Un monstruo sin cabeza

Ensayos ganadores

Por Liliana Magdaleno Horta
Mención honorífica del Concurso Nacional de Escritura para Mujeres Universitarias 2021

Tenía once años cuando mi cuerpo empezó a cambiar. Mis amigas me lo hicieron notar con un par de comentarios incómodos. Éramos unas niñas, pero a mí me estaban creciendo los pechos y a ellas no. Intentaba disimularlo con playeras amplias de Winnie Pooh, pero era un camino sin retorno: ese año llegó mi menarca. Del griego μήν (mes) y αρχή (principio), el término menarca se usa para denominar la primera menstruación en la vida de una mujer, la primera vez que te baja. Recuerdo con claridad cómo al terminar de orinar vi la sangre en la taza del baño y, con más vergüenza que miedo, fui a contarle a mi mamá. Yo había visto ya las toallas de mi madre y mi hermana en los cestos de basura, pero no había recibido recomendaciones sobre qué hacer cuando mi sangre bajara: en mi familia se trataba de un proceso natural que no requería muchas explicaciones. Además, era un evento significativo: mamá corrió a contarle a papá que “sus hijas estaban creciendo”. La primera menstruación está ligada de forma estrecha a la fertilidad, a la capacidad de reproducirse; yo, al igual que una gran cantidad de niñas, había sido expulsada del mundo infantil con la llegada de mi menarca. Con la sangre vinieron, entre otras cosas, más cambios en mi cuerpo, pero, sobre todo, una clase de dolor que desconocía hasta el momento, el dolor proveniente del útero.

Con el covicho adentro

Reflexiones
Reflexión
“Cristina Peri Rossi”. Créditos de la imagen: vía Radio Uruguay

Por Antonella Biondi

Escribo esto mientras mi respiración se entrecorta. Acudo al teclado como alguna vez lo hice a la oración para invocar soluciones divinas a problemas desesperados. En otro tiempo, creí que Dios tenía el control de mi vida, entonces bastaba con rezar para pedirle que la extendiera en el tiempo.

La desigualdad en México por la pandemia del SARS-Cov-2

Sociedad
Ensayo
“Ciudad de México antes de la pandemia”. Créditos de la imagen: Nohemí Fernanda

Por Nohemí Fernanda

A principios de este año, México y el mundo recibieron la noticia de que una enfermedad letal estaba atacando la región de Wuhan en China, que iba dejando un número inimaginable de muertos a su paso y que a la vez ponía en confinamiento al resto de sus habitantes. Esta realidad no tardó ni tres meses en esparcirse por todo el globo terráqueo y hacer de esta pesadilla la realidad de todos o la mayoría de los países.