: el laberinto de la memoria

Cultura
Cine

Por Abril Peña

La vejez y la enfermedad, ambos estadios temidos por la gran mayoría de los seres humanos. La traición del cuerpo, y en el caso del protagonista de El padre, de su mente, es una de las peores jugadas que nuestro organismo puede hacernos. Ser una carga para nuestros seres queridos se siente, además, como una doble traición.

En la cinta vemos a Anthony Hopkins, el dos veces ganador del Oscar, interpretar a su homónimo, Anthony, luchar contra su propia mente, ya que presenta síntomas de demencia, mientras vaga perdido entre los diversos cuartos que conforman su hogar en Londres. La segunda estatuilla se la ganó precisamente por este papel, en el que logra transmitir la sensación de pérdida, y cómo al llegar a la vejez, todos nos volvemos nuevamente niños: extraviados y con necesidad de cuidado.

Aprender latín

Reflexiones
Reflexión
«Rosario Castellanos». Créditos de la imagen: vía Voces Feministas

«Soy hija de mi misma.
De mi sueño nací.
Mi sueño me sostiene»
.
-Rosario Castellanos

Por Miranda Coranges

Mucho se ha escrito sobre ella. Resulta imposible pensar la literatura femenina latinoamericana del siglo xx, sin pensar en ella. Algunos encuentran méritos en su incansable ímpetu por escribir sobre ella a través de otros. Algunos otros, nos encontramos a nosotros mismos a través de ella. 

De sus tantas palabras, creo firmemente en las que dicen que hay obras mágicas que resultan eficaces y persistentes, en las que medimos nuestros sentires una y otra vez, en un duelo en el que nadie resulta vencedor. La obra se resiste a entregar su secreto. Ahí, en donde ella sitúa a la Mistral, la sitúo yo. 

El misterio irreconocible de leerla, pero la claridad de reconocerte a través de ella. 

La responsabilidad de entenderla, pero con la limitación de tu sentir. 

La necesidad de recorrer inagotablemente sus letras. A veces con detenimiento, otras con la simple pero determinada búsqueda de un bálsamo literario. 

El ego propio de explicarla, pero, ¿cómo explicas a una mujer crecida en el dolor? Porque ella sabía que la muerte no es dolor pero, ¿qué otra cosa hay más que dolor? Es eterna. La hizo eterna.

Dialogar con ella es posible en la relevancia de su anecdotario biográfico contado en sus poemas; sin embargo, en la magia envolvente e infinita de la lectura de sus clásicos resulta imposible dar cuenta del secreto. Se escapa, pero ese es el rizo que vuelve convincente la relectura de su obra.

En su poesía encuentro evidente pero inasible la forma de ser yo misma. El poder de perder la gravedad entre lo que escribió décadas antes de que yo respirara en el planeta.

Asumo que encontró en el lenguaje y el idioma, la lucidez y libertad de ser ella, en contra de los que no querían que fuera. Resplandeció entre el humo de las formas cotidianas de silenciar a una mujer. Encontró cómo utilizar su sensibilidad de años para enredarse en terrenos literatos, desconocidos pero que  pronto haría propios. 

Descubrió cómo vivir cualidades meramente humanas, como el sentimiento maternal que discute con la decisión de engendrar, que debe competer a ella(s) y nada más a ella(s). 

Halló el oficio de escribir que supo ejercer como nadie aquí. Enseña en los años que ya no vive porque aprendió en los años arduos de un México difícil. 

«Recuerdo, recordemos
hasta que la justicia se haga entre nosotros».

Entre esas singularidades, me gustaría colocarla. Darle un espacio a la mujer que salvó a otra mujer sin saberlo, sin planearlo y a través del amor de escribir. De ser poeta. De ser mujer. 

Me encantaría poder decir que sus años fueron más, que el alivio fue alargado, pero no fue así. Lo que sí puedo decir es que el paraíso está donde ella está y donde estoy yo, en donde hay que escribir porque, ya que vivimos, superamos la contingencia escribiendo. No hay nada vivido sino lo redactado, porque así me enseñó y así quise aprender. 

«En un día de amor, bajó hasta la tierra, aprendió la despedida pero no rompió la alianza. Aprendió a irse sin caminar. Mató lo que amo, porque lo demás no ha estado vivo nunca. Encontró el cielo para el amor en los días eternos de cabello triste en el piso frente al espejo. No encontró tregua para el amor y lo encontró a oscuras. No fue piedra, como a su lado. Era nube, agua, aire sobre la hoja. Entregó fuego de mil cambiantes. Madre de Gabriel, juez inapelable. Sufrió por hábito. Fue feliz mientras supo cómo. Lloró siempre porque así aprendió en su casa, que por cierto, era un carnaval. Quienes la miramos, sabemos que un instante nuestro nombre es amor y que en la eternidad, nos llamamos destino»1

Para Rosario, como siempre. 


1Puedes leer acá los poemas que inspiraron a Miranda para escribir este homenaje a Rosario Castellanos: http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php/poesia-moderna/16-poesia-moderna-cat/123-053-rosario-castellanos?start=1


Miranda Coranges

Socióloga en construcción en la FCPyS. Feminista. Amante de la poesía de todos y de Rosario Castellanos. Apasionada del fútbol desde siempre, y con la convicción de visibilizar el poder femenino a través del deporte. “Esto apenas comienza”.

Vivir en un cementerio de sueños

Reflexiones
Reflexión
Créditos de la imagen: cortesía de la autora

Por Yeremy N. Rodríguez

Vivir en un mundo donde las y los que fueron antes de mí
tuvieron que enterrar sus sueños o su felicidad,
me da el coraje para luchar
por los y las que vendrán después de mí.

A lo largo de mi vida he oído hablar de muchas concepciones de la realidad y también de las teorías que al pasar de los años se han utilizado para explicar los acontecimientos que surgen en esta. Una que me cautivo fue la teoría feminista , (sí, esa teoría tan controversial),en la que puse mis sueños, anhelos e ilusiones para que, con mucha esperanza, el día de mañana la vida y las mujeres puedan disfrutar en su plenitud de los resultados de la lucha por su reivindicación.

La realidad la concibo y la entiendo como heterogénea, polarizada, flotante y en constante cambio, con singularidades que la vuelven diferente en sus múltiples etapas, pero también con otras características cuyas particularidades se han venido arrastrando desde tiempos que parecieran lejanos pero que, sin embargo, forman parte de nuestra realidad. Una de ellas es el patriarcado.

Cuando era pequeña, soñaba con mi futuro y las posibilidades que en ese momento veía ilimitadas: poco a poco fui descubriendo los obstáculos que la modernidad, el capitalismo o el patriarcado imponen a través de sus múltiples formas de expresión, como lo son los modos en que organiza a la sociedad, en que se distribuyen los bienes, los servicios, las oportunidades e incluso los conocimientos.

Pero algo que sin duda marcó mi forma de pensar, fue cuando por primera vez escuché hablar sobre la famosa “carrera de la vida”. Es una impresión oírlo  y provoca rabia entenderlo, pues en pocas palabras decían que la pista no era pareja, los baches, agujeros, piedras, en fin, que los obstáculos se definen por condiciones económicas, físicas, sexuales o sociales.

Esto impide que muchas y muchos logren ser felices o que logren alcanzar sus metas. Y recalco que alcanzar metas y la felicidad no tienen porqué estar relacionados o depender el uno del otro, pero en ambos casos, la carrera de la vida influye para su obtención y/o plenitud pues surgen preguntas que no son fáciles de responder, incluso para algunos puede ser incómodo cuestionarlas.

Como dice el proverbio chino: “Regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida”. Las oportunidades no vienen con los peces que se le dan al niño o niña  para comer si no con la habilidad de la pesca. Así, pues no se tendrá lo mínimo, sino lo justo para su desarrollo, y no hablo sólo del económico, sino también del personal, social y hasta espiritual. Las oportunidades radican en la enseñanza de valores y prácticas que el niño o la niña puede desarrollar para su crecimiento.

Ser egoístas con los saberes impide el desarrollo de otros y la acumulación en exceso de algunos provoca una gran desigualdad en la sociedad. Darles las verdaderas oportunidades a las personas desde muy chicas podría llegar a salvar el mundo.


Yeremy N. Rodríguez

Soy estudiante de Relaciones Internacionales en la FCPyS. Me apasionan los temas de feminismo, derechos humanos, discriminación y migración. Mis hobbies son pintar y escribir. Creo fielmente en que todas y todos tenemos algo que decir y algo por que luchar, por ello antes que todo pretendo escuchar y aprender de mis errores y victorias. Espero te guste o te haya gustado este texto tanto como a mí me gustó escribirlo.

Con el covicho adentro

Reflexiones
Reflexión
“Cristina Peri Rossi”. Créditos de la imagen: vía Radio Uruguay

Por Antonella Biondi

Escribo esto mientras mi respiración se entrecorta. Acudo al teclado como alguna vez lo hice a la oración para invocar soluciones divinas a problemas desesperados. En otro tiempo, creí que Dios tenía el control de mi vida, entonces bastaba con rezar para pedirle que la extendiera en el tiempo.