El mar

Creación Literaria
Relato
Créditos de la imagen: Camila Martínez

Por Camila Martínez

Y ahí estaba yo incorpórea, en la playa, anhelante de aparecer. Mientras esperaba la manifestación de mi cuerpo, analizaba la costa para darme cuenta de la vacuidad que me rodeaba. El silencio reinaba en el lugar, sin embargo, el sentimiento de paz me abrazaba. Mi mente estaba en blanco, sin recuerdos ni sentimientos, como si yo no existiera. De pronto, mi cuerpo apareció y, como imán, empezó a caminar hacia el mar que, como un campo magnético, lo atraía hacia él.

Un monstruo sin cabeza

Ensayos ganadores

Por Liliana Magdaleno Horta
Mención honorífica del Concurso Nacional de Escritura para Mujeres Universitarias 2021

Tenía once años cuando mi cuerpo empezó a cambiar. Mis amigas me lo hicieron notar con un par de comentarios incómodos. Éramos unas niñas, pero a mí me estaban creciendo los pechos y a ellas no. Intentaba disimularlo con playeras amplias de Winnie Pooh, pero era un camino sin retorno: ese año llegó mi menarca. Del griego μήν (mes) y αρχή (principio), el término menarca se usa para denominar la primera menstruación en la vida de una mujer, la primera vez que te baja. Recuerdo con claridad cómo al terminar de orinar vi la sangre en la taza del baño y, con más vergüenza que miedo, fui a contarle a mi mamá. Yo había visto ya las toallas de mi madre y mi hermana en los cestos de basura, pero no había recibido recomendaciones sobre qué hacer cuando mi sangre bajara: en mi familia se trataba de un proceso natural que no requería muchas explicaciones. Además, era un evento significativo: mamá corrió a contarle a papá que “sus hijas estaban creciendo”. La primera menstruación está ligada de forma estrecha a la fertilidad, a la capacidad de reproducirse; yo, al igual que una gran cantidad de niñas, había sido expulsada del mundo infantil con la llegada de mi menarca. Con la sangre vinieron, entre otras cosas, más cambios en mi cuerpo, pero, sobre todo, una clase de dolor que desconocía hasta el momento, el dolor proveniente del útero.

Epidermis del yo

Ensayos ganadores

¿Tendré tiempo para hacerme una máscara
cuando emerja de la sombra?
-Alejandra Pizarnik



Por Valeria Isabel Garza Escalante
Mención honorífica del Concurso Nacional de Escritura para Mujeres Universitarias 2021

Todos sabemos que a los mexicanos nos caracterizan, entre tantos atributos y peculiaridades, nuestras fiestas y reuniones familiares. La comida y las costumbres pueden variar dependiendo de la región (como en el caso de Yucatán, donde acostumbramos romper las piñatas con el puño: no hay palo de por medio, sólo el placer de desatar tus deseos reprimidos golpeando un cascarón de duro engrudo), pero hay algo que nunca cambia: en algún momento de la reunión, normalmente cuando todos ya están entrados en copas, alguien comienza a contar anécdotas o secretos (no tan secretos) familiares. En más de una ocasión yo he sido protagonista de esas historias que escucho entre carcajadas y con una cerveza en la mano. Mi preferida es cuando mi mamá cuenta que nací con el frenillo corto por lo que, literalmente, los médicos tuvieron que cortarme la lengua para poder soltármela, lo cual explicaría, según ella, porqué tengo tan suelta la lengua y rara vez me quedo callada. 

Otro escrito sobre escritura. Un ensayo de preguntas

Ensayos ganadores

Porque parece […] que escribimos,
no con los dedos, sino con todo nuestro ser.
El nervio que gobierna la pluma se enreda
en cada fibra de nuestro ser, 
entra en el corazón, traspasa el hígado
.
-Virginia Woolf



Por Naxhelli Vanessa Carranza Bautista
Tercer lugar del Concurso Nacional de Escritura para Mujeres Universitarias 2021

Llega un punto en la carrera de todo escritor en que éste ha de preguntarse sobre la labor que realiza. No tengo estadísticas sobre cuántos autores lo han hecho, pero es irrelevante para la finalidad retórica que intento plasmar aquí. La tentación de reflexionar acerca del trabajo escritural se convierte a la larga en una necesidad, la cual concierne muchas veces a la propia identidad. La pregunta es la misma que nos hacían a manera de acertijo cuando éramos niños: ¿qué fue antes: el huevo o la gallina? ¿Qué viene antes y qué después?, cuestión cuya respuesta ha de distinguirse por ser de tendencia evolucionista o simplemente circunstancial. Es decir, ¿a partir del punto A se deriva el B y a partir del B, el C? ¿O es que A, B y C existen independientes a la existencia del otro? Dudas tan magnas no hacen sino encerrar una angustia del desconocimiento de lo más pequeño e inmediato: uno mismo. Hay, claro, quienes dedican buena parte de su vida buscando respuestas para su propio actuar, señales que denoten una naturaleza en común a los seres humanos. Y entonces se lanzan a clamarla, a gritarla en ciudades y riscos, y puede que al final se resignen con amargura al notar que nadie los oye. Ah, ¿pero qué estoy haciendo? Heme aquí, a punto de soltar una verdad que calle a todas las demás, una verdad que sea la Verdad, con la que pueda regocijarme frente a los ojos de filósofos. Sin embargo, he perdido la oportunidad. Comencé a imaginar la figura de un marginado de fábula, que muere como el hombre más consciente de todos y a quien nadie está dispuesto a escuchar. ¡Una historia! 

Entre senderos y retales

Ensayos ganadores

Por Bárbara Guadalupe Contreras Gómez
Segundo lugar del Concurso Nacional de Escritura para Mujeres Universitarias 2021

I. De la sensual fascinación a fragmentarse en palabras

Hace poco descubrí a la escritora mexicana Margo Glantz en un intento de lo que, ahora reconozco, fue más bien una búsqueda desesperada por encontrar textos de una mujer en los que pudiera reconocer mi propia escritura. Me escudé académicamente bajo una supuesta investigación para encontrar el hilo de la escritura fragmentaria de las mujeres en México. Hasta entonces siempre había supuesto que mi escritura estaba incompleta, que los fragmentos de textos que arrumbo todos los días en el fondo de las cajas de zapatos no son otra cosa que vanos intentos de textos de largo aliento, evidencia de mi incapacidad de escritura más allá de una o dos páginas cuanto mucho. Mi descubrimiento me llenó de la misma emoción que recorría mi cuerpo cuando de niña en el kínder me topaba con un insecto, y pensaba que era la primera en descubrir esas alas de color verde metálico. ¡Glantz escribe fragmentos!

Stalkear

Ensayos ganadores

I know myself well enough to say that the searching itself is a particular method:
I look to figure out why I’m looking.

-Lia Purpura, All the fierce tethers



Por Ivana Melgoza Macías
Primer lugar del Concurso Nacional de Escritura para Mujeres Universitarias 2021

Stalkear proviene del verbo “to stalk” en inglés. Según el diccionario de Cambridge refiere tanto a acechar o seguir de cerca los pasos de otro sin ser visto ni oído, como al tallo principal de una planta donde convergen ramas, hojas o frutos. Stalkear suele pensarse como una acción con sentido, como parte de una estrategia o de un acercamiento inminente, Pero cuando navego por el perfil de alguien conocido, un amigo lejano o la exnovia de algún amigo o expareja, le doy click a fotografías de países que no conozco con personas desconocidas y ausentes. No pienso entablar un contacto más allá de esta observación segura y de este morbo autosuficiente de datos sin sentido. Stalkear es también una forma de vagabundeo. Los caminos trazados entre hipervínculos e imágenes tienen algo de azaroso, de dar vuelta en la primera esquina sin pensar demasiado en las razones prácticas de cada decisión. Uno espera descubrir algo sin saber con exactitud qué es aquello que se busca, uno está abierto para que suceda el hallazgo imprevisto. 

Aprender latín

Reflexiones
Reflexión
«Rosario Castellanos». Créditos de la imagen: vía Voces Feministas

«Soy hija de mi misma.
De mi sueño nací.
Mi sueño me sostiene»
.
-Rosario Castellanos

Por Miranda Coranges

Mucho se ha escrito sobre ella. Resulta imposible pensar la literatura femenina latinoamericana del siglo xx, sin pensar en ella. Algunos encuentran méritos en su incansable ímpetu por escribir sobre ella a través de otros. Algunos otros, nos encontramos a nosotros mismos a través de ella. 

De sus tantas palabras, creo firmemente en las que dicen que hay obras mágicas que resultan eficaces y persistentes, en las que medimos nuestros sentires una y otra vez, en un duelo en el que nadie resulta vencedor. La obra se resiste a entregar su secreto. Ahí, en donde ella sitúa a la Mistral, la sitúo yo. 

El beso

Creación Literaria
Relato
Créditos de la imagen: Budgeron Bach en Pexels

Por Nayeli Vargas Felipe

Lo veía en las escenas de la telenovela que cada noche ponía su abuela durante la cena. Escuchaba sobre él en los boleros que la despertaban los sábados, cuando su mamá prendía la radio mientras limpiaba. Incluso había leído de él en el libro de poemas que su hermano escondía bajo su colchón. Así, cada vez se convencía más: dar un beso debía ser lo mejor del mundo. Mejor que escuchar su casete favorito o pasear toda la tarde en bicicleta con sus amigas. Debía ser superior a cualquier cosa que le hubiera pasado en sus casi quince años de vida y quería estar preparada para ese momento.