Vámonos

Reflexiones
Créditos de la imagen: Nick Fewings en Unsplash

Este texto es una continuación de la reflexión
Señor travesura y señorita elevador,
escrito por la misma autora.

Por Priscila Torres

¿Recuerdan lo ocurrido con la señorita Elevador y el señor Travesura? La situación ha desatado un sinfín de situaciones bastante buenas. Una de ellas es ponernos a pensar el irnos del edificio. Les confieso que la idea me llenó la barriga de muchas emociones, pues son veintidós años de historias en el mismo sitio. Llegué cuando era una niña y ahora soy una adulta. 

Señor travesura y señorita elevador

Reflexiones

Por Priscila Torres

Vivir en un edificio es una cosa hermosa. Cabezas, con un mundo extraño a veces, habitan en él y otras con el sentido común extinto que no dejan de hacerse notar. Lo escribo porque pasó algo muy peculiar en el lugar donde vivo. El sábado 26 de junio llegó Señorita Elevador a hacer gala de sus finos modales. Quiso gritarle a mi madre, educarla y humillarla (aquí se escucha una carcajada), todo por pedirle que no subiera muebles al elevador, pues este es muy viejito y no han podido encontrar piezas para que vuelva a ser funcional. Ante su negativa, mi mamá optó por bajar la palanca de la luz para que el elevador dejara de funcionar. 

La mosca

Creación Literaria
Relato
Créditos de la imagen: Egor Kamelev en Pexels

Por Marcela Chávez

Su abuelo respira sonoramente; ronca, mejor dicho, allí mismo, tumbado en el futón que le fue preparado con antelación, con sus dedos aferrados a las mantas que absorbieron ya su olor, sus molestias y su sudor pesado e incoloro. Esto es resultado de haber acompañado por tanto tiempo al cuerpo cada día más delgado, más venoso… “más gris”, piensa este niño con la nariz a dos centímetros de la mejilla que se muere con el paso de los segundos registrados por el cucú del ave que vive en el reloj desde hace siglos, desde antes de que este niño saliera al mundo cubierto de sangre y se demorara en llorar tres minutos cardíacos en los que su madre ya comenzaba a retorcerse del dolor motivado por la quimera de perder a un tercer bebé.

El consuelo que nos queda

Creación Literaria
Relato
Créditos de la imagen: Julian Lozano en Unsplash

Por Nohemí Fernanda

Me senté junto a la ventana. Pasaron todos detrás de mí y tomaron sus lugares. Era de las primeras veces que veía el metro vacío y una de las pocas veces que me atrevía a salir después de que todo había pasado. Está de sobra decir que la pandemia había arruinado los planes de todos, incluidos los míos.

Sobre el duelo y el adiós

Reflexiones
Mi padre saludando a la cámara en uno de los últimos viajes que hicimos juntos. (Créditos de la imagen: Estefanía Cervantes)

Por Estefanía Cervantes

“La muerte no existe, la gente sólo muere cuando la olvidan”.

-Isabel Allende

Recibí esa llamada a las 6 pm. Por un par de minutos -que parecieron eternos- mi mente no podía asimilar la noticia que acababa de recibir. Quería gritar y lo hice; quería llorar, pero las lágrimas no salían. Me dolió cada parte de mi cuerpo y por momentos no me sentía presente. “Tu papá acaba de fallecer”, fueron palabras que tardé en comprender.