En una ciudad como la mía…

Reflexiones
Género

Por Daniela Ramírez

Les contaré lo que sucede en una ciudad como la mía. No sólo es mi historia, sino la de muchas mujeres que viven en mi ciudad. 

Tiempo atrás, me encontré con una mujer de aproximadamente 34 años de edad, quien se enteró que sería mamá por segunda ocasión. Ella imaginaba que esta vez podría dar a luz a un niño, ya que su primogénita era una niña de cinco años. Deseó que su bebé fuera un niño, pues las niñas sufrían mucho, así como ella y su hija, como sus hermanas, su mamá, sus primas, amigas y todas las mujeres que viven en una ciudad como la mía.

No quiero quedarme en casa

Género
Crónica

Por Adriana Espinosa

Con las piernas y brazos llenos de moretones, Marina* se observa en el espejo, su mirada parece perdida. Pasa su mano por la mejilla y el dolor le provoca una ligera mueca. El pómulo derecho se ve de un color amarillo verdoso, anuncia que un hematoma acompañará su rostro. Una sensación punzante en el torso hace que su cuerpo se arquee. Marina se quita lentamente la playera blanca que trae puesta para quedar semidesnuda.

El espejo le devuelve una imagen que podría dejar impactado a cualquiera. Un moretón del tamaño de un balón de fútbol a la altura de las costillas, otros más pequeños a la altura de su cadera. Un color rojizo acompaña su pecho y algunos rasguños permiten que pequeñas gotas de sangre se asomen sobre su piel. Sin embargo, Marina ya no se sobresalta al ver estas marcas resultantes de empujones, patadas y puñetazos. Parada frente al espejo, pasa su lengua sobre sus dientes. Frunce el ceño al percibir un sabor similar al metal, su labio inferior está sangrando.

Machismo, ¿en cuarentena?

Género
Reflexión

Por Elisa Suárez

Ya me cansé de ver las paredes. Ya me cansé del techo, blanco e interminable. Cada día parece que las paredes se acercan más entre ellas y que la distancia entre el suelo y el techo se ha hecho más corta. Creo que ya no quieren que siga aquí, porque hora tras hora siento que me miran, me hablan, me arrinconan. Tal vez odio tanto el techo porque no me protege de los ruidos de arriba.

¿Por qué me tocaron vecinos tan ruidosos? En las noches escucho sus pasos, sus voces, su música. ¿Qué ya nadie duerme? ¿Hemos perdido ya el sentido del tiempo como lo conocíamos? Tal vez. Solo sé que un día me despierto y riego mi pequeño rosal; al otro ya no. Y se repite. Para mí ahora todos los días parecen lunes.