Aislamiento colectivo

Sociedad
Crónica

Por Natalia Ruiz

A la autora le gustaría dedicar esta crónica a su papá,
quien falleció en mayo después de haber sido atendido
en el Hospital 20 de noviembre y a quien le emocionaba
el proyecto Escritoras Universitarias.

En tiempos de pandemia, venir al hospital implica más miedo del habitual. Cubrebocas no desechable, lentes de sol, guantes de látex. El no tan clásico atuendo para acompañar enfermos. Tras una largo trámite burocrático se le permite el acceso a los familiares de los pacientes —Nombre completo del paciente, parentesco, firme aquí—.

Al entrar, todos los pisos de la torre de hospitalización tienen un grupo de uniformados, armados con doble cubrebocas de tela delgada y una botella de gel antibacterial. Los médicos y enfermeras suben y bajan, parece un día cualquiera. Al llegar a la habitación del paciente, hay que desvestirse de todas las protecciones. Porque no, no se está llegando de Marte. Aunque desde hace mucho tiempo las calles se sienten marcianas.