Aislamiento colectivo

Sociedad
Crónica

Por Natalia Ruiz

A la autora le gustaría dedicar esta crónica a su papá,
quien falleció en mayo después de haber sido atendido
en el Hospital 20 de noviembre y a quien le emocionaba
el proyecto Escritoras Universitarias.

En tiempos de pandemia, venir al hospital implica más miedo del habitual. Cubrebocas no desechable, lentes de sol, guantes de látex. El no tan clásico atuendo para acompañar enfermos. Tras una largo trámite burocrático se le permite el acceso a los familiares de los pacientes —Nombre completo del paciente, parentesco, firme aquí—.

Al entrar, todos los pisos de la torre de hospitalización tienen un grupo de uniformados, armados con doble cubrebocas de tela delgada y una botella de gel antibacterial. Los médicos y enfermeras suben y bajan, parece un día cualquiera. Al llegar a la habitación del paciente, hay que desvestirse de todas las protecciones. Porque no, no se está llegando de Marte. Aunque desde hace mucho tiempo las calles se sienten marcianas.

Incertidumbre económica y laboral por pandemia

Economía
Análisis

Por Ariana Barranco

En México, con la Jornada Nacional de Sana Distancia, el gobierno mexicano dictó medidas con el objetivo de prevenir el contagio entre la población, que entre otras cosas, está afectando directamente a la actividad económica. 

La pandemia ha generado problemas en cada una de las esferas de la sociedad mexicana. En los hogares se vive un ambiente de incertidumbre, miedo e incluso violencia. La institución escuela se ha trasladado a la institución hogar y eso implica problemáticas pedagógicas. Las industrias han tenido que parar su producción, han incluso despedido a sus empleados. Los ejemplos son vastos, sin embargo, uno de los problemas más graves es el que está sufriendo la economía mundial.

Cumplir años durante una pandemia

Reflexiones
Sociedad

Por Estefanía Cervantes

Ese 27 de junio celebré mi cumpleaños con amigos de la universidad y de la infancia. Fue algo fuera de lo común porque entre ellos existía una diferencia de casi 8 años, y lo notaba. Debo admitirlo, me sentía entre dos mundos completamente alejados y no sabía a cuál de los dos pertenecía. Pero me sentí muy feliz por ver a muchas de las personas que amo juntas en un solo lugar, cantando y bailando (secreto: no sé cuántos tintos de verano me regalaron ese día, pero no dejaban de hacerlo). Después, pasé tiempo con mi familia y acabé el día sintiéndome llena de amor (y regalos).