Decir adiós es más difícil que escucharlo

Creación Literaria

Por Sara Arango

De rupturas y despedidas,
sobre todo cuando son necesarias.

A mi querida Ecclesía.

Hace meses supe que lo nuestro no funcionaba. No lo dije ni a ti ni a nadie porque la idea de dejarte era para mí tan irreal que daba miedo, sobre todo cuando me di cuenta del poder que tenías sobre mí. Fue aún más difícil aceptar que yo te había dado ese poder.

Debí saber desde un principio que sentir alivio cuando no estabas cerca era una señal. Debí darme cuenta de que aguantar la respiración cuando estaba contigo para evitar decir o hacer algo que pudiera molestarte no estaba bien. Debí saber también que no estaba mal querer un espacio y que si no me sentía bien no era necesario convencerte de lo contrario. Pero no lo supe antes y lo siento. Lo lamento más por mí que por ti.

Sobre el duelo y el adiós

Reflexiones
Mi padre saludando a la cámara en uno de los últimos viajes que hicimos juntos. (Créditos de la imagen: Estefanía Cervantes)

Por Estefanía Cervantes

“La muerte no existe, la gente sólo muere cuando la olvidan”.

-Isabel Allende

Recibí esa llamada a las 6 pm. Por un par de minutos -que parecieron eternos- mi mente no podía asimilar la noticia que acababa de recibir. Quería gritar y lo hice; quería llorar, pero las lágrimas no salían. Me dolió cada parte de mi cuerpo y por momentos no me sentía presente. “Tu papá acaba de fallecer”, fueron palabras que tardé en comprender.